
Un tornado arrasó un pueblo del sur de La Pampa
Un complejo deportivo fue destruido, volaron techos y cayeron decenas de postes de servicios
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SANTA ROSA.- Juan Funes dice que fueron sólo cinco minutos. Cinco minutos de un viento fortísimo, tierra, granizo, lluvia y destrucción. El pueblo pampeano de Ataliva Roca sufrió ayer a la tarde un tornado y quedó convertido en un campo de batalla.
El viento derribó totalmente un polideportivo con capacidad para 6000 personas, arrancó techos de casas y parrillas, tiró antenas de radios, arrancó de cuajo decenas de plantas y derribó la gran mayoría de postes de los cableados de la telefonía, televisión y electricidad.
"Alcancé a cerrar la puerta del garaje y se desató el viento. Hubo chapas volando por todo el pueblo", dice Funes.
"Me salvé por poco", sostiene. El portón de su garaje fue arrancado.
La localidad, de unos 700 habitantes, se encuentra a 45 kilómetros al sur de Santa Rosa. Es uno más de los tantos pueblos que, rodeado de médanos y campos de caldenes, dependen directamente del campo y que, por la sequía, está duramente golpeado.
Y ayer recibió otro mazazo. Hasta anoche, no se había informado desde el Servicio Meteorológico Nacional sobre la velocidad de los vientos.
El polideportivo -utilizado tanto para encuentros deportivos como culturales y sociales- era el orgullo de la localidad.
Tenía una capacidad para 6000 personas y fue inaugurado hace un año y medio. Uno de los primeros artistas en pisar su escenario fue el "Chaqueño" Palavecino.
No quedó casi nada. Solamente un par de paredes. El resto son hierros retorcidos. Ni la mayoría de las chapas quedaron: fueron esparcidas por la plaza, las calles y las casas vecinas.
El viento, fortísimo, no dejó víctimas. Todos alcanzaron a refugiarse en sus casas. Incluso, unos cincuenta niños que justo salían de una pileta de la colonia de vacaciones.
Una película
Horacio Ortiz sufrió la voladura del techo de su casa. Se llenó de agua. "Nunca había visto algo así. Parecía una película", sostiene Ortiz.
Son las 18.30 y los García miran el desastre desde unas reposeras. Hay un escape de gas. El olor penetra en cada centímetro del pueblo. Los García, como todos de Ataliva Roca, están sin luz, sin gas, sin teléfonos. Toman una gaseosa.
"Ahora hay que reconstruir Ataliva", sostiene, resignado, el intendente Martín Borthiry (PJ). Son las 19 y se llena de bomberos, empleados municipales y policías.
Anoche, Ataliva Roca parecía un pueblo bombardeado.
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