
Vivir con Cromagnon adentro
Karina Klausek sobrevivió al incendio, pero perdió a quien iba a ser su marido; el dolor y las marcas del horror
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Faltaban menos de tres meses para la gran fiesta. Karina y Sebastián tenían todo organizado para cerrar su compromiso después de casi diez años de estar juntos. Pero el incendio en el boliche Cromagnon destruyó los sueños, proyectos y deseos compartidos.
Karina Klausek, de 31 años, logró salir de la discoteca y sobrevivió al infierno, pero allí murió su novio Sebastián, con quien planificaba los últimos detalles del casamiento que se hubiese concretado en marzo pasado.
A un año del incendio, Karina no logra recomponerse y asegura que no existe ningún tratamiento que pueda curar el dolor que siente. "Es como si le tiraras un poco de sal todos los días a una herida, va a seguir ardiendo, pero se va a hacer costumbre."
En la puerta del boliche República Cromagnon, Karina habló con LANACION.com de las múltiples marcas que le dejó la tragedia.
"Si no tomo las pastillas para dormir tengo pesadillas, sueño con las personas que vi esa noche que ni siquiera conozco, sueño que Sebastián me llama para que lo ayude"
Los primeros meses no salía de su casa. Se pasó el verano encerrada en su habitación, metida dentro de la cama. "Si me podía quedar dormida y no despertarme más, mejor. No me interesaba vivir, no le encontraba el sentido", asegura.
Tenía la mirada perdida y no podía conectarse con nadie. "Sentía que me había quedado dentro de la película de Cromagnon y no podía salir de eso", relata.
No sólo sufría la pérdida de su novio, sino que además, su sobrino Lucas, de 17 años, con quien había ido al recital de Callejeros aquella noche, estaba internado en grave estado.
Las secuelas del horror
La vida de Karina cambió para siempre. Si bien pudo retomar sus actividades –trabaja como docente en una escuela-, asegura que ya no va a poder ser la misma.
"No hay un remedio, ni una receta, ni una cirugía plástica que te pueda recomponer el corazón ni la mente. Yo puedo hacer tratamiento toda mi vida y tratar de estar mejor, pero nunca voy a estar como antes", señala.
Las imágenes de esa noche horrorosa vuelven a su mente una y otra vez. Sigue teniendo miedo a las sirenas de las ambulancias y de la policía, al tumulto, a ir a comer a un lugar cerrado, a la oscuridad, a estar sola.
Siempre fue una persona segura, salía de noche y volvía sola. "Ahora duermo con la televisión y el velador prendidos porque tengo que escuchar un ruidito y tiene que haber luz porque si no me despierto y siento que vuelvo a entrar a Cromagnon. Si no tomo las pastillas para dormir tengo pesadillas, sueño con las personas que vi esa noche que ni siquiera conozco, sueño que Sebastián me llama para que lo ayude", cuenta.
Hacia adelante
Además de la terapia y de los antidepresivos, dice que con el tiempo pudo ir recobrando fuerzas gracias al apoyo de su familia y de sus amigos, que la acompañaron en todo momento.
Pero también el recuerdo de Sebastián la ayuda a seguir adelante. "El está dentro mío y está tratando de empujarme para que siga viviendo".
Karina sueña con poder concretar los proyectos que tenían juntos. “Cada vez que puedo voy al cementerio y me quedo escuchando música con él”.
Este último tiempo se volvió especialmente difícil para ella. Otra vez, acostada en su cama, cuenta los días para que llegue el aniversario. "Tuve que incrementar la medicación, cada día me siento peor", confiesa.
Un amor de casi diez años
Karina y Sebastián se conocieron hace casi diez años y desde allí nunca se separaron. Cuando habla de él se le iluminan los ojos y sonríe por primera vez: "Era la persona más maravillosa del mundo".
"Yo sentí que en un segundo me arrancaron a Sebas de la mano y me lo devolvieron en un cajón. Cuando amás tanto a alguien, es imposible recuperarte de esto", asegura.
Justicia
Enumera detalladamente a los culpables del incendio y promete que va a luchar para conseguir justicia por las 193 víctimas y por los derechos de los "miles de sobrevivientes que continúan padeciendo".
"Después de un año, siento que seguimos en el mismo caos y que esto puede volver a pasar. Siento que en mis 31 años viví en República Cromagnon, que nunca hicimos ninguna evolución. Los argentinos tenemos que cambiar la mentalidad desde abajo", reclama.
Para Karina, la sociedad no tomó conciencia de la tragedia. Vestida con la remera de Callejeros, cita al cantante de la banda: "Como dice en una canción Patricio Fontanet `al que le duele nunca se olvida´, pero al que no le dolió, ya se olvidó de Cromagnon".
Sebas
Sebastián Farreras tenía 31 años cuando falleció en Cromagnon. Fanático de los Redonditos de Ricota y de Boca, tenía una relación muy apegada con su familia y un vínculo muy especial con sus tres hermanos.
Karina cuenta que Sebastián era una persona muy responsable: no faltaba nunca al trabajo y estudiaba con muchísimo esfuerzo Ciencias Económicas.
"Era el amigo de todo Tapiales, era muy generoso y solidario", dice Karina. "No podía ver a los amigos mal. Si alguno lo llamaba con algún problema se levantaba a cualquier hora y les hacía el aguante".
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