
Un circuito lumínico para realzar las cúpulas de Avenida de Mayo
Coronan los edificios más antiguos y la idea es reactivar la vida nocturna de la tradicional zona
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El porteño circula siempre tan apurado y meditabundo por las calles de la ciudad, cada vez más atento a las baldosas flojas, que pocas veces levanta la vista para reparar en el espectáculo de altura que ofrecen los edificios antiguos de la urbe.
Pero se acabaron las excusas para los transeúntes distraídos: el 28 de julio último, el jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, firmó el decreto que le pone proa al proyecto de iluminar las cúpulas, cupulines, torres y mansardas que se yerguen en la tradicional Avenida de Mayo. Se trata de un ambicioso plan para realzar, por medio de luces, los detalles ornamentales y de estilo que poseen estas simpáticas construcciones que parecen caparazones por su forma semiesférica o poligonal, por lo general, cubiertas con pizarra negra de estilo francés y siempre rematadas con un elemento denominado finial o mástil. Como parte del Plan de Manejo del Casco Histórico que impulsa la Subsecretaría de Patrimonio de la ciudad, el nuevo circuito lumínico constituye un intento por recuperar los valores simbólicos de esta arteria que es tan vital hoy para la ciudad como lo fue para los porteños mundanos de principios del siglo XX.
Destellos en la oscuridad
Todos los días, al caer la tarde, las luces le dan brillo a la fachada de la Casa de Gobierno, al Banco de la Nación Argentina, al Ministerio de Economía, a la Catedral Metropolitana, el Cabildo, la Procuración General, y el edificio que fuera sede del diario La Prensa. Pero la idea es diseñar e invitar a los vecinos y turistas a un romántico recorrido nocturno que incluya a otros edificios concentrados en el llamado eje cívico y que son igualmente importantes, como la confitería London City, el palacio Urquiza Anchorena, el Barolo, el Vera, el Ortiz Basualdo, lo que fue el Cine Victoria, las escuelas Ilvem, la ex residencia Carranza de Lawson, los hoteles Metrople, Mundial, Castelar, París, y el Congreso de la Nación, entre otros.
Con el consenso de los vecinos y comerciantes del área, el gobierno porteño se comprometió -mediante el decreto 1129- a correr con los gastos de alumbrado y mantenimiento, y llamará a licitación para cubrir los costos que demanda la compra e instalación de artefactos, léase foquitos, pantallas, portalámparas, cables, etcétera, que hacen falta para materializar el proyecto.
Luz verde a la magia
En total son 25 las cúpulas, torres y mansardas ubicadas a lo largo de la avenida, que va de Plaza de Mayo al Congreso de la Nación. Mientras algunas esperan por una buena lavada de cara, sus recovecos y linternas sirven de refugio a palomas y murciélagos, que completan ese aire fantasmal propio de los espacios semiabandonados.
Otras se conservan enteras, coronando con silencioso orgullo los edificios más significativos de la arquitectura local, ésa que fue erigida cuando en la Argentina se tomaba el té de las cinco y las vacas eran gordas de veras. En aquellas épocas de puertas sin cerrojo, los bares de la Avenida de Mayo tendían sus mesas en las veredas y las damas paseaban emperifolladas con lo último de la moda parisiense.
Entonces, la oscuridad ganaba las noches porteñas, y las pocas luces artifiales que había en los espacios públicos tenían connotaciones mágicas. El edificio Barolo -en Avenida de Mayo 1370, construido en 1921 por el arquitecto Mario Palanti- cobijaba en su cúpula una linterna con un arco voltaico de 300.000 bujías, y dicen que podía verse claramente desde Montevideo. También cuenta la historia que, en 1923, cuando Dempsey y Firpo subieron al ring en los Estados Unidos, las linternas con vidrios de colores sirvieron para indicar el resultado del encuentro: verde si ganaba Firpo, roja si perdía.
La actual Casa de la Cultura- ex sede del diario La Prensa, contruida entre 1895 y 1898 por el ingeniero Alberto Gainza y el arquitecto Carlos Agote- mantiene su iluminación original en la planta baja y el balcón del primer piso, mediante artefactos de hierro fundido con globos opalinos blancos de gran tamaño. El programa le pondrá luz al reloj, al águila, al antiguo cartel de La Prensa y a la escultura de bronce de Palas Atenea, con lámparas colocadas sobre la mansarda y las medianeras. Cabe esperar que las próximas elecciones porteñas no trunquen estos planes. Quién dice, tal vez entonces la magia vuelva a la Avenida de Mayo.
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