Un hogar que llega con familia incluida
Nueva vida: en la granja San Francisco de Asís, discapacitados mentales viven con padres sustitutos y aprenden a trabajar.
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Después de pasar por varias instituciones, con variada suerte, Edith, Margot y Néstor necesitaban un lugar donde vivir. Afortunadamente, ahora tienen mucho más que una casa: tienen una familia.
Ellos son tres de los 11 jóvenes mayores de 16 años que viven en el Hogar San Francisco de Asís, en el Barrio Sol y Verde, de José C. Paz. Todos tienen discapacidades mentales leves o moderadas, y algunos están allí con sus hermanos.
Divididos en cinco pequeños grupos, estos jóvenes viven con matrimonios que los cuidan. Con estos padres sustitutos, que llegan con sus propios hijos, crearon una familia. Algunos fueron abandonados por sus padres y llegaron a través de los juzgados, otros ya los perdieron. Para la mayoría, la única familia es la que encontraron en la asociación.
El primer paso es aprender lo que significa vivir en familia. Una vez que el afecto hizo lo suyo, los jóvenes tienen su segunda gran clase: se les enseña a trabajar en la granja.
Así reparten su día entre atender el vivero; cuidar a los conejos, gallinas, vacas y cerdos; atender el tambo; faenar pollos y lechones. También cultivan una huerta de hortalizas y plantas aromáticas, mantienen un predio de alfalfa y cada temporada hacen florecer 60.000 plantines en los cuatro viveros de la fundación.
Transformarlos en granjeros fue un desafío. "No tenían hábitos de trabajo. Vienen de lugares donde era más fácil sentarlos frente a un televisor que enseñarles a trabajar. Nosotros creamos un régimen de trabajo para que estén ocupados, no se aburran y aprendan cosas nuevas", comentó Juan Carlos Baya Casal, uno de los voluntarios del hogar.
"Nuestro sueño es devolverles la dignidad, que puedan autoabastecerse con lo que ellos aprendieron a producir", agregó el administrador del hogar, Alfredo Molinari.
Cada actividad busca desarrollar las capacidades de los chicos, pero la idea es que estos talleres tengan una producción intensiva que permita solventar los gastos de la fundación (cuyos teléfonos son 02320-491977 y 4666-4304).
Como trabajo es lo que sobra en las dos hectáreas del predio, quieren recibir a más jóvenes discapacitados. "Como sabemos que en la zona es muy difícil que puedan insertarse laboralmente, la idea es que, durante el día, vengan a trabajar aquellos que vivan con sus familias", explicó Molinari.
Todavía no consiguieron la habilitación municipal que les permitiría ofrecer y vender lo que producen. Por ahora, los clientes se reducen a los vecinos de la zona y los voluntarios dispuestos a colaborar.
En tanto, sobreviven con las pensiones por abandono de persona que les otorga el Instituto de Rehabilitación y con las becas del Consejo Provincial del Menor y la Familia. Más padres sustitutos, más compradores para los productos de la granja y elementos para abrir una panadería se cuentan entre sus necesidades más urgentes.
Otra familia
Mary, de 21 años, y Olga, de 16, son hermanas. Hace dos años, cuando llegaron a la asociación, se les agrandó la familia: viven con Lidia, su esposo, y las dos hijas del matrimonio, Giselle y Paola. "A veces es duro, pero hay que pensar en la vida que tuvieron y no olvidarse de que lo único que ellas tienen ahora es a nosotros", contó Lidia.
María es otra "mamá", como los chicos las llaman. Ella está a cargo de Jorge, Marcelo, Miguel y Rafael. La de María es una historia especial: era enfermera de la entidad para discapacitados en la que vivía Marcelo y cuando él debió irse de ese lugar, ella decidió seguirlo. "Así vinimos acá -recordó María-. ¿Cómo iba a separarme de Marcelo, si yo lo crié?" Liliana, de 28 años, comparte una de las seis casitas con su hija Carolina, de siete años, y con Margot.
Las tres esperan un matrimonio que las "adopte". Algo que, como a los demás, seguramente les cambiará la vida.
Para dar una mano
- Alimentos y un médico: el Comedor del Buen Pastor funciona desde hace cuatro años en Troncos de Talar y da de comer diariamente a 150 personas, la mayoría son chicos. Constantemente, necesitan donaciones de alimentos no perecederos. También piden ropa y calzado en todos los talles y la colaboración de un médico que los asista en forma voluntaria. Para ayudarlos: 4715-0192.
- Zapatillas: la Red Solidaria quiere adelantarse al comienzo de las clases y organizó con madrinas de escuelas del interior una campaña para juntar zapatillas, algo indispensable para estos chicos, ya que deben recorrer largas distancias a pie. Los que puedan colaborar deben llamar a los números de la red: 4796-5828 y 4761-7994.
- Taller de computación: la Fundación Centro Alun Co se dedica al tratamiento de chicos y adolescentes con discapacidades motores y mentales. Están organizando un taller de computación, ya que muchos de ellos, por sus patologías, sólo podrían expresarse y trabajar a través de la informática.
No cuentan con los medios económicos para equiparlo y les hace falta una CPU, una pantalla, un teclado y una impresora. Su teléfono es el 4522-6030.






