
Una versión porteña de Little Italy
Está cerca del zoológico y hay más de 50 restaurantes en los que predomina la "vera" cocina italiana
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El entorno está lejos de parecerse a ese legendario rincón de Mulberry Street, en Manhattan, la patria chica de la Cosa Nostra y de otros muchachos de armas tomar. Pero, en materia de gastronomía, la versión local no tiene nada que envidiarle.
Al contrario. Mientras en Nueva York el famoso barrio italiano desaparece devorado por el avance implacable del Chinatown, acá, en Buenos Aires, el "epicentro" de la pizza, el risoto y la melanzanne a la parmigiana se expande a toda velocidad, al punto de que los vecinos rebautizaron la zona.
A ese puñado de cuadras que se extiende a lo largo de Cerviño y Cabello, entre República de la India y Salguero, ya no le dicen Palermo Verde (por el frondoso cinturón de plazas y parques que las rodean). Ahora es el Little Italy, la "pequeña italia" porteña.
Así las cosas, y al revés de otras áreas de Palermo, este circuito creció a contramano de ese concepto fashion que desde hace unos años barniza casi todas las propuestas culinarias.
Con ambientaciones menos pretenciosas, en unas pocas cuadras se concentran más de 50 trattorias, restaurantes, deliveries, rotiserías, cafeterías, panaderías y heladerías con sello tano y cartas inspiradas en las recetas de la "nonna". Y lo más reconfortante es que en el Little Italy no hace falta llevar la lupa en la cartera para encontrar la comida en el plato: ahí se mangia como en casa.
Vecinos gourmet
Familias jóvenes, solteros profesionales, mascotas con y sin pedigree, pocas oficinas, mucha tertulia en la mesa de los bares. Ese es el perfil de los vecinos, que de noche acaparan las mejores mesas y los sábados al mediodía deambulan en jogging buscando dónde almorzar al sol. Como consecuencia del clima entre íntimo y amigable, en los últimos dos años subió la demanda de inmuebles, pese que esas cuadras son las más caras de la ciudad, después de Barrio Parque. En poco tiempo se instalaron tiendas de ropa (menos "modernosas" que en el Soho, pero donde se consiguen todos los talles), casas de decoración, zapaterías y otras variantes culinarias, como vinerías, cocina vegetariana y otra especializada en frutos de mar, repostería para chuparse los dedos, y ¡hasta hay un delivery de lasagna!
Según Gabriela Goldszer, de Ocampo Propiedades, en 2003 hubo quienes pagaron hasta 2500 dólares por el metro cuadrado de un departamento, y en la calle Salguero la demanda agota la oferta de locales comerciales en alquiler. Sumado a esto, a fines de este mes comenzarán a construir dos poderosas torres sobre República Arabe Siria, a media cuadra de Cabello.
"La particularidad de esta zona -dice Franco, encargado de Itamae, una cadena de sushi bar que aprovechando el movimiento abrió una sucursal hace 8 meses- "es que los vecinos son fieles, se abastecen acá, los sábados a la noche no emigran a otras zonas para salir a comer o hacer compras. Se quedan acá porque tienen todo a mano", agrega y destaca que en un radio de cinco cuadras operan las cadenas de supermercados más grandes de la ciudad.
Los pioneros
"Dicen que todos vinieron por mí" -sostiene Carlo Sosto, un calabrés puro que hace 25 años inauguró su boliche frente al zoológico, en República de la India casi Cabello-. Guido´s es un lugar distinto; no hay menú ni lista de precios, y se come lo que Carlo quiere ("y al que no le gusta, se va").
Hay que armarse de paciencia para dar con una mesa, pero el antipasto de Carlo lo merece. "Y la verdad es que soy el único que trajo a la zona la verdadera cocina mediterránea", agrega, humilde.
Sus dos hijos, criados en el barrio y nutridos de la cocina regional calabresa, abrieron hace unos meses Lucky Luciano, sobre Cerviño, un comedor ambientado como para recibir a Don Corleone y su banda de capos. A pocos pasos de ahí están Bella Italia, la heladería Volta y Persicco, Pizza Cero, Romario y sobre Cabello se encuentra Big Mamma, otro pionero de la zona y el único restaurante de esta ciudad en el que se puede entrar con el perro.
Al lado se instaló Pizza Kunst, un delivery que comparte la vereda con Miguel, el librero ambulante que nutre de cuentos y novelas a los vecinos del barrio. Y en la línea de las delikatessen es imprescindible mencionar a Taura, una carnicería con venta de productos de campo que rompe con la imagen de aquellos típicos mostradores adornados con pollos desplumados, tira de chinchulines y reces colgando de un gancho.
Ladrillos con historia
ElLittle Italy también conserva sus espacios históricos, además del centenario zoológico que hace de límite con la plaza Italia.
Hay varias casonas señoriales metidas entre las torres de departamentos con gimnasio y solárium, pero los edificios que más se destacan por su valor patrimonial son el Palacio de los Patos, el de los Gansos y La Colorada. El primero ocupa media manzana sobre Ugarteche, entre Cabello y Gutiérrez, y fue bautizado Los Patos (pobres, en lunfardo), porque así les decían a los argentinos venidos a menos a causa del crack de 1929, año en el que fue construido el edificio, cuyos departamentos dan a un hermoso jardín interior.
En la esquina de Ugarteche y Las Heras está Los Gansos (ganso era sinónimo de tonto, aunque eso nunca fue indicador del temperamento de los vecinos), una torre racionalista levantada en 1942, y con 70 departamentos de espaldas a la calle. El más antiguo es La Colorada, una construcción de 1911 emplazada en la esquina de Cabello y República Arabe Siria, hecha con materiales ingleses y que antaño fue vivienda del personal jerárquico de los ferrocarriles. Una cuadra más abajo está el boulevard Cerviño, refugio nocturno de los enamorados, y muchos aprovechan el poco tránsito de la vereda del zoológico para correr, pasear el can o andar en bicicleta.
En fin. Para quienes gustan perderse en la ciudad para descubrirla, el Little Italy es un plan perfecto. Eso sí, no apto para los que están a dieta.
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