Un bandoneón para tocar desde pebete

Se presentó ayer el primer instrumento fabricado especialmente para los chicos
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12 de diciembre de 2006  

Con apenas 10 años, Ana María Demiguel toma el bandoneón y enhebra algunas notas con pericia de estudio. En su repertorio conviven desde "Adiós Nonino" y "La cumparsita"... hasta el "Arroz con leche" y el "Elefante trompita".

Así, en el Día Nacional del Tango, los homenajes a la música típica de Buenos Aires sobrevolaron cada rincón de la ciudad con formas diversas y expansivas del 2x4.

Por caso, ayer, en San Telmo, se hizo la presentación del primer bandoneón para niños fabricado en el mundo por el platense Juan Pablo Fredes, un ex contador, músico y director de una orquesta escuela de tango. El instrumento, bastante más chico que los empleados en las orquestas típicas, tiene como finalidad que los chicos puedan abordarlo sin impedimentos. El tamaño y el peso del bandoneón, precisamente, resulta una de las limitantes para los más chicos a la hora de sostenerlo, un detalle que se suma a la complejidad intrínseca que encierra la ejecución del bandoneón, la voz emblemática del tango.

"Mi sueño es llegar a tocar como Aníbal Troilo o Astor Piazzolla, pero me costó encontrar un bandoneón de estudio que pudiera tocar", esgrime Ana, que terminó de definir su interés por el fueye a los 7 años.

La iniciativa de Fredes, un vehemente amante del tango, empezó a tomar forma hace cinco años. Y sólo ayer pudo mostrar el primer modelo que, según el fabricante, busca replicar la sonoridad de los bandoneones Doble A, la marca alemana que cautivó a los tangueros, pero que dejó de fabricarse hace 70 años.

"El mejor homenaje para el tango sería que existiera en todos los conservatorios de música de la Argentina una cátedra de bandoneón", consideró Fredes, que diseñó el pequeño bandoneón como un reflejo de su propia experiencia. "Empecé a tocar a los 8 años y mi viejo, que era albañil, tuvo que invertir 20 sueldos para comprarme uno", recordó Fredes, que hoy dirige el taller junto con su hijo. "Quiero que estos bandoneones sean accesibles para todos, porque el costo de los instrumentos antiguos es muy alto", expresó el fabricante.

A partir de marzo del año próximo estos bandoneones (los FF) empezarán a fabricarse a un valor que podría oscilar entre los 1500 y los 2000 pesos, contra los $ 5000 que cuesta, como mínimo, un original alemán. "Mi idea no es llenarme de plata, sino hacer un aporte a la cultura; para este proyecto tuve que vender dos Doble A, porque no hay ningún apoyo oficial", concluyó.

Con su pequeño gran aporte, Fredes sueña con que más chicos aprendan a sacarle una voz al bandoneón: en apariencia, una sencilla caja de madera, acero, cuero y papel que, nada menos, es el alma del tango.

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