
Un obsesivo de la raqueta
Sus discípulos lo definen como muy organizado y trabajador; hoy disfruta del triunfo, pero piensa en ir por más
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"Alejandro, es un placer que vos seas el capitán adversario. No conozco, dentro del circuito, una persona que hable mal de vos. Y aunque quiera ganar, para eso vinimos, estoy seguro de que no me vas a discutir un fallo. Porque sé que sos un caballero..." Más allá de la cortesía que se vive antes de un match por la Copa Davis, la frase del australiano John Fitzgerald, durante la comida del miércoles en el Four Seasons Hotel, definió perfectamente a Alejandro Gattiker, el hombre que durante este fin de semana condujo el equipo de la Argentina, que superó por 5 a 0 al de Australia en el certamen de tenis por equipos más importante del mundo.
El Colorado Gattiker, tal como lo conocen todos, tiene 43 años y vivió toda su vida pegado al tenis. Basta conversar un poco con él para darse cuenta de que es un amante del bajo perfil y un obsesivo del trabajo. Su relación con el mundo de las raquetas comenzó casi al mismo tiempo de nacer. Sus padres, Carlos, un médico anestesista, y Edith, de origen suizo y alemán, respectivamente, llevaban el tenis en la sangre. Y esa pasión por el deporte blanco se la inculcaron no sólo al actual director de la Escuela de Alto Rendimiento de la Asociación Argentina de Tenis, sino también a sus hermanos Carlos (45) y Nora (41).
Los Gattiker dieron sus primeros pasos en el Florida Tenis Club y cimentaron su crecimiento en los courts del Club San Fernando. Integraron el primer lote de jugadores que se formó seriamente en nuestro país, en la escuela que funcionaba en la sede Olivos del Tenis Club Argentino. Un grupo de trabajo ideado por Enrique Morea, durante el primer mandato del actual presidente de la Asociación Argentina de Tenis.
Apoyado en la mentalidad australiana, francesa y norteamericana, la apuesta de Morea era el perfeccionamiento en el exterior. El Colorado y Charly eran integrantes de esa cantera junto con Fernando Dalla Fontana, Guillermo Rivas y un nombre que luego haría historia en el tenis argentino: José Luis "Batata" Clerc.
Con sus amigos Batata y Dalla Fontana, el hoy marido de Adriana y el padre de Marc (17), Kurt (15) y Ian (14), viviría su mejor actuación deportiva. Transcurría 1977. En Vichy, la Argentina disputaba la final de la Copa Galea -la Davis para juniors- ante Francia, que tenía como promesa a Yannick Noah. Después de la primera jornada, la Argentina perdía por 2 a 0. Faltaban tres partidos. Clerc consiguió el descuento; luego, éste y Gattiker se adueñaron del dobles. Cuando volvieron al vestuario, lo miraron a Dalla Fontana. "Palo y a la bolsa..." Dicho y hecho. Llegó el 3 a 2, el título y el único festejo argentino en este certamen.
A la hora del tenis profesional, su capacidad para el dobles y la posibilidad de hacerlo con su hermano lo tuvieron como un especialista de esta actividad, en la que alcanzó el 70° lugar en 1982, temporada en la que como singlista fue 132° del mundo.
A mediados de los ochenta, el Colorado Gattiker decidió convertirse en entrenador. Comenzó con Roberto Argüello y, al poco tiempo, ocupó por primera vez la silla de capitán de la Copa Davis. Fue entre 1989 y 1990, año en el que la Argentina fue semifinalista por última vez. Después de perder ante Australia, abandonó el cargo por cuestiones éticas: "No se puede ser capitán y coach al mismo tiempo". Alberto Mancini lo había elegido como orientador. Tendría que esperar doce años más para tener una nueva oportunidad como capitán. No por falta de condiciones, sino porque en ese tiempo fue entrenador, además, de Hernán Gumy, Lucas Arnold, Luis Lobo, Daniel Orsanic, Sebastián Prieto, Mariano Hood y el uruguayo Marcelo Filippini.
Cuando finalizó el ciclo de Franco Davin, en octubre último, Gattiker, que ya era director de la Escuela de Alto Rendimiento, fue convocado otra vez por Morea. Y como lo definen sus ex dirigidos, este "obsesivo, organizado y silencioso trabajador que se dedica a lo que más sabe, el tenis" se aferró a la apuesta. Disfruta su primer triunfo, dicen que ya está pensando en los que vendrá. Su personalidad no le permitiría otra cosa.
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