
Una “familia que se amplía”: cómo es el proyecto que unirá a dos colegios tradicionales de Recoleta desde 2027
San Tarsicio y Misericordia de Recoleta acordaron una alianza que se concretará el próximo ciclo lectivo y que incluirá un novedoso esquema de codirección en los tres niveles
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A partir del ciclo lectivo 2027, dos comunidades educativas porteñas que hasta ahora transitaron caminos separados comenzarán una nueva etapa en común. El Colegio San Tarsicio y el Colegio Misericordia de Recoleta acordaron una alianza que reunirá a alrededor de 750 alumnos, según confirmaron a LA NACION. La comunidad unificada llevará el nombre de San Tarsicio y funcionará en el histórico edificio del Misericordia, en Azcuénaga 1630. Entre los cambios previstos habrá además un esquema de codirección en los niveles inicial, primario y secundario.
La decisión no nació en los últimos meses. Hace cuatro años, San Tarsicio comenzó a trabajar en un proyecto de crecimiento con un objetivo concreto: recuperar las dos divisiones por sala, grado y año que, según explicaron sus autoridades en diálogo con LA NACION, el colegio había tenido en otra etapa de su historia. En aquel momento recibían solicitudes de familias a las que no podían ofrecer vacantes por falta de espacio. “En un contexto donde todo cierra, nosotros estábamos buscando crecer y agrandarnos”, señalaron al reconstruir el origen de la iniciativa.
La búsqueda de alternativas llevó al colegio a establecer conversaciones con distintas instituciones. Hace dos años se produjo el primer contacto con el Misericordia y comenzó a tomar forma la posibilidad de avanzar con un proyecto conjunto. Las autoridades de San Tarsicio explicaron que encontraron una compatibilidad entre la intención que tenían de ampliar su propuesta educativa y la infraestructura y trayectoria de la institución de Recoleta.
En esas primeras conversaciones apareció también la historia de la Obra de la Misericordia. Según explicaron las autoridades entrevistadas, la Sociedad de Damas de Misericordia nació vinculada a dos obras fundacionales, un Hogar de Niñas y una Casa de Ancianas, y el colegio surgió posteriormente ligado al sostenimiento de esa tarea educativa. La sede fue construida en 1884 y esa dimensión social y comunitaria continuará presente en la nueva etapa. El proyecto llevará como lema “San Tarsicio, educando bajo la Obra de La Misericordia”.
Las dos instituciones llegan a esta alianza con trayectorias de distintas épocas. San Tarsicio fue fundado en 1980, cuando la familia Braun Cantilo inauguró un jardín de infantes con una propuesta de educación católica; dos años después incorporó el nivel primario y en 1985 habilitó el secundario, cuya primera camada de bachilleres egresó en 1989. El Colegio Nuestra Señora de la Misericordia de Recoleta fue inaugurado en 1900, aunque la historia de la obra que le dio origen se remonta a 1872, con la creación de la Sociedad de la Misericordia.
Al explicar el alcance del acuerdo, las autoridades de San Tarsicio señalaron que no proyectan una tercera identidad educativa surgida de la combinación de ambos modelos. “No es que estamos juntando A más B y formamos C. Para decirlo metafóricamente, es una familia que se amplía, que se agranda”, explicaron a LA NACION. Según detallaron, las dos asociaciones civiles avanzaron en una alianza que contempla la transferencia del servicio educativo y será el proyecto pedagógico de San Tarsicio el que se desarrolle a partir de 2027.
Durante la entrevista, y ante una consulta de este medio sobre otros procesos recientes entre instituciones educativas, surgió como referencia el caso de Los Robles. Las autoridades de San Tarsicio señalaron que se trata de modelos diferentes por la forma en que se concretaron. “Los Robles es una compra. Ellos compran un colegio y después, como lo compran siendo dueños, hacen lo que pensaron que era mejor para el colegio. Pero nuestro caso, en ese sentido, es una alianza”, explicaron. La comparación fue planteada para diferenciar aquel proceso de la modalidad elegida entre San Tarsicio y Misericordia.
Qué cambiará para los alumnos
Actualmente, San Tarsicio tiene 386 estudiantes y el Misericordia, 368, según precisaron las autoridades durante la entrevista. La integración llevará la matrícula a alrededor de 750 alumnos y permitirá avanzar hacia dos divisiones por sala y grado, el horizonte que había impulsado originalmente el proyecto de crecimiento de San Tarsicio. La cifra coincide con la estimación prevista para la nueva comunidad educativa.
La transición tendrá una particularidad en el secundario. Los estudiantes del Misericordia que ya cursan con sus actuales planes de estudio continuarán con ellos hasta completar su escolaridad, mientras que los nuevos planes comenzarán a implementarse desde primer año. De esta manera, durante los próximos ciclos convivirán distintos programas dentro de la institución.
Para esos alumnos, la continuidad del plan de estudios no impedirá incorporar otras actividades de la propuesta de San Tarsicio. “Van a tener actividades que tiene nuestro colegio hoy de tutorías, de retiros, de actividades. Si bien no podemos cambiar el plan de estudio, sí lo podemos enriquecer”, explicaron las autoridades.
El modelo pedagógico que se desarrollará contempla el aprendizaje a partir de preguntas y proyectos interdisciplinarios, una evaluación formativa orientada al proceso y el seguimiento personalizado de los estudiantes. La propuesta incluye además educación emocional, desarrollo de habilidades sociales e intensificación del inglés en los tres niveles, con especial énfasis en primaria y secundaria.
Para el nivel medio habrá dos orientaciones de bachillerato: Ciencias Sociales y Humanidades, y Economía y Administración. En el edificio de Azcuénaga 1630 habrá biblioteca, laboratorio, salón de actos y teatro, capilla y salas de informática y robótica, entre otros espacios.
Desde que el proyecto fue comunicado a las familias, los equipos directivos empezaron a trabajar en conjunto y el proceso continuará durante los próximos meses con actividades de integración entre autoridades, docentes, alumnos y familias. La transición se extenderá hasta febrero, cuando está previsto el comienzo de la nueva etapa educativa.
El desafío de la codirección
Uno de los aspectos particulares de la nueva estructura estará en la conducción. Habrá un director general y, por debajo de ese cargo, equipos de codirección en los tres niveles: dos responsables en inicial, dos en primaria y dos en secundaria. La intención, según explicaron las autoridades de San Tarsicio, es que los directivos que actualmente trabajan con cada comunidad continúen dentro del proyecto.
“Los directivos que existen hoy, que conocen a sus alumnos, su familia, su historia, van a seguir trabajando en este proyecto”, indicaron. El esquema también contempla conservar los cargos docentes y avanzar con instancias de capacitación y trabajo conjunto durante la transición.
La elección de la codirección, explicaron, también responde a una concepción sobre la manera de organizar el trabajo dentro de la escuela: buscan que la dinámica colaborativa que promueven entre los alumnos tenga su correlato en quienes conducen los distintos niveles. Los equipos ya comenzaron a trabajar juntos antes de que la integración se concrete formalmente.

Según señalaron las autoridades entrevistadas, existen experiencias de codirección en Estados Unidos, China, Nueva Zelanda y Australia. También afirmaron que no conocen antecedentes de este modelo en la Argentina. En este caso, el esquema permitirá mantener a los responsables que ya conocen a los estudiantes y a las familias de cada comunidad mientras se avanza en la adaptación al proyecto pedagógico común.
La elección del nombre fue otra de las definiciones. La comunidad integrada continuará como San Tarsicio y el vínculo con el Misericordia permanecerá tanto en el edificio como en la dimensión comunitaria y solidaria de su obra. San Tarsicio aportará su nombre, su propuesta pedagógica y su modelo educativo; el Misericordia, su sede histórica y su legado educativo y social.
Matías Jorba, presidente de la Comisión Directiva de San Tarsicio y exalumno de la institución, explicó durante la entrevista con LA NACION por qué se optó por conservar ese nombre. “Creíamos que estratégicamente era mejor, a nivel marca también, continuar con el legado mismo del colegio. En mi caso, además de ser el presidente de la Comisión Directiva, soy exalumno, y la verdad que para mí ver este crecimiento que se proyecta es un orgullo”, sostuvo.
Desde la otra comunidad, Ana Garzón Maceda de Mac Donough, presidenta del Consejo Directivo de la Obra de la Misericordia, puso el foco en la continuidad de una historia institucional que atravesó distintas conducciones. “Este proyecto no es una idea personal ni la obra de una sola gestión, sino el resultado del trabajo y la visión de las presidentas que me precedieron. Dar este paso es poner todo ese legado compartido al servicio de una propuesta aún más grande”, afirmó.
Una decisión que pasó por las familias
El proyecto debió atravesar además una instancia interna en San Tarsicio. Por tratarse de una asociación civil, la propuesta fue sometida a una asamblea de familias. De acuerdo con las cifras aportadas por sus autoridades, obtuvo un 95% de aceptación entre quienes participaron de la votación. “No fue una decisión que tomamos cuatro o cinco personas, sino que toda la comunidad votó y participó de la votación del proyecto”, sostuvo Jorba.
El presidente de la Comisión Directiva contó que también atravesó el anuncio como padre de alumnas de la institución y que sus hijas recibieron la noticia con entusiasmo. Para los estudiantes, el cambio implicará compartir las aulas con nuevos compañeros y conformar grupos más numerosos, mientras que los equipos educativos tendrán por delante varios meses de trabajo antes de que ambas comunidades comiencen formalmente la nueva etapa.
La alianza se produce en momentos en que la caída de la natalidad empieza a plantear interrogantes sobre la evolución de las matrículas escolares. Las instituciones sostienen que ninguna de las dos atravesaba una situación de cierre y las autoridades de San Tarsicio remarcan que su proyecto comenzó años atrás, cuando el colegio tenía familias aspirantes a las que no podía ofrecer vacantes.
Jorba consideró que el escenario demográfico terminó sumando otro elemento a una iniciativa que ya estaba en marcha. “Hay una realidad, hay una baja de la tasa de natalidad de la que todos somos conscientes. Frente a eso vimos esta oportunidad y, de vuelta, nos anticipamos”, afirmó. Desde su perspectiva, el acuerdo ofrece una respuesta diferente frente a los cambios que comienzan a atravesar al sector educativo: “Acá no hay colegios que cierran, hay una unión, hay una alianza y, sobre todo, un crecimiento”.
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