Una periodista estadounidense, que casi queda varada en la Argentina, elogió la cuarentena del país frente a las políticas de EE.UU.
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Una periodista estadounidense, que se encontraba de vacaciones en El Calafate cuando el Gobierno nacional empezó a tomar medidas drásticas contra la pandemia, puso en palabras la odisea que tuvo que vivir para volver a los Estados Unidos.
"Estar allí cuando el país sudamericano tomó acciones sin precedentes me dio un panorama de cómo podría haber sido si Estados Unidos hubiera tomado en serio al Covid-19 desde el principio. Y casi me deja atrapada a 5000 millas de mi hogar", recordó Megan Molteni de sus ajetreados días en Argentina.
Molteni se encontraba de vacaciones, en un viaje por la Patagonia que venía planeando hace un año junto a su pareja y cuyo destino final era Torres del Paine, en Chile. En ese entonces, como muchos, fue incapaz de predecir que las fronteras se cerrarían abruptamente.
"Debería haberlo sabido", se recriminó la periodista, que hace meses venía cubriendo para la revista Wired la explosión del coronavirus en Wuhan, "mis propias decisiones fueron sesgadas por el tenor de la respuesta estadounidense a la crisis del coronavirus". En ese momento, Estados Unidos pasaba la barrera de los 500 casos, mientras que en Argentina solo se habían detectado 8.
Molteni ya se encontraba infringiendo la orden de guardar cuarentena como todo turista de zonas de riesgo, pero luego de conversaciones con la embajada estadounidense, su determinación era una sola: volver a casa.
Así fue como casi queda varada junto a su pareja en El Calafate cuando el ministro Mario Meoni anunció la suspensión de vuelos domésticos y transportes de larga distancia. Luego contó que quebró la cuarentena: "Con el corazón latiendo con fuerza, y las axilas empapadas", lograron burlar un control sanitario y escabullirse en el último vuelo hacia Buenos Aires. Allí, un último intento hasta Minneapolis a través de Panamá.
"En el aeropuerto de Buenos Aires, me uní a docenas de potenciales pasajeros, apiñados alrededor del tablero de salidas, viéndolo pasar de azul a rojo intermitentemente. Uno por uno, los vuelos programados para partir antes del nuestro fueron cambiando de "a tiempo" a "cancelado". No había televisores en la terminal. De haberlos habido, habrían estado transmitiendo un discurso que el presidente Fernández estaba pronunciando desde el interior de su residencia, anunciando el cierre nacional completo e inmediato", narró la cronista.
"Cuando la nariz de nuestro avión se despegó de la pista, pareció un milagro", aseguró. Pero una vez en Panamá, pudo tomar dimensiones reales de lo que estaba sucediendo, cuando se enteró de que allí estaban entrando en vigencia restricciones similares a las argentinas. La periodista le adjudicó este "efecto dominó" latinoamericano al cambio repentino de las políticas argentinas con respecto al coronavirus, en el lapso de una semana.
Finalmente, Molteni pudo llegar a Estados Unidos, y comprobó aterrada la diferente percepción que se tenía allí del virus en ese momento. "Desde mi apartamento en Minneapolis veo que la cifra de muertos en los Estados Unidos aumenta sin sentido todos los días, preocupándome por mis amigos médicos y familiares que han sido llamados a trabajar en salas de emergencia. Siento que ya sé lo que sucede cuando ponemos el dinero antes que la ciencia. Y elegiría a la ciencia cualquier día", concluyó.
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