Vender pelo, otro negocio de la crisis
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ROSARIO.- La necesidad de conseguir dinero empujó a unos 400 rosarinos a ofrecer su cabello para la venta en una casa dedicada a la fabricación de pelucas que difundió, por medio de una emisora de radio local, que estaba dispuesta a pagar hasta 300 pesos el kilogramo de pelo.
La oferta resultó tan grande que la firma, una pequeña empresa familiar con más de 50 años en el ramo, se vio obligada a suspender las compras, ya que, en dos días, logró cubrir el cupo de materia prima que requiere para un año de producción.
"Lo que vivimos estos días fue una locura. Vino una persona detrás de otra, parecía que todo el mundo se había puesto de acuerdo para venir a vender el cabello a nuestro negocio", aseguró a LA NACION el titular de GA Pelucas Beauty Center, Gustavo Durán, y, sin salir de su asombro, agregó: "Vino gente humilde, pero también de clase media. Un hombre, que se bajó de un buen auto y traía en una bolsa de plástico el cabello de su mujer, nos confesó que esperaba sacar dinero, por lo menos, para pagar el seguro del coche".
De sorpresa en sorpresa
"En un primer momento nos sorprendimos de que viniera tanta gente, ya que nunca antes nos había pasado una cosa parecida, ni siquiera cuando publicamos avisos en el diario ofreciendo comprar cabello -confesó Durán-, pero después se armó una movida tan grande que nos dio un poco de miedo. Nos dimos cuenta de que la mayoría de los que se acercaban al negocio tenían problemas económicos graves y que nosotros, por más que pusiéramos la mejor voluntad, no se los íbamos a poder resolver."
La versión de que la casa de belleza compraba cabello para fabricar pelucas se esparció después de que la encargada del local de venta al público de la firma, Mariana Moglione, contó en una emisora de FM a qué se dedicaba la empresa. "Vinieron a hacerme una nota en broma sobre los quinchos de los hombres y terminamos hablando del negocio -contó Moglione-. La gente se enganchó y empezó a llamarnos por teléfono y a venir para vender su cabello", dijo.
Fueron dos días durante los cuales el local que GA Pelucas posee en Italia 948, en pleno centro rosarino, estuvo lleno.
Compras suspendidas
"Al final, tuvimos que poner un cartel en la puerta en el que avisamos que las compras estaban suspendidas hasta el mes próximo. Lo hicimos no sólo porque tenemos cabello de sobra para satisfacer la demanda de nuestro clientes, sino también porque nos quedamos sin dinero. A nosotros no nos va mejor que al resto de los argentinos, así que tuvimos que poner un límite para no quedarnos sin efectivo", agregó Moglione.
"La desesperación de la gente nos obligó a poner las cosas en perspectiva -continuó-. A última hora de ayer (por anteayer) llegó una pareja con una niña pequeña que había venido de Venado Tuerto (localidad situada 170 kilómetros al sur de esta ciudad) sólo para vender el cabello. Cuando el hombre se enteró de que ya no comprábamos más se puso muy nervioso y nos rogó que hiciéramos una excepción, porque, si no, no iban a tener con qué volverse a su casa. Ante tal panorama no pudimos decirle que no."
La historia de las pelucas argentinas es más o menos parecida a la historia de los avatares económicos locales.
"Hace tiempo que se habían dejado de fabricar pelucas en el país, porque era muy difícil competir en precio y calidad con las importadas. Así fue como primero se decidió comprar el pelo artificial en los Estados Unidos y fabricar las pelucas en el país, pero luego se pasó a la etapa en la que todo se traía de afuera. Ahora, con la disparada del dólar, ya no se puede seguir comprando en el extranjero, así que volvimos a producir en el país. El problema es la materia prima, el cabello natural, que antes se traía de Rusia y ahora hay que comprarlo acá", detalló la encargada del local de GA Pelucas.
El desafío de volver a producir
- ROSARIO.- Como muchas firmas que oportunamente se especializaron en cabello sustituto, GA Pelucas Beauty Center abrió sus puertas en 1951, cuando estaba de moda usarlas. El negocio atravesó épocas doradas y luego decayó, aunque siempre se mantuvo. "En un momento dejamos de fabricar porque era más barato importarlas", explicó Gustavo Durán, titular de la firma. Ahora, el desafío es volver a producir. "Esa es nuestra meta, aunque sabemos que es un negocio difícil porque, con la crisis económica, va a ser más duro encontrar clientes", dijo.
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