
Un grupo de colegios prohibió los celulares, luego midió el tiempo en pantalla de los alumnos y encontró resultados alarmantes
Tras haber restringido el uso de celulares en toda la secundaria, los establecimientos educativos de la Red Itinere decidieron chequear con datos la efectividad de la medida; a través de una investigación, descubrieron que el tiempo de pantalla de los alumnos no había cambiado
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En abril de 2025, la red de escuelas privadas Itinere, a la que pertenecen el colegio Northfield y otras 7 instituciones de la zona norte y sur del conurbano, tomó una decisión drástica: a la restricción del uso de celulares en el nivel primario, medida que ya habían adoptado el año anterior, sumaron la prohibición en el nivel secundario, tanto en las horas de clase como en los recreos.
No era una decisión improvisada ni aislada. Por aquella época, miles de colegios del país y del mundo comenzaban a tomar medidas similares. ¿El motivo? Una gran crisis de salud mental comenzaba a vislumbrarse entre los alumnos. La ansiedad, el principio de depresión y la sensación generalizada de abulia y desinterés eran la punta visible de un fenómeno que había tomado forma durante la pandemia, y que, tras el fin del aislamiento obligatorio, no había mejorado. Todo lo contrario: en los años que siguieron, los diagnósticos psiquiátricos se convirtieron como nunca antes en parte del vocabulario habitual de docentes, directivos y padres.
Fue entonces que especialistas en psicología y educadores comenzaron a poner la lupa sobre un objeto que, de alguna manera, seguía confinando a los chicos: sus celulares. La situación era desesperante, recuerdan hoy algunos profesores: muchos alumnos permanecían en el aula durante los recreos; otros salían al patio, pero, en lugar de hablar o jugar, se los veía en filas, al costado del área de juego, con la mirada fija en la pantalla de un videojuego o en los interminables feeds de Instagram y TikTok.
Frente a ese escenario, la nueva filosofía escolar “celulares cero” a la que hoy adhieren muchas instituciones busca que los niños vuelvan a jugar, a socializar y que sus horas frente a la pantalla bajen. ¿Funcionó? Muchos educadores responden que sí, y la verdad es que, al menos en parte, tienen razón: pocas semanas después de haber implementado las restricciones de uso de dispositivos móviles, docentes de distintos colegios comenzaron a contar, ilusionados, que los chicos ya habían vuelto a adueñarse de los recreos. Se los veía charlando, jugando a las cartas, a la mancha y al fútbol. La dinámica de la clase también parecía estar cambiando: los docentes, acostumbrados a lidiar con el desafío diario de que los estudiantes saquen la mirada de sus celulares y la posen sobre la pizarra, se sintieron aliviados.
Las autoridades de la red Itinere también percibieron los efectos positivos. Sin embargo, un mes después de haber aplicado la restricción en el nivel secundario, en mayo de 2025, decidieron ir por más y chequear con datos su efectividad. Lo que descubrieron sorprendió tanto al equipo de investigación detrás del relevamiento como a docentes, directivos y padres: la prohibición del uso de celulares no había impactado de manera significativa en la reducción del tiempo de pantalla de los alumnos. Ahora, un año después de esa medición, la red decidió repetir la prueba. Los resultados fueron casi idénticos.
Desde 2023, la primera vez que midieron esta variable, hasta hoy, los chicos de secundaria de los colegios analizados pasan entre 5 y 5 horas y 45 minutos diarios en sus celulares, señala el reporte. “Si ponemos los resultados en otros términos, el tiempo de pantalla, de mantenerse estable a lo largo del año, equivale a 73 días al año o, dicho de otro modo, al 21,6% del día”, comparan los investigadores en el informe.
¿Cómo es posible?
La pregunta que surge de manera casi automática al ver las estadísticas es: si los chicos no están utilizando el celular durante las casi 8 horas al día que pasan en el colegio, ¿cómo es posible que su tiempo en pantalla se mantenga igual? “Lo que creemos es que le ganan tiempo por fuera del cole, le sacan tiempo a actividades o le sacan tiempo al sueño, por la noche”, concluye el neurocientífico Alejo Barbuzza, miembro del equipo de investigación de la red Itinere, liderado por el doctor Fabricio Ballarini, investigador del Conicet y director del departamento de Bioingeniería del ITBA.
Los datos utilizados para realizar el reporte parten de los mismos smartphones de los chicos. “Nosotros primero pedimos autorización a las familias y les pedimos que ese día sus hijos lleven el celular al cole. Durante el día, entramos en diferentes aulas ya pactadas y les pedimos a los chicos si nos pueden mostrar su reporte de tiempo en pantalla, que aparece en la configuración de su celular. Todo se hace de manera voluntaria”, explica Barbuzza. En la edición 2026 se tomaron los datos del tiempo en pantalla diario de las últimas dos semanas de 654 alumnos de secundaria de seis colegios de esta red educativa.
Muchos de los chicos se muestran sorprendidos cuando abren la configuración de sus celulares y observan sus propios datos de tiempo en pantalla, cuenta Barbuzza. “En general, los que más se sorprenden son los que más tiempo en pantalla tienen. Muchos piensan que usan el celular menos de lo que realmente lo usan. Y de repente abren la configuración y se encuentran con que pasan siete, ocho o hasta nueve horas por día, y se agarran la cabeza; no lo pueden creer. Hemos tenido casos de chicos con 12 y 13 horas por día, pero son pocos. También hay chicos que casi no usan el celular, aunque también son pocos”, detalla el investigador.
Entre las apps más utilizadas, por cuarto año consecutivo, se destacó TikTok, la primera en el ranking de uso del 52% de los estudiantes, tanto de primaria como de secundaria. Le siguieron Instagram (19%) y WhatsApp (13%).
“El dato mata relato”, sintetizó Darío Álvarez Klar, fundador y director general de la Red Educativa Itínere, al hablar sobre la importancia de estudiar el impacto real de las medidas que se toman en sus colegios, incluido el relevamiento sobre el tiempo en pantalla y su relación con la salud mental. Destaca que, a partir de los datos obtenidos, la principal preocupación es que el uso de celulares sigue siendo excesivo, y esto se debe a que los chicos compensan fuera del horario escolar las horas que ya no pasan con sus dispositivos en el colegio.
“Eso te genera chicos que llegan mal dormidos, de mal humor”, afirmó, y sumó: “Nuestro gran lema es cambiar el hábito, y para eso no alcanza con limitar el uso de celulares frente a nosotros. La realidad es que el hábito no cambió”. El directivo resaltó la importancia de trabajar en conjunto con las familias y de que los padres tomen cartas en el asunto: “Colegio y familia somos patas de la misma mesa. Siempre esperamos que el otro ponga el límite”, subrayó.
El directivo tildó el uso de tecnología y, en particular, del celular como problemático. “No hay que demonizarlo. No está mal usar el teléfono; lo que está mal es la cantidad de consumo. En los más chicos, lo peor es que muchas consecuencias del exceso de consumo no las ves inmediatamente. Al principio quizás los ves reactivos, enojados y ansiosos”, destacó, haciendo referencia a otros resultados de importancia que surgieron del relevamiento sobre el tiempo en pantalla: la asociación entre el tiempo en pantalla y la salud mental.
Para ello, se les pidió a los estudiantes voluntarios que llenaran varios cuestionarios, en los que se midieron indicadores de ansiedad generalizada, depresión, somnolencia diurna, tiempo de pantalla, adicción al celular y uso problemático de celulares. Luego se separó la muestra en dos grupos: quienes se encontraban por encima del punto de corte del cuestionario de uso problemático del celular y quienes se encontraban por debajo de ese punto.
“Un 53% más de ansiedad”
“Cuando analizamos los puntajes en los cuestionarios de ansiedad generalizada, depresión, somnolencia diurna, tiempo de pantalla y adicción al celular, observamos consistentemente que quienes están por encima de dicho corte reportan significativamente mayores puntajes de todas las aristas de la salud mental”, describieron los investigadores.
Explicaron que la metodología utilizada no permite inferir causalidad entre el uso problemático de redes sociales y estos indicadores, pero sí una correlación: “Los estudiantes con un consumo problemático de redes sociales reportan un 53% más de ansiedad, un 56% más de depresión, un 25% más de somnolencia diurna y un 24% más de tiempo de pantalla”, concluyeron.
A partir de los resultados de 2025, que confirmaron que el tiempo en pantalla de los estudiantes no había disminuido tras las restricciones de uso de celulares en horario escolar, el colegio puso en marcha varias acciones de concientización con chicos y padres sobre el uso de dispositivos móviles, ludopatía y redes sociales. Hoy, sostienen, van a seguir trabajando en esa dirección. “La primera decisión es seguir sosteniendo esas medidas: reducción de uso, estimulación de espacios de salud, de bienestar y divulgar resultados con chicos, con padres y con docentes”, sintetizó Álvarez Klar.
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