
Una casa de puertas abiertas para los vecinos de La Cava
Son 90 profesionales y voluntarios que ofrecen espacios de contención y asistencia
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Ella confiesa que allí se sacó "el cartel de inútil". Quienes la conocieron hace años y la ven ahora no pueden creer el cambio. Fabiana es mamá de cinco chicos y durante años fue víctima de la violencia familiar. Poco a poco, se fue minando su autoestima. Hoy es otra persona. Escribe poemas, aprendió a coser. Fabiana se puso de pie.
La Casa de Galilea fue la gran promotora del cambio. A metros de la villa La Cava, en San Isidro, 90 voluntarios y profesionales ayudan a los habitantes del asentamiento a descubrir las potencias que tienen dormidas. O que fueron eclipsadas por las innumerables carencias en las que viven.
Se estima que en la villa viven unas 2000 familias, algo así como 10.000 personas. Poco a poco, la Casa de Galilea fue abriendo espacios para brindar respuesta a muchos problemas: acompañan a las familias para resolver sus situaciones de violencia, tienen un centro de estimulación temprana; los chicos reciben educación en valores a través del arte; el grupo La Barca acompaña a las personas con problemas de adicción, y un equipo fomenta modos de vida saludables a través del deporte.
Eso no es todo: también atienden las necesidades básicas y colaboran para mejorar las viviendas, sostienen un comedor y huertas. Su foco es la problemática familiar. Desde la estimulación temprana de los más chiquitos de la casa hasta la contención de la violencia familiar. La Casa de Galilea es un centro de desarrollo humano y fortalecimiento familiar.
Todo comenzó en el Area Social de la parroquia Nuestra Señora de La Cava. Pero las necesidades los desbordaron. Y los empujaron a crecer y crecer, hasta ediliciamente. Empezaron a trabajar en un predio frente a la iglesia. Arrancaron con un proyecto, el centro de desarrollo humano y fortalecimiento familiar. Hoy tienen 15 propuestas en marcha.
"No tenemos la visión de un chico con problemas, sino del desarrollo integral del grupo familiar, del entorno, de su salud y educación", contó Alejo Fernández Mouján. Así pasaron del simple reparto de mercaderías a impulsar el verdadero desarrollo.
"Lazos de confianza"
"Vamos al encuentro, creamos lazos de confianza. Nos sentamos a su mesa y compartimos sus problemas", dijo Angie Rivera, una de las 30 operadoras barriales. "Es una experiencia hermosa, y muy rica, seguir el proceso hasta que se ponen de pie y asumen su propia vida", dijo. Los operadores son el nexo entre la fundación y el barrio. Caminan toda la villa, están cerca de la gente y siempre atentos a sus necesidades.
De hecho, Unicef los tomó como modelo de proyecto en barrios carenciados. "Nos visitan universitarios de los Estados Unidos para aprender cómo se hace desarrollo comunitario", agregó.
No sólo apuntan a mejorar las condiciones de vida de los habitantes de La Cava, también quieren integrar el barrio al resto de la comunidad de San Isidro. "Trabajamos en dos líneas: hacia adentro del barrio, que apunta a contribuir a su desarrollo, y otra línea que trabaja para generar puentes de comunicación con el entorno. Hacemos reuniones con los vecinos para que colaboren o simplemente conozcan esta realidad", explicó la coordinadora general, Edith Iraola. Ella comenzó como catequista de la parroquia. Después estudió trabajo social en la UBA y ahora cursa un posgrado en la San Andrés.
El primer gran paso es salir del pasillo. Sacar la cabeza fuera de la villa. "El proyecto de huerta ayudó a muchos hombres a salir de la depresión de no tener trabajo. Los abuelos también reviven cuando tienen la oportunidad de transmitir sus historias", contó Norma, otra operadora barrial.
"Que sean de La Cava tiene un gran peso... Tratamos de generar que ellos opten por proyectos de vida que creen otro camino, la posibilidad de soñar con que se puede", agregó el psicólogo Héctor Caride. El teléfono de la Casa de Galilea es el 4575-4214 y su mail es casadegalilea@yahoo.com.ar.
"Con nuestros recursos podemos ayudar a 500 familias, pero en La Cava viven 2000 -explicó Patricio Mainoli, uno de los Amigos de Casa de Galilea-. Con 100 pesos por mes se puede sostener a una familia."
Son descubridores de potencias. Ellos dan las herramientas para que se pongan de pie y empiecen a caminar.
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