
Una clientela de menores
Entre los consultados, la mayoría fue con amigos
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Si se consulta a los adolescentes que ya tienen piercing, la mayoría de ellos cuenta que fue a hacérselo con amigos y que no le exigieron la autorización de un mayor.
"A mí no me pidieron nada. Yo me hice el primero en el ombligo, hace tres meses, en la Bond Street. Fui con un primo. Y hace dos semanas me puse dos más en las orejas. Pero no me tuvieron que autorizar mis viejos. Sólo me preguntaron: «¿Tus papás te dejan?». Dije que sí y listo: me los hicieron", cuenta Fernanda García, que tiene 15 años.
Emanuel Aragón tiene por ahora más años que perforaciones: 18 años y 13 ganchos, siete de ellos en la cara: tres en la oreja, uno en el mentón, uno en la ceja, uno en la nariz y uno en la lengua. Dice que empezó a hacérselos cuando tenía 14. "A mi papá no le gustaba nada, pero ahora ya lo aceptó, porque yo terminé dedicándome a hacer tatuajes también", dice el adolescente.
El primero, hace 10 años
Leo Azar, de 22 años, se hizo el primer tatuaje a los 12. "Era un tumbero refeo. Mi papá, cuando me lo vio, me llevó a la comisaría. Quería averiguar quién me lo había hecho", dice el joven que hoy, con siete piercings (dos de ellos en las tetillas) es técnico contactólogo. Su última adquisición es una perforación en la unión de los dedos pulgar e índice. Se trata de un piercing que dura como máximo dos meses, porque al no tener cartílago, el agujero de la perforación empieza a correrse hacia afuera, hasta que expulsa la bolita de metal.
"No quedan cicatrices; sólo, si se repite el procedimiento varias veces, se te forma una bolita dura, que puede ser molesta", dice Leo.
Damián, de 16 años, en cambio, tuvo que ir tres veces al local de Mandinga, en Murguiondo 4071, Lugano. La primera vez, para averiguar, le dijeron que, como tenía 14 años, tenía que ir con la madre o el padre.
La segunda llevó a rastras a Rosa, la madre. No la convenció. El trabajo fino tuvo lugar esa semana. Y al final, la madre lo aceptó. El viernes último, fueron los dos al local. Ella pidió que le mostraran que todo estaba esterilizado. Y así, con dolor en el alma, asistió a la perforación que Damián se hizo sobre el párpado. "Bueno, te lo regalo yo para el Día del Niño", se quiso convencer ella.
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