
Un tribunal disímil, sin miedo al consenso
Dos peronistas y un garantista.
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José Martínez Sobrino, Horacio Vaccare y María del Carmen Roqueta, los camaristas que condenaron ayer a reclusión perpetua al ex agente de inteligencia chileno Enrique Lautaro Arancibia Clavel se caracterizan por sus divergencias, pero ello no los afecta a la hora de impartir justicia.
Aunque, si en algo coinciden no es en imponer habitualmente penas tan duras. "Las disidencias son importantes porque cada uno valoriza una cosa distinta", dijo un funcionario judicial que los conoce bien.
Martínez Sobrino, nacido en Huesca, España, llegó a la Argentina cuando tenía pocos años. Estudió en el Colegio Nacional Buenos Aires y luego derecho en la UBA. Hizo su carrera judicial en Morón, desde donde llegó al Tribunal Oral Federal Nº 6. Hincha de Racing, casado con una jueza laboral de La Matanza, es un eximio gourmet , que a pesar de su ascendencia ibérica, se especializa en asados que nadie quiere perderse. "El Gallego", como lo llaman sus amigos, militó en su juventud en el peronismo y es bien conocido por su fino sentido del humor.
Roqueta también viene del peronismo histórico, a punto tal que en su despacho la acompaña una foto de Evita. Su incorporación al tribunal fue en principio resistida, porque sin carrera judicial, llegó a los estrados desde la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia, cuando el hombre fuerte allí era el ex ministro del Interior Carlos Corach. En este juicio, la familia Prats la recuerda como la que más se sensibilizó con su causa, más allá de lo jurídico.
Vaccare, que al igual que Martínez Sobrino, proviene de la justicia provincial, es quien tiene el perfil más jurídico de los tres. Este fue su último juicio junto a estos camaristas porque pidió su pase al Tribunal Oral Federal Nº 4, el que le fue concedido.
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