Un corazón valiente y sano

Los especialistas aseguran que es fundamental que los colegios cuenten con un desfibrilador y con personal bien entrenado para resolver contingencias, que son mucho más comunes de lo que se cree; es muy importante también tomarse seriamente la realización del apto médico para reducir riesgos
Déborah de Urieta
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13 de febrero de 2015  

Entre un 15 y un 18% de las muertes súbitas ocurren en edad escolar. Si bien no es una cifra alarmante, es lo suficientemente elevada como para que los colegios, como cualquier lugar de concurrencia masiva, estén preparados para este tipo de eventualidades. Se debe tener en cuenta que, si una persona recibe atención temprana, tiene más del 70% de probabilidades de llegar con vida al hospital. Además, si los chicos se hacen los estudios correspondientes, se pueden prevenir hasta en un 99% las posibilidades de padecer las patologías que ocasionan la muerte súbita.

Pese a esto, son muy pocos los colegios que cuentan con un plan de contingencia para responder a este tipo de emergencias (aunque son cada vez más), y es muy común que los chicos no se hagan todos los estudios recomendados, sino que recurran a un médico "amigo" para que les firme el apto físico.

"En la Argentina, se producen unas 40.000 muertes año. Y de esas, el 70% ocurren al lado de alguien", asegura el doctor Mario Fitz Maurice, médico cardiólogo universitario especialista en electrofisiología. Es por esto que, si ese "alguien" estuviese entrenado para saber cómo actuar ante un evento como este, podrían llegar con vida al hospital unas 17.000 o 20.000 personas, en vez de 4000, como ocurre hoy. De esta forma, contar con los equipos adecuados y tener personas entrenadas pueden hacer la diferencia ante un caso de muerte súbita. Y los colegios no son la excepción.

O bien, como cita el doctor Daniel Corsiglia, director ejecutivo de la Red Federal de RCP de la Federación Argentina de Cardiología, "se necesita al menos el 15% de la población entrenada en RCP para lograr un incremento estadístico en la supervivencia" y esto no se podrá alcanzar solamente con aquellas personas que aprenden de manera voluntaria, por lo que la enseñanza de RCP en las escuelas parecería ser una buena forma de lograr aquel incremento que menciona.

En la Argentina, son muy pocos los colegios que se encuentran "cardioprotegidos" o "cardioasistidos", o sea, que cuentan con desfibriladores ubicados y señalizados correctamente dentro del establecimiento. Aunque, además de esto, como afirma el doctor Alejandro Meretta, secretario de la Fundación Cardiológica Argentina, hay que sumarle "los conocimientos, el entrenamiento del personal y los protocolos adecuados, que incluyen el llamado a centros de asistencia y traslados" para que la intervención sea verdaderamente exitosa.

De todas formas, los especialistas y entidades dedicadas a asesorar a aquellas instituciones interesadas en "cardioprotegerse" son muy pocas, y los colegios no son la excepción. Y esto sucede pese a que entre un 15 y un 18% de las muertes súbitas ocurren en edad escolar, es decir, en chicos que tienen entre 6 y 18 años, tal como afirma Fitz Maurice. Es por esto que los especialistas recomiendan que cada colegio cuente con un plan de contingencia, ya que no quedan eximidos de sufrir este tipo de emergencias.

Cuáles son los costos

La Federación Argentina de Cardiología o la Fundación Cardiológica Argentina son algunas de las organizaciones que se encuentran capacitadas para asesorar y certificar a aquellas entidades, incluidos los colegios, que se comprometan en preparar sus instalaciones y de esta manera poder responder en tiempo y forma en caso de que surja una emergencia cardíaca.

Estas organizaciones se encargan, entre otras cosas, de entrenar al personal, darles charlas de concientización, así como también asesorar en la confección de planes y protocolos. Sumado a ello, ayudan a establecer el número de desfibriladores que se necesitarán en cada caso, y establecer cuál es la ubicación más adecuada para estos.

Ahora bien, el costo por este tipo de asesoramiento depende de factores como las dimensiones del establecimiento, la complejidad de sus actividades, los horarios, así como también el número de personas que deban entrenarse.

A esto se le debe sumar el valor del desfibrilador (que no son comercializados en este tipo de fundaciones) y la cantidad de ellos que se necesiten en cada escuela. Se debe tener en cuenta que estos deben estar dispuestos de forma tal que el personal entrenado llegue en el menor tiempo posible desde cualquier punto del edificio, por lo que mientras más amplio sea, mayor será la cantidad recomendada. Como afirmó el doctor Fitz Maurice, la posibilidad de llegar con vida al hospital es del 80% si la desfibrilación se hace dentro del primer minuto, aunque lo aceptado es llegar dentro de los tres primeros minutos. Es por ello que la ubicación de estos aparatos, debe ser tal que se alcance en menos de esos valiosos minutos.

En el caso de aquellos colegios que opten por recibir simplemente una charla dada por un especialista, para todos los alumnos, además del entrenamiento de los docentes, deberán calcular que el costo de la misma puede rondar los 5.000 y 8.000 pesos.

Algunas recomendaciones

A la hora de comprar un desfibrilador, el doctor Fitz Maurice da algunas recomendaciones a tener en cuenta. Lo más importante es que sean automáticos y que la grabación sea en español. Pero además, se debe tener en cuenta que sean resistentes al agua, así como también, a los golpes. Otro detalle que Fitz Maurice sugiere tener presente es que las baterías sean fáciles de conseguir. Mientras que hay algunos aparatos que usan marcas específicas que sólo se venden en ciertos locales, y que resultan muy costosas, otros llevan pilas comunes y corrientes, que se consiguen en cualquier kiosco.

Pero además, es importante que el desfibrilador tenga garantía y servicio técnico en la Argentina, por si el aparato llega a tener algún inconveniente. Por último, otra sugerencia que dio el doctor para aquellas instituciones que tengan en mente comprar un desfibrilador, es conseguir aquellos que graban cuando son conectados al paciente que sufrió una emergencia cardíaca. De esta forma, "nosotros en el hospital sabemos qué arritmia la provocó, y podemos hacer un tratamiento mucho mejor", agregó. Un aparto como este puede costar unos $ 37.000.

También, prevención

Además de tener un plan de contingencia, los especialistas coinciden en lo importante que es que los chicos se hagan los exámenes correspondientes para prevenir la muerte súbita. "Con la consulta al cardiólogo, que incluye el interrogatorio con los antecedentes, el examen físico –que es poner un estetoscopio en el pecho y tomarle la presión al paciente– y un electrocardiograma, podemos prevenir el 97% de las patologías que provocan muerte súbita", aseguró Fitz Maurice. Y, si a esto se le suma un ecocardiograma, es decir, una ecografías cardíaca, la cifra asciende al 99%. "Es simplemente ir al médico", concluyó el doctor.

Fitz Maurice destaca algo que es que es muy común: muchas veces, los chicos no se hacen los estudios que ayudan a prevenir la muerte súbita, aún cuando estos son solicitados por el propio colegio. Esto ocurre cuando tienen algún médico en la familia o conocido que les firma el apto físico, por lo que terminan sin someterse a los estudios solicitados. Es por ello que sería muy importante que, en vez de esto, los alumnos asistan verdaderamente al médico, para despejar cualquier duda y así prevenir cualquier complicación.

Una experiencia positiva

"Entendimos que era indispensable contar con un desfibrilador, ya que le puede salvar la vida a cualquier miembro de nuestra comunidad", dijo Luz Balboni, directora de la sede Pilar del colegio St. Matthew’s College North, uno de los pocos que cuenta con un programa de capacitación docente anual de RCP, reanimación con muñecos y primeros auxilios. Según aseguró Balboni, "los chicos se mostraron muy contentos con la iniciativa", sobre todo porque los hicieron sentir protagonistas del proyecto, al que se lo presentaron como "un saber que va mucho más allá de lo escolar".

Así como Balboni, el doctor Fitz Maurice coincide con lo positivo que es trabajar con los más jóvenes: "la experiencia con los chicos es mucho mejor que con los grandes, ellos después llegan a su casa y les explican a los padres lo que aprendieron".

Coincide con lo que sugiere el doctor Corsiglia: la mejor forma de generar un cambio en las estadísticas es desde la escuela.

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