
Vender banderas no es buen negocio
Los fabricantes del ramo lo atribuyen a la recesión combinada con una pérdida de patriotismo
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Vender banderas argentinas no es un buen negocio. Como confirmación de una tendencia que ya tiene algunos años, el 25 de Mayo último registró la menor cantidad de ventas de símbolos nacionales de las últimas décadas.
Los fabricantes del ramo lo atribuyen a una combinación de los efectos de la recesión con una progresiva pérdida de sentido patriótico, mientras ensayan estrategias para mantenerse en el mercado.
"Bajan las ventas porque baja el poder adquisitivo. Si no fuera por las escarapelas que compraron los shoppings para regalar a sus clientes el 25 de Mayo, las ventas este año hubieran sido prácticamente nulas", se lamenta Carlos Caprav, dueño de Antigua Casa Cesto, que desde hace 52 años se dedica a la fabricación y venta por mayor y menor de banderas y escarapelas.
En su local en Palermo se pueden adquirir banderas argentinas y extranjeras de todos los tamaños, pero también banderas institucionales para empresas, bolsos, carteras, toldos y paraguas.
"Las banderas tienen una época de ventas, pero después tengo que mantener el negocio y a la gente ocupada", justificó en su pequeña oficina, a la que acaba de llegar por fax un pequeño alivio entre tanta recesión:la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) pide un presupuesto por "80 banderas nacionales ornamentales de 80 por 1,50".
Tiempos mejores
En la comercialización de banderas, la demanda tiene un ciclo definido en el año. Según los fabricantes consultados, la época de mejores ventas comienza en marzo de cada año, con el inicio de las clases, y se extiende hasta fines de mayo, con el 25 como fecha clave.
"El 25 de Mayo es para nosotros como el Día del Niño para un juguetero. Sin embargo, este año se vendió un 25% menos que en las últimas décadas", señaló a La Nación Alberto Kohan -"nada que ver con el ex secretario privado de Menem, ni lo conozco", se apresuró a aclarar-, dueño, junto con su padre, Mauricio, de Antártida Argentina, una fábrica de banderas que tiene 51 años.
Orgulloso, cuenta que ellos fabricaron la gigantesca insignia patria con que el gobierno de Carlos Menem inauguró a principios del año último el renovado mástil que está detrás de la Casa Rosada, y que luego fue reemplazada por otra, más pequeña.
Kohan recuerda tiempos mejores: "Antes, los actos escolares se celebraban el mismo día en los colegios y eran un verdadero acontecimiento. Hoy la gente ya no embandera sus casas", se lamentó.
Hay momentos, sin embargo, en que el patriotismo renace, como los mundiales de fútbol o las elecciones.
"El récord de venta de banderas que recuerdo se produjo en la Guerra de las Malvinas, en 1982, seguido por el Mundial de México 86", hizo memoria Daniel de Benito.
Con 39 años y 22 en el negocio, inauguró hace cinco su propia empresa de fabricación y venta mayorista de banderas, escarapelas y, últimamente, buzos y remeras, en la localidad de Avellaneda.
Según De Benito, su empresa Nuevo Milenio logra sobrevivir gracias "a nuestra presencia en todo el país, el packaging de los productos y nuestra estrategia de ventas".
"Este año hicimos descuentos, negociamos los pagos con los clientes y somos más flexibles en los tiempos de cobro", se resignó De Benito. "Así vendimos un poco más, pero ganamos menos." Pero no todo está perdido:Nuevo Milenio acaba de ganar una licitación en el Ministerio de Educación para proveerlo de 100 banderas de ceremonias completas por un total de 15.000 pesos.
En el mercado, una bandera "de izar" clásica cuesta entre 7 y 9 pesos. Una de ceremonias, entre 70 y 90 pesos. Una escarapela puede adquirirse por un precio que oscila entre los 5 y 10 centavos, según la cantidad.
Buenos clientes
Las dependencias oficiales, ministerios, escuelas y embajadas son algunos de los clientes habituales de las fábricas de banderas. En los últimos tiempos, sin embargo, las empresas privadas se convirtieron en clientes redituables.
"Estamos vendiendo muchas banderas institucionales de empresas durante todo el año", cuenta Caprav, aunque aclara que la mejor época para esos productos comienza en septiembre, cuando el buen tiempo facilita las promociones y eventos al aire libre.
En la misma lógica comercial, muchos shoppings, bancos y supermercados adquieren en las fechas patrias grandes cantidades de escarapelas para regalar a sus clientes y emblemas con los colores patrios para decorar sus locales. Las banderas provinciales y las de los países del Mercosur son otros productos requeridos cada vez con mayor frecuencia.
El decreto de la discordia
El mercado de los fabricantes locales de banderas se vio sacudido hasta hace días por un decreto firmado el 12 de agosto último por Carlos Menem, que establecía como fecha límite el día de mañana para que todas las dependencias nacionales y provinciales reemplazaran sus banderas en uso por otras nuevas, de acuerdo con una serie de normas _para las telas, colores, el diseño del sol_ explicitadas en ese decreto.
Lo que encendió las sospechas fue que sólo una empresa, Antártida Argentina, estaba en condiciones de cumplir con esa reglamentación. "Somos la única empresa que sigue las normas IRAM que existen desde hace quince años y que este decreto institucionaliza", explicó Alberto Kohan. Esas normas incluyen, por ejemplo, una tela de poliéster mucho más gruesa que la que se usa habitualmente, que, entre otras cosas, hace que las banderas de los Kohan cuesten unas seis veces más que las del resto de los fabricantes.
"La tela que se usa actualmente responde bien, no hay por qué cambiarla. Con esos costos, para tener ganancias hay que vender cantidades inmensas, y eso es imposible", argumentó Caprav.
Por ahora, los fabricantes volvieron a respirar tranquilos. El gobierno actual, a instancias del Ministerio del Interior -que actúa como "guarda de los emblemas y símbolos patrios"-, resolvió el jueves último suspender el decreto de la discordia por 180 días, y eventualmente anularlo, "mientras se analizan las condiciones técnicas para que puedan participar otras empresas en las licitaciones".
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