Un cura sanador atrajo a 150.000 fieles en Rosario
El padre Ignacio ofició una misa por el trabajo y la salud
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ROSARIO.- Una multitud estimada en 150.000 personas concurrió ayer al mediodía a la Misa por el Trabajo y la Salud que el padre Ignacio Peries ofició en un altar instalado en el corazón del parque de la Independencia, de esta ciudad. El encuentro fue organizado para celebrar los 20 años de sacerdocio del cura párroco de la iglesia Natividad del Señor, a quien se atribuyen poderes sanadores.
La reunión fue la culminación de una jornada consagrada a la oración por los desocupados y los enfermos. Las actividades comenzaron a primera hora de la mañana con una marcha en bicicleta desde distintos puntos de esta ciudad hasta la intersección del boulevard Oroño y la avenida Pellegrini, sitio escogido para la celebración de la misa.
En el lugar se instaló un escenario elevado varios metros sobre el nivel del piso. El sacerdote llegó, minutos antes de las 11, acompañado por el gobernador de Santa Fe, Jorge Obeid, y el intendente de Rosario, Hermes Binner, todos montados en bicicletas y a través de un estrecho corredor abierto entre la multitud.
Junto a un pequeño grupo de feligreses, el padre Ignacio -que realiza la imposición de manos a personas enfermas- comenzó el recorrido en la parroquia Natividad del Señor, en el extremo norte del municipio. Antes de llegar al altar hizo un alto en el Club Gimnasia y Esgrima, donde lo esperaban los funcionarios provinciales y comunales para recorrer juntos el último tramo del camino.
Una necesidad de todos
Desde hora temprana, el parque de la Independencia cobró el aspecto de una romería. Poco a poco, el lugar se fue llenando de fieles que llegaban a pie desde todas las direcciones y procuraban ubicarse tan cerca como les fuera posible del altar de campaña emplazado a espaldas de la estatua del Libertador, José de Belgrano.
El sector más próximo al escenario, sin embargo, se reservó para los enfermos, no sólo para que no tuvieran que soportar las incomodidades a las que inevitablemente obligan los encuentros multitudinarios, sino para que pudieran recibir la bendición de las propias manos del padre Ignacio.
"Este acto tiene un contenido muy importante para la ciudad", aseguró Binner en un alto del recorrido. Y explicó: "Estamos viviendo un tiempo en el que el trabajo es escaso y esta reunión multitudinaria no hace más que destacar la importancia que tiene el trabajo y la necesidad enorme que hay de conseguirlo por estos días".
Obeid, por su parte, destacó el valor del trabajo y la labor sacerdotal del padre Ignacio en Rosario: "Su labor pastoral revela el cariño que siente por la gente. Es la forma en que la ciudadanía de Rosario le agradece todo lo que ha dado en estos años".
La emoción de los recuerdos
"Me siento muy feliz de poder compartir este momento con todos ustedes, pero también sé que, durante los años de mi sacerdocio, muchos han encontrado la paz y el camino hacia Dios. Espero que esta fe que nos une sirva como esperanza", fueron las palabras emocionadas con las que el sacerdote inició la misa.
"Hace 27 años, cuando salí de mi casa con una valija llena de ropa buscando un camino para entregar mi vida para servir a los demás, no imaginé que iba a recibir tanto afecto, tanto amor", añadió el sacerdote.
Y señaló: "Gracias por elegirme, gracias por darme esta gracia de ser un instrumento de Dios. Espero, de todo corazón, que Dios me dé fuerzas para seguir dando la fe y la esperanza a todos y a cada uno de ustedes".
El padre Ignacio conoce las penurias de los que no tienen trabajo. Su parroquia está situada en uno de los barrios rosarinos más duramente castigados por la desocupación. Por eso enfatizó: "Hoy vamos a pedir un trabajo digno para vivir y mantener a nuestras familias".
"Muchas veces nos desesperamos cuando no hay comida en nuestra casa. Yo lo pasé en la mía, donde no era extraño que tuviera que comer una sola comida por día -agregó-. Pero a no desesperar, Dios no nos abandonará.
"No hay que perder la dignidad y el respeto por los demás ", pidió el sacerdote, y concluyó: "Hay que tener fe, porque los dolores y las lágrimas que hoy a los gritos levantamos al cielo van a ser escuchados".
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