
Un chico de 16 años confesó el crimen de una nena de 4 años
Vecinos quemaron la casa del acusado
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LA PLATA.- "Si tenés estómago, mirá: acá está tu nieta." El desconocido invitaba a Rodolfo Riveros a destapar un viejo lavarropas, cubierto con una lona verde. Al descorrerla, el hombre quedó estremecido por la imagen de su nieta de cuatro años, desnuda y asesinada de un golpe en la cabeza.
Ocurrió en el fondo de una humilde casa del barrio San Javier, en Rafael Calzada, en el sur del Gran Buenos Aires. La pequeña Milagros Moreira había ido allí invitada por "Pilín", un adolescente de 16 años que solía jugar con los chicos de la cuadra.
Al principio se negó, pero el joven le dijo que le iba a dar ropa. Lo que le dio fue la muerte, según confesaría luego. Dijo que lo había hecho urgido por una "misteriosa voz" dentro de su propia mente. Está detenido.
La noticia del crimen indignó a familiares y vecinos de la pequeña víctima. Esa noche, luego de la detención del adolescente, apedrearon e incendiaron la vivienda del confeso homicida. Ayer al mediodía, los vecinos volvieron a entrar en el terreno y prendieron fuego una camioneta que pertenecía a la madrastra del chico acusado.
La jueza de menores Nora Guendler, a cargo de la investigación del caso, ordenó la realización de una autopsia para determinar si la niña fue violada antes de morir.
Al cierre de esta edición no se conocía ese dato, aunque la desnudez del cadáver sugería que el adolescente agresor habría tenido al menos la intención de hacerlo.
Sólo hacía cuatro meses que la niña vivía en Rafael Calzada. Ramón Moreira, padre de Milagros y de sus dos hermanos -un chico de cinco años y una niña de uno-, trabajaba en un frigorífico de Bosques, en Berazategui, en horario nocturno.
Pero una madrugada, mientras él no estaba, unos delincuentes armados entraron en su casa, donde estaban su esposa, Silvia Riveros, y sus tres hijos, y la desvalijaron. Hartos de la inseguridad, Ramón y Silvia decidieron mudarse al lugar donde los esperaría la tragedia.
El drama se desató anteayer por la tarde. "Pilín" había estado viendo el superclásico entre Boca y River en un bar situado a un par de cuadras, pero se fue cinco minutos antes de que terminara el partido porque se había armado una pelea. Entonces, comenzó la cuenta regresiva. A Milagros sólo le quedaban unos minutos de vida.
Cuando "Pilín" llegó a la esquina de Avellaneda y La Rioja, donde vive, vio que varios pequeños intentaban encender fuego en la calle de tierra, con ramitas y hojas secas. El joven anunció que iba adentro a buscar unos fósforos. Pero se detuvo y dijo: "Vení conmigo, Millie. Mi mamá te va a dar ropa".
Milagros Moreira no aceptó al principio. Pero el joven insistió y logró que entrara en la casa. Los chicos se quedaron afuera. Pero Millie tardaba en salir.
De repente, comenzaron a oír que la niña gritaba y lloraba. Y corrieron a avisarle a una vecina. Una tía de la niña corrió a la casa del adolescente y le pidió ver a Milagros, pero él negó que la pequeña estuviera allí: dijo que se había ido con dos hombres.
Luego, Rodolfo, el abuelo de Millie, fue a la casa y fue recibido por un hombre conocido como "Transa", quien le señaló el lavarropas donde estaba el cadáver de su nieta.



