
Una mirada agnóstica a la realidad
El autor de "Las estrategias fatales" relativizó el valor de la democracia y defendió el derecho a la desinformación.
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Una mirada crítica, dominada por el escepticismo, y una visión que pone en duda el sistema de valores arraigado en la sociedad ofreció ayer el pensador francés Jean Baudrillard, en un dialogo abierto que mantuvo con 25 periodistas de La Nación .
Fiel a su estilo provocativo, generador de encendidas controversias y de actitudes que llaman a revisar, a tres años del fin del milenio, conceptos sociales predominantes, Baudrillard relativizó el peso de la democracia, los derechos humanos y el acceso a la información, entre otros valores que sustentan la actividad de todos los días.
El encuentro se realizó en el sexto piso de La Nación , donde el intelectual francés, de 68 años, respondió a preguntas de redactores y editores, que intentaron confrontar la visión escéptica de Baudrillard con reflexiones surgidas de la observación de la sociedad contemporánea.
Su crítica posición frente a valores establecidos, que en ciertos aspectos presentan un acercamiento al nihilismo, afloró a flor de piel en los primeros minutos del diálogo, cuando Baudrillard advirtió sobre algunas contradicciones que se observan en el mapa universal.
Los derechos humanos
Según su visión, el siglo que está recorriendo su último trecho ha sido un siglo agitado, en el que la humanidad pudo ver "cómo se puede cambiar de un momento a otro e incorporar valores totalitarios", en referencia a las cicatrices de la Segunda Guerra Mundial.
"Cuanto más se habla de los derechos del hombre, menos son respetados", fue la primera paradoja que advirtió, a la que definió como una "herida mortal para el sistema".
Extendió sus críticas a la democracia y dijo que su propia legitimidad aparece amenazada, al igual que todo el sistema de representatividad. "Ha desaparecido toda coherencia entre representante y representado", expresó, al describir su visión de la realidad y señalar que "hay masas que no son representadas, pero en el fondo tampoco lo quieren ser".
Categórico en sus afirmaciones, sostuvo que la gente ha perdido la ilusión frente a sus representantes y no cree más en el sistema . "Yo no me hago ninguna ilusión frente al sistema democrático", dijo, al suscribir su propia definición.
-¿Por qué no toma en cuenta algunos progresos reales registrados en la sociedad, como la consolidación de los derechos humanos y la democracia en América latina y en Europa del Este?
-En muchas regiones se ha visto una evolución en los derechos humanos, pero todavía falta mucho por lograr. La utilización de los derechos humanos tiene algo de perverso. Hay una especie de exportación de los derechos del hombre que se imponen en nombre de la democracia. Corremos el riesgo de ir hacia una suerte de control planetario, a través de los mecanismos de la democracia, que convierten a los derechos humanos en valores absolutos.
Paradojas del sistema
Baudrillard mencionó algunos "derechos contradictorios que son resultado del sistema de valores del cual hace gala la democracia", como el derecho del embrión a nacer y el de la mujer al aborto. "Hasta los movimientos fascistas se apoyan hoy en el derecho de reivindicar la diferencia, lo que puede producir efectos terribles", sentenció.
Para el intelectual francés, la inestabilidad política que se produce en países como Italia, por ejemplo, no afecta la vida de la sociedad porque se ha constituido un sistema de vida paralelo, que actúa con total autonomía respecto del Estado.
En el diálogo con los periodistas, Baudrillard confesó que él se define como un agnóstico frente a los medios.
Apoya su postura en la visión que tiene de los medios periodísticos, a quienes identifica con las encuestas.
"El problema de los medios es que no constituyen más un sistema de representación. Un ejemplo de ello son las encuestas, que crean un modelo artificial mediante el cual se exhibe una representación fantasmagórica de la realidad", precisó.
De espejo a laboratorio
Baudrillard está convencido de que "las encuestas parecen el espejo de la opinión pública, pero en realidad operan como un complicado laboratorio". A su juicio, la opinión pública no tiene manera de existir, vampirizada por las encuestas.
Sostuvo que "en lugar de representar el estado de las cosas, las encuestas lo enmascaran, con lo cual esconden el hecho de que ya no existe la opinión pública. Hay una superposición del mundo real y otro virtual, que es el de los medios", afirmó.
Frente a esta cruda realidad, el intelectual francés no encuentra una causa. No se puede atribuir la responsabilidad a los avances de la tecnología, a la política o a la pasividad general. "El problema es, precisamente, que no hay una causa. Si no, se podría reparar o encarar estrategias", reflexionó.
Desinformación necesaria
El abundante caudal de noticias no convence al pensador francés. "Un poco de información nos permite actuar. Mucha información nos paraliza", es su axioma. Se pronunció abiertamente en favor de la desinformación y en contra del "proceso de acumulación exponencial".
La pregunta surgió espontánea: "¿Quién determina ese nivel de desinformación necesaria? ¿Usted, un presidente, un comité?
Explicó que hay dos niveles: un límite objetivo, que es la autodestrucción del sistema, y un hecho subjetivo, que en un momento dado produce un paro técnico mental.
Cada uno su propio espacio
Ante la pregunta de cuál es el rol de los medios frente al exceso de información, respondió:"Cada uno puede tratar de preservar su espacio simbólico, reencontrarse con un espacio vacío, un lugar para respirar. La indiferencia, el silencio, la huelga son las únicas herramientas capaces de hacer un contrapeso antagónico al sistema".
La desconfianza de Baudrillard se extiende hacia otras formas de manifestaciones culturales, opuestas al régimen establecido, como el movimiento hippie o el pacifismo, las consideró insuficientes por efímeras.
Tampoco lo entusiasma la ecología. "No creo que sea una alternativa. Es una forma sutil de imperialismo, la parte inversa, pero integrada de la tecnología; es una ideología de la supervivencia".
Frente al modelo de sistema predominante y la sociedad que lo conforma, denunció una complicidad perversa y suicida. "Toda tecnología es una empresa de desaparición y la especie humana es su cómplice", concluyó.
A la serenidad reflexiva se opone a la irreverencia
Simulación sin frontera: el intelectual francés, nacido en Reims, está habituado a cruzar límites en su destino de pensador.
En principio, la personalidad y las ideas del pensador francés Jean Baudrillard parecen opuestos. Su serenidad refexiva y su economía de gestos contrastan con la irreverencia de sus conceptos, que provocan la controversia aquí y allá.
Baudrillard nació en Reims en 1929. Se confiesa algo tosco y vulgar y lo atribuye a su origen campesino, ese mismo que lo mantiene crítico frente a los otros pensadores. "En cuanto hay tres intelectuales juntos, la situación se torna insoportable", dijo alguna vez.
A los veinte años comenzó a escribir textos poéticos, a partir de Barthes, Artaud, Rimbaud y Hšlderlin (de quien se considera fanático), y críticas literarias para la revista Les temps modernes. Aún no lo atraía la racionalidad filosófica.
Tuvieron que transcurrir casi dos décadas para que se atreviera a cruzar el primer límite de cuantos se atravesarían en su destino de pensador: el que separa la "simulación" del arte y la investigación de la realidad. En 1966 defendió su tesis de sociología en la Universidad de Nanterre, sede clave del movimiento de mayo de 1968.
Quizás impulsado por ese movimiento, se lanzó a la teoría con "El sistema de los objetos" (1968). Por entonces tenía 39 años. Así fue como canjeó definitivamente el juego de la inspiración por la interpretación del mundo. Tanto es así que hoy la palabra "poético" le produce cierto fastidio.
El segundo límite
Luego vinieron obras como "La sociedad de consumo" (1970), "De la seducción" (1979), "Las estrategias fatales" (1983), "La transparencia del mal" (1990), "La Guerra del Golfo no ha tenido lugar" (1991), y "La ilusión del fin o la huelga de los acontecimientos" (1992). Allí se atrevió a pisar el segundo de los límites que vislumbró en su camino racional: el de la realidad.
Revolucionario aggiornado, Baudrillard propone reaccionar frente a un entidad que denomina "sistema", una abstracción global, una especie de horizonte de desaparición de las cosas signado por la estandarización y lo trivial.
El "sistema" es, según este pensador, el culpable de la crisis democrática, de la apatía de los votantes y de la falta de representatividad de los políticos. Y los medios de comunicación son, en parte, responsables de semejante estado de cosas, porque proveen "simulaciones" de lo que en verdad sucede y lo hacen en un caudal tan profuso que terminan paralizando al público.
No faltan quienes tachan a Baudrillard de "charlatán", como Mario Vargas Llosa, o quienes lo acusan de pesimista. El los desafía cruzando otro límite: el que separa la teoría de la práctica."Todo es reversible -asegura-. Es necesaria una reacción ofensiva de la gente, que haga contrapeso con el sistema. La indiferencia, la huelga, el silencio y el secreto pueden ser útiles para producir una desconexión con lo establecido."
En definitiva, las ideas de Baudrillard parecen destinadas a traspasar, a caballo de la controversia, el límite más cercano para todos: el del fin del milenio.
Frases contundentes
- "Cuando más se habla de los derechos humanos, menos se los respeta."
- "Hay una utilización casi perversa de los derechos del hombre; se exportan: en nombre de la democracia, los grandes países imponen estos derechos."
- "Yo sería más bien un agnóstico, que en el margen de la religión tiene hacia Dios un punto de vista irónico:Dios existe, pero yo no creo en El."
- "No somos nosotros los que pensamos el mundo. Es el mundo el que nos piensa."
- "Un poco de información aumenta la responsabilidad, la posibilidad de intervenir. Mucha información paraliza. Estoy por la desinformación."
- "La indiferencia, el silencio, la huelga son capaces de hacer un contrapeso antagónico al sistema; pero no son políticamente representables. No hay que pensar que habrá un partido de la indiferencia."
- "La ecología es un ideal de resignación, un valor pobre respecto de la vida."
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