Un empresario cordobés que parece vivir en una burbuja

Su empresa elabora y exporta jabones de tocador de las marcas más difundidas
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31 de diciembre de 2001  

CORDOBA.- Carlos Guma confiesa que se le cayeron "algunos lagrimones" cuando le avisaron que se había quemado completamente una de las dos fábricas de jabón que su empresa tenía en 1991.

Fue un impacto terrible. "Pero el problema ya estaba y había que enfrentarlo, porque, de lo contrario, nos hundíamos en la desesperanza, en lugar de buscar una salida", cuenta este empresario cordobés que preside la única compañía argentina que compite de igual a igual con los colosos multinacionales que dominan el rubro jabones de tocador, del que fabrica el 25% de lo que consume el país.

Al pisar 2002, la empresa José Guma SA, con planta industrial en Colonia Caroya, a 45 kilómetros de Córdoba, produce varias marcas propias, fabrica líneas "blancas" para las principales cadenas de hipermercados y para sus propios competidores y exporta y está embarcada en un proyecto de inversiones para acoplar nuevas actividades al negocio.

Carlos, de 55 años, hijo del fundador, declara con franqueza que les va bien. Esta excepcionalidad, en medio del pandemónium en que está sumergido el país, se ha conseguido sobre la base de "buenos costos, eficiencia y tecnología", pero más que nada con "sangre y sudor. No hay ningún secreto ni fórmulas mágicas", asegura.

La empresa en los últimos tiempos no ha recortado ni uno de sus dos centenares y medio de puestos de trabajo y en este diciembre doloroso incorporó quince empleados.

Inmigrantes catalanes

Los orígenes de la fábrica se remontan a la difícil época de los años 30, recordada como la crisis más cruenta de la economía mundial.

José Guma había llegado a la Argentina en 1913, con sus padres, como tantos catalanes que creyeron que aquí podrían "hacerse la América y después volver". Se afincaron en Jesús María, donde se habían establecido otros españoles oriundos de Cataluña.

José Guma era el menor de la familia. Apenas salido de la adolescencia, recorrió las quintas de "la Colonia" trabajando en una carnicería. También fue vendedor de telas en La Nueva, una conocidísima tienda de Jesús María, no hace mucho desaparecida. Hasta que se decidió a emprender un negocio propio y se asoció con un "paisano español" para fabricar jabón.

No hacían falta instalaciones costosas. Se aplicaba una técnica artesanal: grandes "pailas" en las cuales se derretía el sebo animal y se lo iba combinando, en proporciones adecuadas, con soda cáustica. Eran tiempos en que mucha gente hacía jabón en la zona: había quienes le ponían un "toque especial" a la mezcla añadiéndole hojas de duraznillo, maleza campestre que le proporcionaba suavidad y un color verdoso.

En 1938, ya solo, José Guma adquirió las primeras maquinarias para acceder a una "producción más en serie", narra su hijo Carlos. De ahí en más la empresa va desarrollándose y, a medida que pasan los años, se incorporan los seis hijos de José, que fallece en 1969.

En 1988 pensaron que resultaba ventajoso instalarse en La Rioja. Sufrieron un duro traspié con el incendio que consumió esas instalaciones. Carlos viajó a Italia, discutió mano a mano con los fabricantes de equipos y se trajo los que necesitaba para "refundar" la vieja fábrica que seguía en Caroya.

En el 93, la empresa estaba con capacidad suficiente para atender la demanda de otras marcas que no tenían fábricas aquí, como Nivea, Johnson y Espadol.

Factura una treintena de millones de pesos al año y fabrica las líneas "blancas" a las principales cadenas de híper y súper. Exporta jabones a varios destinos: Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia, Emiratos Arabes, Kuwait y Yemen.

"Todos los días hay que bañarse y lavarse las manos y la cara", observa, con sonrisa picaresca.

Su sapiencia en el negocio le indica que "en verano, mucha gente se baña hasta dos veces por día".

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