
Un argentino está al frente de la sede porteña de la DEA
Sin precedente: se trata de Abel Reynoso, nacido en Lanús y especializado en los Estados Unidos, donde fue policía e investigador.
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La presentación en sociedad de Abel Reynoso, el flamante jefe de la delegación local de la Drug Enforcement Administration (DEA), la agencia norteamericana de lucha contra el narcotráfico, congregó a una constelación de jueces, fiscales, funcionarios y policías improbable de reunir ante otra convocatoria.
El encuentro se realizó en el restaurante Shorthorn Grill, en la Recoleta, y el menú estuvo compuesto por empanadas, provoletas, chorizos, morcillas, asado, bife de chorizo y frutillas y mousse de chocolate como postre. La elección del lugar y la comida tienen una explicación: Reynoso es argentino. Nació en Lanús y se fue del país cuando tenía 13 años. Ahora tiene 43 y estará definitivamente instalado en Buenos Aires a partir del mes próximo.
Los jueces federales porteños Juan José Galeano y María Romilda Servini de Cubría; sus colegas de Lomas de Zamora, Alberto Santa Marina, y de San Martín, Alberto Suárez Araujo, fueron algunos de los magistrados que concurrieron.
También asistieron jueces del fuero penal económico, como Julio Cruciani y Julio Speroni, dos de los que intervinieron en la controvertida causa de la Operación Langostino, el primer golpe serio que se le dio al narcotráfico. El actual integrante de un tribunal oral Gustavo Losada, y responsable en su momento de esa investigación, también estuvo en el convite.
Investigadores y fiscales
Entre los policías -además de la representación de fuerzas extranjeras- llamó la atención que estuviera el renunciante jefe de la Policía Bonaerense, Adolfo Vitelli, quien ante una consulta de La Nación sólo se limitó a admitir que había presentado su dimisión sin querer entablar diálogo. Hubo investigadores que desde hace años se dedican a combatir el tráfico de drogas, como el actual jefe de la División Narcotráfico Norte de esa fuerza de seguridad, comisario Jorge González.
Algunos de los fiscales que se sentaron a las mesas cubiertas con manteles estampados fueron Raúl Plee, Eamon Mullen, Guillermo Montenegro y Pablo Quiroga. El ex juez federal de San Isidro y ex funcionario del gobernador Duhalde, Alberto Piotti, con una barba reciente, también escuchó el discurso de bienvenida de Reynoso. Lo mismo que los titulares de las secretarías de lucha contra el narcotráfico de Buenos Aires y de la Nación, Alberto Yaría y Julio César Aráoz, respectivamente.
Del dedo a la nariz
El nuevo jefe de la influyente oficina de la DEA se permitió bromear respecto de esa muletilla repetida muchísimas veces por diversos funcionarios acerca de que la Argentina es un país de tránsito del narcotráfico: "El tránsito es del dedo a la nariz", ironizó, luego de contar que fue policía callejero antes de ingresar en la DEA.
Se puso un poco más serio cuando dijo que conocía América de un extremo al otro y que la Argentina debía de ponerse a combatir decididamente el tráfico de drogas si no quiere padecer lo que ahora sufren México y Colombia, por ejemplo. Prometió llevar adelante una política de puertas abiertas, no sólo para jueces y policías, sino también para la prensa, lo cual ya significa un cambio para una oficina que casi siempre mantuvo una actitud más bien hermética.
Si las presencias fueron notorias, también lo fueron las ausencias. No hubo camaristas federales -aunque sí otros integrantes de tribunales orales- y tampoco estuvo el actual titular del juzgado federal Nº1 de San Isidro, Roberto Marquevich, responsable de la investigación más importante que se desarrolló este año contra el narcotráfico, en la que secuestraron casi dos mil kilos de cocaína.
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