Un año histórico para los porteños
Balance: fue el año de la independencia del Poder Ejecutivo; se concretaron obras positivas como otras intrascendentes; logros y fracasos de Domínguez; las promesas de De la Rúa.
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A nadie le quedan dudas de que el el año que termina será histórico para los porteños. Por primera vez se eligió a un jefe de gobierno que ejerce sus funciones en forma totalmente independiente del Poder Ejecutivo Nacional.
El profundo cambio institucional todavía no se corresponde ni por asomo con una nueva ciudad. En realidad las cosas están igual y de acuerdo con lo que se está planificando habrá que esperar bastante para ver cambios.
Si alguien pensó que de un día para el otro se podrían ejecutar obras trascendentales para la ciudad, se equivocó.
El motivo principal a manera de excusa que esgrime Fernando de la Rúa es el fuerte endeudamiento que encontró y que, según él, es de casi 4000 millones de pesos.
Sus colaboradores, en particular el secretario de Hacienda, Adalberto Rodríguez Giavarini, vaticinaron un año 1997 difícil, por lo que se estima que la espera será aún más larga y crítica
El año no comenzó bien
El año no empezó bien. El el 5 de febrero falleció Marcela Iglesias, la nena de seis años a la que se le cayó una escultura en el Paseo de la Infanta.
Tras un juicio oral la Justicia procesó a funcionarios municipales, pero todavía no encontraron a los responsables de su trágica muerte.
Las obras buenas
Acelerado por la campaña electoral el último intendente, Jorge Domínguez, inauguró algunas obras que aportaron soluciones a viejos problemas que sufrían los porteños.
La apertura desde el 16 de mayo del tramo Sur-Norte de la autopista Arturo Illía terminó definitivamente con los históricos embotellamientos de Avenida del Libertador a la altura de las avenidas Callao y Pueyrredón y mejoró notablemente la circulación vehicular en Retiro, Barrio Norte y Palermo.
Se comprobó que las obras y la colocación de los 500 metros de la reja que rodea el tradicional paseo del Rosedal, inaugurada en 3 de junio, frenó con la depredación que se habìa convertido en moneda corriente.
En el mismo orden se erradicó una villa histórica, la que estaba bajo el puente ferroviario de Córdoba y Juan B. Justo. Ahora allí hay una plaza.
También se equivocó, y bastante. Por ejemplo cuando en marzo mandó a construir los refugios sobre la avenida 9 de Julio sin sincronizar los semáforos, lo que provocó numerosos inconvenientes a los porteños a la hora de cruzar la avenida más ancha del mundo.
Hubo numerosas quejas de los vecinos por la mala calidad de los pavimentos que se se usaron en los planes de bacheo, en muchos casos duraron pocas semanas y hubo que salir a tapar más baches pocos días antes de las elecciones comunales.
Y el gran error en plena campaña que, finalmente, tuvo que pagar con su magra elección por la intendencia fue la inconsulta venta del edificio donde funcionó la Inspección General, en Coronel Díaz al 2100.
Le costó el procesamiento por parte del juez de instrucción Mariano Berges, al que acusó de hacer política con la Justicia, pero consiguió quedar fuera de la causa en tiempo récord: 12 días, aunque no le alcanzó ni para acercarse en la encuestas a sus rivales del radicalismo y del Frepaso.
Muy tranquilo, De la Rúa se impuso el 30 de junio en el comicio y ganó en toda en la ciudad. Prometió una gestión transparente y pidió la participación de todos los vecinos.
Cinco meses de gestión
En los casi cinco meses que lleva en el gobierno realizó más anuncios que obras. La remodelación de la escultura Las Nereidas de Lola Mora, en la Costanera Sur, y la apertura del centro de gestión y participación en Almagro, primer paso hacia la descentralización de la ciudad, fueron algunas de las concreciones frente a una decena de anuncios, entre ellos obras en los subtes, nuevas playas de estacionamiento subterráneas y la revitalización de las avenidas Corrientes, Rivadavia y de la Avenida de Mayo.
Sobre el final del año que se va se produjo un hecho inédito: por primera vez el Concejo Deliberante aprobó con el voto afirmativo de todos los bloques el presupuesto de 3000 millones de pesos, que utilizará De la Rúa y el bono para cancelar parte de la abultada deuda por 500 millones de pesos que lanzará el Banco Ciudad de Buenos Aires. Las viejas deudas con los porteños aún están pendientes de solución: el tránsito sigue siendo un caos, los trámites en las oficinas públicas no dejan de transformarse en verdaderas odiseas y a la ciudad no se la ve más limpia.
La apuesta de De la Rúa está corriendo, el tiempo avanza y los vecinos esperan soluciones. El jefe de Gobierno tiene una gran oportunidad para revertir el viejo problema que es la falta de participación de los porteños en las grandes decisiones de la ciudad. Sólo resta saber si sabrá aprovecharla.
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