
Un ex amigo denunció a Garbellano por extorsión
Contraataque: Hernán Guzmán Cattáneo dijo que el proxeneta le pidió dinero para no revelar a su familia un video comprometedor.
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"El juez va a seguir siendo juez. Garbellano va a seguir suelto y yo y mi amigo ´Tony´ (Antonio Soldano) con la mala sangre encima y en el medio de este escándalo."
Hernán Guzmán Cattáneo, testigo de la causa en la que se investiga, entre otros, al juez federal Norberto Oyarbide y a su ex amigo y regente del prostíbulo Spartacus, Luciano Garbellano, vaticinó así el final del caso que vinculó a un comisario de la Policía Federal con el negocio de la prostitución.
Dice menos de lo que sabe. Acusa a Garbellano de extorsionador y mentiroso y define a Oyarbide como un hombre de bien. Bromea con sus vínculos con el poder pero no quiere hablar de su familia, ni de los cargos que ocupó en el Gobierno.
Tiene algunos kilos de más, usa anteojos, lleva un ostentoso anillo de oro y se come las uñas mientras juega con su celular último modelo.
Le quita la batería porque teme que estándo encendido se convierta en un micrófono ambiental y escuchen sus conversaciones, pero no dice a quién le tiene miedo.
Se ríe y asegura que es una víctima de Garbellano por su condición homosexual. Cuenta que estaba sometido a él porque lo amenazaba con contarle a su madre que a él le gustaban los hombres. Dice que le pagó a Garbellano bajo coacción 20.000 pesos, el último año, a razón de unos 1700 dólares en cada entrega.
Afirma que cesó la extorsión después del ataque que sufrió Garbellano en Zárate, el 24 de marzo último, cuando lo dejó de ver. Reveló que en ese momento recibió en la casa de su abuela un video donde aparece una persona, que dice que no es él.
Para cortar de cuajo con el problema decidió conversar con su familia y desactivar así la supuesta extorsión a la que dice que lo sometía Garbellano.
Por eso -dice-, lo denunció anteayer ante la Justicia. Y para eso eligió el juzgado federal Nº3, a cargo de Carlos Liporaci, que tiene en sus manos la denuncia por extorsión que presentó Oyarbide contra Garbellano y el abogado Luis Darritchón. Fuentes judiciales recordaron ayer que Liporaci nunca respondió a un pedido de inhibitoria que le hizo el juez de instrucción Fernando Rodríguez Lubary, que investiga todo el resto del caso y solicitó el desafuero de Oyarbide.
Guzmán Cattáneo prefiere no hablar del atentado en Zárate, aunque niega categóricamente "haberlo conducido a la muerte" -como declaró Garbellano ante la Justicia-, o tener algo que ver con el ataque.
-¿Cómo explica que a Garbellano le dispararan 6 tiros y usted saliera ileso?
-Yo lo llevé hasta una estación de servicio en la entrada de Zárate. El llevaba unos videos y se iba a encontrar con alguien. Yo lo dejé ahí y me fui. No sé nada. Del ataque me enteré a la mañana siguiente cuando me llamó Marcelo Vezza, el secretario de Garbellano.
-¿Qué hizo cuando se enteró?
-Tony (Soldano) le pidió a su abogado que llamara al hospital de Zárate para saber cómo estaba Luciano (Garbellano). Yo intenté hablar con Oyarbide y dos días después lo fui a ver a su despacho.
Asegura que recurrió al juez por miedo a terminar igual que Garbellano. "A mí también me estaban amenazando y, como Oyarbide era amigo de Luciano, fui a pedirle ayuda. Pero el juez me explicó que estaban peleados desde julio o agosto del 1997. Me recomendó que lo denunciara ante un fiscal", dijo, con cara de preocupado y sonrisa socarrona.
Una hora antes, Guzmán Cattáneo había asegurado a La Nación que sólo había visto a Oyarbide una vez en su vida y que jamás se había comunicado en forma telefónica con él.
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