
Victoria Mon no iría a prisión pero tendrá que trabajar gratis
Caso Acuña: once días después de que la acusada dijo que no se sentía responsable de la muerte de Juan Pablo, la jueza Nocetti de Angeleri pronunciará hoy la sentencia; no se espera una condena de cumplimiento efectivo.
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La jueza María Nocetti de Angeleri dará a conocer hoy la casi segura condena de María Victoria Mon. La joven de 21 años está acusada de atropellar con su camioneta a Juan Pablo Acuña y de haber hecho, posteriormente, una falsa denuncia.
Mauro Divito, el fiscal, solicitó el una pena de dos años y seis meses de prisión en suspenso. Si la magistrada convalida su pedido, la joven no iría a la cárcel pero debería trabajar gratis en una institución de bien público y abtenerse de consumir alcohol y estupefacientes durante el tiempo que dure su condena. Tampoco podría conducir automóviles durante los próximos ocho años.
En su alegato, Divito criticó que la opinión pública hubiera condenado desde el comienzo a un inocente (toda persona lo es hasta que se demuestra lo contrario) y expresó sus reparos por la gran trascendencia que se le dio a este caso.
"Hay que distinguir los dos hechos. -aconsejó el fiscal- Una cosa es el homicidio culposo (cometido sin intención) y, otra distinta, la conducta posterior y cobarde de la acusada". Los delitos que se le imputan a Mon son excarcelables y prevén, juntos, una pena máxima de 4 años de prisión.
Los abogados de la familia Acuña, Roberto Daray y Luis Ricca, pidieron -tal como lo adelantaron desde la primera jornada de audiencia- una pena de tres años y tres meses de prisión de cumplimiento efectivo. Según contaron los querellantes a La Nación, su petición se basó sobretodo en la conducta que Mon adoptó luego de atropellar a Acuña.
La joven no se detuvo a auxiliar a la víctima y luego de pasar por un bar, su casa y una disco, se dirigió a la comisaría 6a. y aseguró que le habían robado su vehículo mientras bailaba junto a dos amigas. Daray, en su alegato, criticó a la joven por "su evidente egoísmo y su falta de solidaridad". Además de valorar que Mon no respetó el semáforo de Figueroa Alcorta y Tagle antes de impactar a Acuña, aseguró que las "tres chicas iban distraídas". Por su parte, la defensa de Mon reclamó su absolución por el delito de homicidio culposo en tanto que pidió que se la condene por el de falsa denuncia que la joven confesó. Los doctores Rodolfo Ferré y Gonzalo Vergara intentaron descalificar a dos testigos que dijeron que la joven cruzó un semáforo en rojo y recorrieron jurisprudencia para fundamentar su pedido.
El accidente ocurrió el 1° de julio de 1995 cerca de las 3 de la madrugada cuando Juan Pablo regresaba de una salida con amigos. El chico cruzaba Figueroa Alcorta, entre Tagle y Castilla, y fue arrollado por la camioneta que Mon conducía junto a sus amigas, Carla Mazzei y Solange Müller. El menor de los Acuña murió tres días después.
Unidos por el destino
En las cinco jornadas de juicio oral y público por la muerte de Juan Pablo Acuña, la jueza Nocetti de Angeleri escuchó los testimonios de 36 testigos. Como pocas veces ocurre en los procesos judiciales, todos los citados se presentaron puntualmente a la cita para dar su versión de los hechos.
Cinco peritos, los tres médicos que atendieron al chico de 14 años en el hospital Fernández antes de que falleciera, los policías que tomaron la falsa denuncia de Mon y varios amigos de la acusada y de la víctima -que se conocían entre sí- , pasaron por el recinto. Con sus dichos, más de una vez, hicieron llorar a los Acuña.
Como los delitos que se le imputan a la joven de 21 años prevén penas de menos de tres años, fue la misma jueza correccional quien hizo la instrucción de la causa y presidió el tribunal unipersonal del proceso oral.
Aunque un día antes de que empezara el esperado juicio se supo que la magistrada había prohibido que cámaras y flashes entraran a la sala (un garaje especialmente acondicionado para esta ocasión), el jueves último, a la hora de los alegatos, Nocetti de Angeleri aceptó que la televisión transmitiera las conclusiones del fiscal y los abogados de ambas partes.
El padre de la víctima, Miguel Angel Ramón Acuña, estuvo siempre sentado junto a los doctores Luis Ricca y Roberto Daray. Su mirada sólo se apartó de los ojos de Mon cuando las dos amigas que viajaban con ella la noche del accidente, declararon como testigos. Más de una vez, soportó que se refirieran a su hijo menor como "un bulto o una sombra negra". Sólo se quebró cuando los médicos dieron detalles de las heridas de Juan Pablo y cuando el mejor amigo de su hijo contó qué habían hecho la noche del 1° de julio de 1995.
A casa, pero con tarea
Contra lo que pretendían los abogados querellantes, fuentes tribunalicias coincidieron en que la magistrada se inclinará por la postura del fiscal y no mandará a Mon a prisión.
Pero la joven, que estudió en el Colegio Saint Catherine`s -al que también fue la modelo Sol Acuña, hermana de la víctima- y nunca trabajó porque pertenece a una familia acomodada, deberá cumplir tareas comunitarias durante el tiempo que le fije la sentencia.
Este caso cuenta con un antecedente que no puede olvidarse a la hora de arriesgar una posible condena: en julio de 1995 esta misma jueza había resuelto liberar a la joven por considerar que no había suficientes pruebas para procesarla por el delito de homicidio.
Como los Acuña apelaron esta decisión (incluso con un pedido de recusación para la jueza) la Sala I de la Cámara del Crimen ordenó que Mon fuera procesada y llevada a juicio oral por los dos delitos que se le imputan.
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