
Un argentino cruzará el océano Atlántico solo, en un bote
Daniel Serenelli partió anteayer; debe recorrer 3320 millas
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El cruce del océano Atlántico en soledad, sin apoyo exterior, y no teniendo otra forma de impulsar el bote más que con sus tres pares de remos, transforma el proyecto personal del argentino Daniel Serenelli en una travesía improbable para cualquier mortal.
Se trata de remar durante los tres meses que él estima que durará la arriesgada aventura, iniciada anteayer, con el corazón y la mente empujando el físico para que no lo doblegue en su intento de unir las 3320 millas (6150 kilómetros) que separan las islas Canarias, en Tenerife, España, con Venezuela, mientras los vientos y las corrientes se lo permitan.
"El Capitán", como se lo conoce en el ambiente de las carreras de aventura, tras su participación en la primera edición argentina de Expedición Robinson, en 2000, es un veterano participante de competencias. Como el EcoChallenger, que se corrió en Marruecos (1998) y en la Patagonia (1999). Este argentino radicado en Bariloche, de 55 años, comerciante, casado, con dos hijos, navegó en kayak en tres ocasiones por el río Paraná desde Formosa hasta Rosario, su ciudad natal.
En 1997 recorrió en bicicleta 1870 kilómetros del litoral brasileño, desde Río de Janeiro hasta Uruguayana, en 22 días.
Su casa flotante para toda la travesía es un bote de siete metros de eslora (largo) por 1,58 de manga (ancho), considerado un prototipo. La soledad y la falta de espacio le tendrán la mente ocupada la mayor parte del tiempo. Ese reducido hábitat es el espacio donde desarrollará una metódica rutina de supervivencia: leer, remar, escribir, alimentarse, hidratarse, descansar, comunicarse, higienizarse, ordenar y mantener el rumbo de su bote.
El orden a bordo
"El orden y el respeto del medio es la manera de poder sobrellevar tantos días en solitario. Remo por períodos de una hora y media mientras tengo luz de día; luego ceno, leo, filmo, escribo el parte diario y me voy a descansar", dijo a LA NACION este navegante solitario, admirador de Vito Dumas, de físico compacto y mirada franca.
La embarcación en la que viaja está construida para que, en caso de darse vuelta, se ponga automáticamente en posición normal. "Otro de los problemas será caerme al agua, ya que con el viento sería prácticamente imposible poder alcanzar el bote nadando. De todos modos, la embarcación tiene una cuerda de 80 metros con algunas argollas flotantes para aferrarme a la soga y llegar al bote", agregó Serenelli.
Las corrientes canarias, los vientos alisios y el clima le irán marcando el derrotero. "En mi ruta tengo que seguir la corriente, de unos 50 kilómetros de ancho, pero cuidando de no desviarme al llegar a Cabo Verde, un archipiélago en la costa de Africa, porque en ese lugar las corrientes tiran hacia abajo. Si me desvío es como caer en un embudo que me lleva hacia Africa. Me compré un arbolito de Navidad y seis botellas de sidra envasadas en plástico para asegurarme el brindis. Les pido a Dios, al Gauchito Gil y a mi madre, que desde el cielo me acompaña, que me protejan en esta aventura", agregó.





