
Un rugbier en Tribunales
El magistrado, que fue amenazado a raíz de la causa de los presos que salían a robar, es considerado un duro.
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El juez Alberto Julio Baños siempre fue tozudo. Cuando jugaba al rugby en la primera del San Isidro Club (SIC), un sábado de los años ochenta le tocó enfrentar a Serafín Dengra, el pilar de los Pumas reconocido por su larga cabellera rubia y su movilidad más propia de un tres cuartos.
-¿Por qué no lo probás a Serafo? -le pidió antes del partido un amigo que jugaba en San Martín, el club de Dengra.
Baños lo probó y el pack de San Martín fue para atrás durante los primeros treinta minutos. Hasta que Baños tuvo que salir por una seria lesión en el cuello. Estuvo siete meses sin jugar.
La dureza que entonces ponía en el juego lo caracterizaría después en su vida profesional. Quienes lo conocen en Tribunales, lo quieran o lo odien, dicen que es un duro.
La semana última, el nombre de Baños llegó a la tapa de los diarios después que recibió un pequeño féretro con una foto suya marcada con un punto rojo en la frente y una bala en su interior. Justamente a él, un militante del bajo perfil y poco amigo de los periodistas.
La amenaza está directamente vinculada con la investigación que Baños lleva adelante por el caso de los presos que salían a robar. Todo empezó el 18 de julio de 1998, cuando un grupo de delincuentes asaltó el restaurante Dolli, situado en Figueroa Alcorta y Tagle, en diagonal a Canal 7. Allí mataron al cabo de la Policía Federal Rubén Juárez.
La pesquisa enfrentó al juez con uno de los casos más turbios de su carrera. Las complicaciones comenzaron cuando testigos reconocieron en fotos y en rueda de detenidos a dos de los asaltantes: los señalados debían estar esa noche en prisión. Una red de corrupción entramada en el Servicio Penitenciario Federal comenzaba a develarse.
Cambio de camiseta
El juez no puede ocultar su pasado de rugbier. Alto, robusto, su físico lo delata.
Baños pasó del club Banco Provincia al SIC en la cuarta división. Y allí se quedó hasta llegar a la primera. Integró el plantel superior con jugadores de la talla de Madero, Petersen, Soares Gache o De Vedia, entre otros. Debutó juntó con el Tano Marcelo Loffreda (actual entrenador de los Pumas), en un partido contra San Luis. Baños jugaba de pilar derecho y ese puesto estaba cubierto por Insúa, a quien consideraba el mejor. De todos modos, jugó muchos partidos en primera y tomó parte de la gira que el SIC hizo por Europa y Sudáfrica en 1980.
Emilio Perasso, viejo entrenador del SIC y uno de los que estaba a cargo del equipo en aquella época, lo recuerda como "un muy buen jugador, muy aguerrido, muy sólido".
Después de aquella lesión, ya nada fue igual, y en 1982 dejó el rugby como jugador, aunque siguió ligado durante algún tiempo como entrenador de equipos de infantiles. Volcó su pasión por el deporte en el fútbol y jugó como arquero en algunos conjuntos del Poder Judicial.
El tiro también es un deporte. Cada tanto, el juez se saca el gusto y va hacer algunos disparos. Uno de sus habituales acompañantes es el actual jefe de la División Homicidios, el comisario Jorge Rodrigo. En la fuerza tiene gente que lo aprecia y en la intimidad lo llama "el monstruo" y "la bestia". Cariñosamente, claro.
Baños siempre vivió en la zona norte del Gran Buenos Aires. La primaria la hizo en la Escuela Nº 2 Teniente General Bartolomé Mitre, en Olivos, de donde egresó siendo abanderado. La secundaria la cursó en el Colegio Nacional de San Isidro y también terminó quinto año abanderado y con un promedio de 8,79. Se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires el 11 de octubre de 1987.
Empezó a trabajar en el Poder Judicial el 5 de julio de 1977, cuando tenía 18 años, en el Juzgado Civil Nº 15. Al año siguiente pasó al fuero criminal, donde hizo toda su carrera. Fue auxiliar de 7a. y de 6a. en el Juzgado de Instrucción Nº 12, auxiliar principal de 3a. en el Juzgado de Instrucción Nº 33 y auxiliar superior del Juzgado de Instrucción Nº 27, donde fue designado secretario por el entonces juez a cargo, Jaime Far Suau.
Enterado de que no integraba la lista de secretarios para cubrir las vacantes de jueces elaborada por el Ministerio de Justicia, Baños le escribió el 10 de agosto de 1992 a quien era al secretario de Asuntos Legislativos, Alfredo Colombo, para que se revisara su caso. "Obviar este intento de revertir la decisión adoptada sería una suerte de tácito y virtual reconocimiento de que la oportuna inscripción no era más que una aventura. Estoy convencido de que no lo es y por ello mi insistencia", argumentó.
Recibió el acuerdo para juez el 2 de junio de 1993, tras haber sido propuesto por el entonces ministro de Justicia, Jorge Luis Maiorano. Su pliego fue votado por los legisladores justicialistas Guillermo Snopek, Ricardo Branda, Juan Carlos Romero, Deolindo Felipe Bittel, Remo Costanzo, Antonio Cafiero y el liberal correntino Juan Antonio Romero Feris.
Juró el cargo el 27 de julio de 1993, el mismo día que también lo hizo la doctora Wilma López, la colega que investiga las amenazas a Baños y que la semana última también recibió un ataúd con una bala.
En la Justicia Baños tiene a algunos de sus mejores amigos, como el juez federal Juan José Galeano, quien le pidió que fuera el padrino de su hijo Santiago. En la era del menemismo su nombre sonó para pasar al fuero federal, pero el cambio nunca se concretó.
Su esposa, Laura Soulé, también trabaja en el Poder Judicial; es secretaria de una fiscalía correccional. El único hermano del juez falleció el año pasado en un accidente de aviación y su padre también murió hace algunos años.
Los fines de semana, si el tiempo lo permite, Baños se instala en una isla del Tigre, propiedad de la familia de su esposa. Hasta allí lo sigue la vigilancia de la Prefectura dispuesta después de las amenazas. En los ratos libres practica con su bajo eléctrico, instrumento que empezó a aprender a ejecutar de grande. "Es mejor que ir al psiquiatra y más barato", asegura. Sus amigos dicen que sus preferencias musicales van de Pappo, a Emerson, Lake & Palmer o Led Zeppelin.
Del doctor Far Suau no sólo heredó el juzgado 27. También le dejó una de las grandes incógnitas criminales y políticas de los últimos años: la causa por la mutilación de las manos del general Juan Domingo Perón.
Por su juzgado pasaron otras causas políticas. Durante un año tuvo un expediente en el que estaba acusado Jorge Domínguez, intendente en tiempos de Menem, por supuestas irregularidades en la mudanza del edificio de la ex Inspección General de la Municipalidad. Antes la había tramitado Mariano Bergés, que después fue recusado. Cuando la jueza María Gabriela Lanz recibió la causa ordenó la indagatoria de Domínguez y lo procesó.
En la causa tramitada por los empleados ñoquis del Concejo Deliberante, Baños procesó a los últimos presidentes del cuerpo, José Manuel Pico, Juan Trilla y Víctor Pandolfi, en una lista que incluía también a ex concejales y empleados administrativos. Luego, la Cámara del Crimen revocó el procesamiento de los ex presidentes del Concejo y confirmó los del resto. Los fiscales le pidieron que citara también al intendente Fernando de la Rúa, pero nunca lo hizo.
No es la primera vez que Baños es amenazado. El archivo de La Nación registra una intimidación ocurrida en mayo de 1989, cuando Baños era secretario y tenía una causa en la que había tres policías de la comisaría 19a. acusados de matar al joven Gonzalo Herlán cerca de la Facultad de Derecho. Los tres fueron condenados a 25 años de prisión.
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