
Una escuela de circo intenta alejar de la calle a los chicos de una villa
Funciona en Barracas y, tres veces por semana, da clases de malabares y acrobacias
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La edificación de mampostería es espaciosa y ventilada, y estará, en breve, íntegramente alfombrada. En su frente pintado con colores vivos, un malabarista ejecuta su acto. El dato no sería llamativo si no fuera porque la construcción se alza en el corazón de la Villa 24 de Barracas y a fin de mes será inaugurada como la primera Escuela de Circo Social de la Argentina.
Es un viejo sueño de los chicos de este barrio de viviendas precarias, perros sin dueño y calles polvorientas. Un sueño concreto, realizado por las secretarías de Promoción Social y Cultura del Gobierno de la Ciudad.
La escuela está concebida dentro del programa "La calle crea", cuyo director es Manuel Bemdersky, que a su vez coordina unos 109 talleres en otras villas, barrios necesitados y hospitales porteños.
Los aprendices de artistas de circo tienen entre 3 y 18 años. Y hasta -¡quién sabe!- podrían alcanzar un sitio en el Libro Guinness de los Récords, pues cuentan con un zanquista, Lautaro Ezequiel, de sólo 3 años.
En la Villa 24, o barrio Tres Rosas como también se llama, viven 500 familias cuyos jefes están desocupados en un 50%: la mayoría de las casas es sostenida por las mujeres.
La magia hecha realidad
Todo empezó cuando la artista de circo Mariana Rúfolo y la psicopedagoga Silvana Lorenzutti comenzaron a dictar, en la villa, un taller de zancos y malabares. Rúfolo asistió a cursos en Europa y mantiene vínculos con integrantes del famoso Cirque du Soleil, de Canadá.
Ese taller llevó a seis de los chicos de esta barriada, donde muchas familias viven el dilema de mandarlos a la escuela o a trabajar, a viajar por primera vez en avión: en Santiago de Chile, el año último, se realizó el primer encuentro de circos sociales de América latina, con representantes de Brasil, Colombia, Bolivia y Chile.
La Escuela de Circo Social, próxima a inaugurarse en la Villa 24, tiene como objetivo rescatar a los menores de las villas, que por las condiciones socioeconómicas y la expansión de la droga pueden hallarse en riesgo potencial. Paralelamente, les ofrece una posibilidad de trabajo.
Los chicos se entrenan durante varias horas diarias, luego de asistir a la escuela, y a razón de tres veces por semana. Prueban su equilibrio en los zancos, su destreza con los malabares y la acrobacia, y su valor en el trapecio. Cuando La Nación llegó a la villa para verlos en acción, Karina, una nena vivaz de 7 años, comenzó a reclamar a los gritos: "¡Pablo, ponéme los zancor! (sic)".
Pablo Holgado es el actor y maestro que los entrena al aire libre una tarde fría y ventosa. También dicta clases de teatro, porque, como corresponde a un artista que se precie, los chicos tienen que aprender actuación para enfrentarse al público.
"Por suerte pudimos construir estos soportes para trapecio y acrobacias afuera, porque durante cuatro años los chicos se entrenaron en el comedor", comentó el docente.
La construcción, donde funciona el espacio en el que se alimentan diariamente 150 chicos, tiene otro cuarto pequeño en el que se dictan diversos talleres (cerámica, tejido, música, tapiz, percusión, plástica, dibujo, títeres). Los chicos aprenden allí todas las técnicas del circo. "Me pone un poco nervioso enfrentar a la gente. Pero hay que divertirla", comenta Daniel, de 12 años.
Todos los chicos quieren ser artistas profesionales. Confiesan que les gustaría estar en la TV y viajar mucho. "A veces viajamos hasta el Parque Lezama, a Plaza Francia, al Parque de la Costa y al de la Ciudad. Y fuimos a ver el Circo de Ukrania", dice candorosamente Sergio, de 13 años.
Para Adrián (18), el circo es una buena razón para olvidarse de las carencias y alimentar las esperanzas. Cuando La Nación le pregunta si estudia, el joven baja la mirada, avergonzado, y responde: "Trabajo, pero pronto voy a volver al colegio". Abandonó en tercer año del secundario.
A la espera de oportunidades para lucir su arte, los chicos practican con dedicación. En noviembre próximo se realizará una convención de malabares y espectáculos callejeros. Vendrán artistas de Brasil, Colombia, Chile y Europa. Los entusiastas aprendices de la Villa 24 se pondrán sus trajes de colores y saldrán a la arena. El show siempre debe seguir.
El sentido de la iniciativa
La secretaria porteña de Desarrollo Social, Cecilia Felgueras, contó el origen de la Escuela de Circo Social. "La base son los comedores -dijo-. Desde allí se arma una infraestructura cultural y social (la canchita, la escuela de circo) donde suceden las cosas. En términos educativos, advertimos que comienza a generar cambios en la conducta de estos menores en situación de riesgo."
Felgueras precisó que esta infraestructura "orienta el uso del tiempo libre de los jóvenes. Luego, se convierte en un excelente camino para la reinserción escolar, porque el chico recupera las reglas de juego y el vínculo con un docente. La deserción escolar es un problema en crecimiento. Y el corolario es que el chico vuelve a tener autoestima personal y familiar".
Por su parte, el director de Promoción Cultural, Ricardo Manetti, subrayó que el circo significa un regreso a una cultura simple. "En la Escuela de Circo Social -resumió-, así como en los talleres, procuramos recuperar a los chicos de los males sociales."
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