
Un episodio de fuerte impacto científico
Los especialistas en etología consideran que es posible que los simios se hayan hecho cargo de un niño perdido en la selva
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John Ssabunnya, el niño ugandés de aproximadamente 15 años cuya increíble historia se anuncia que contará el próximo miércoles un documental de la BBC, es una prueba viviente de que la ficción muchas veces se adelanta a la realidad.
Llegado a Londres esta semana para cantar con el coro de niños The Pearl of Africa, asombró tanto a científicos como a profanos cuando se revelaron detalles de su vida: perdido en la selva cuando era muy pequeño (no se sabe bien si fue a los tres o a los cinco años), fue adoptado por una tropa de monos vervet con los que convivió durante alrededor de treinta meses.
Aparentemente, John presenció el asesinato de su madre, escapó a la jungla y permaneció allí escondido hasta que fue descubierto por un grupo de mujeres de una aldea cercana. Estaba sucio, desnutrido, lleno de parásitos, era incapaz de caminar erguido y profería extraños sonidos. Más tarde, fue internado en un orfanato y finalmente adoptado por el matrimonio que dirigía el establecimiento.
De novela
La trama de esta breve existencia que emula hasta las leyendas mitológicas es francamente inquietante; entre otras cosas, porque vuelve a poner sobre el tapete la cuestión de cuáles son las fronteras que separan al ser humano de los animales.
Sin embargo, según el investigador argentino Alex Kacelnik, profesor de Etología de la Universidad de Oxford, "los monos vervet (nombre científico: Cercopithecus aethiops) tienen una organización muy integrada y sistemas de comunicación muy flexibles, por lo que no parece imposible que adoptaran a un niño pequeño o al menos le permitieran vivir dentro de su comunidad".
Según el especialista, "lo más interesante de esto es que nos permite reflexionar sobre qué significa ser humano, y si uno de nosotros puede existir fuera del contexto social. Por otro lado, ¿qué pensarían esos monos? -se pregunta-. ¿Tratarían al chico como otro mono o simplemente como una mascota?".
Debido a sus características, los vervet son uno de los objetos de estudio preferidos de los especialistas en comportamiento animal. Viven en comunidades de alrededor de veinte individuos y ocupan territorios de alrededor de un kilómetro cuadrado. Pero lo más sorprendente es que son capaces de comunicarse por medio de sonidos, de negociar y hasta de contraer y pagar deudas.
"Ante un peligro, pueden dar gritos diferenciados para indicar, por ejemplo, si se trata de un águila o una víbora. Es más, parecería que son palabras aprendidas en cada zona; es decir, que tienen dialectos, lo que nos lleva a considerar que allí hay una cultura. Además, conforman grupos estables, aunque los machos pueden pasarse de uno a otro." Kacelnik sugiere que su sistema social puede haberles permitido aceptar a un niño "que caminaba por ahí". Y es posible que el pequeño abandonado, como todo cachorro humano naturalmente dotado para imitar los estímulos que recibe, haya aprendido las vocalizaciones de los simios.
"No sabemos hasta qué punto participaría el chico de las actividades de la comunidad de monos -piensa en voz alta Kacelnik-. Puede ser que se limitara a seguirlos. De lo que no cabe duda es de que los monos son capaces de hacer generalizaciones sorprendentes. Por ejemplo, pueden reconocer cuando un individuo de la tropa es mentiroso." Para descubrirlo, los científicos utilizaron un truco ingenioso: grabaron la voz de un mono avisando que venía un águila y luego la reprodujeron cuando el peligro no existía. Los monos primero se asustaban, pero cuando se daban cuenta de que no pasaba nada y ese mismo mono volvía a anunciar peligro, el resto simplemente no le prestaba atención. "Habían aprendido que ese mono era mentiroso y perdía toda su reputación -explica el científico-. Y se sabe que la reputación es un factor crucial y de gran importancia en las comunidades de animales."
Casi humanos
Además de esta inesperada capacidad de discernimiento, los monos vervet son conocidos por formar alianzas entre pequeños grupos, y hasta por negociar con los contrarios. Igual que entre los humanos, cuando las negociaciones no dan resultado, se lanzan insultos y pueden pelearse. "Cuando están perdiendo -prosigue Kacelnik-, son capaces de emitir los gritos correspondientes a algún peligro, para que los contrarios huyan despavoridos." Otro hecho que los hace especialmente aptos para una experiencia interespecies es que pasan la mitad del tiempo con los pies en la tierra. "No es imposible que hayan aceptado al pequeño dentro del grupo, que lo hayan defendido del ataque de otros monos y hasta que lo hayan alimentado -especula Kacelnik-. Entre los vervet, pueden llegar a convivir hasta tres generaciones. Las hembras se ocupan de los más pequeños. Con la inteligencia privilegiada de un ser humano, John puede haber detectado estas peculiaridades."






