
Vivir en la Antártida a 50 grados bajo cero
Hasta que llegue el verano sólo hay cinco horas de luz, que se deben aprovechar para realizar tareas de investigación
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BASE VICECOMODORO MARAMBIO, Antártida Argentina.- Remota e inhóspita. Rodeada de montes y costas serruchadas, rocas oscuras petrificadas por una nieve eterna. Y moles de hielo inmóviles, en un mar congelado, que dan la sensación, para quien la pisa por primera vez, de que acaba de llegar a otro planeta. Así es la Antártida cuando comienza el invierno.
Es el continente más frío, seco y ventoso de la Tierra. Su sorprendente paisaje, desértico, rocoso, cubierto por un manto blanco interminable, se asemeja al de la Luna. Allí, desde hace 32 años, los militares argentinos se empeñan día tras día en dar batalla al frío, un tenaz adversario. Allí mantienen abierta una de las puertas grandes de la Antártida. Allí los científicos profundizan los estudios sobre el ambiente, los recursos minerales y las observaciones glaciológicas, además de seguir el debilitamiento de la capa de ozono.
Son las 11 y acaba de amanecer. El cielo está despejado y todo está listo para el aterrizaje en la pista 24. De la mano experta del jefe del escuadrón C-130, vicecomodoro Pablo Megassini, el pesado Hércules TC-65 (que lleva medio centenar de personas y provisiones para todo el invierno) se posa con suavidad en los 1200 metros de la casi congelada pista de arcilla y piedras, que surca una meseta situada a 260 metros sobre el nivel del mar y a 3600 kilómetros de Buenos Aires
Tierra de banderas agitadas
Desde las ventanillas del avión se advierte a lo lejos una serie de diferentes cajitas coloradas que conforman las dependencias de la base. Al bajar del Hércules (que nunca detiene sus cuatro motores, pues pueden congelarse) dos situaciones sorprenden al visitante primerizo.
Una, la ruidosa agitación de la bandera nacional en lo alto de un gran mástil, pues el viento sopla a casi 40 kilómetros por hora. La otra, el frío que ataca sin respeto: 18 grados bajo cero y la sensación térmica, que por los fuertes vientos alcanza a -38°C.
Todos bajan enfundados en inflados y abrigados trajes antárticos color anaranjado, con pesadas botas de goma que impiden cualquier agilidad. Como en cámara lenta, sobre una gruesa capa helada, todos los pasajeros se parecen a astronautas en una caminata lunar. Debido a la baja temperatura reinante y a una nevada reciente, las recomendaciones son muchas. “No hay que dejar descubierto un solo centímetro de piel. Más de 30 segundos expuestos al frío pueden producir serias quemaduras o congelamiento”, alertó el suboficial principal Bernardo Bustos, encargado de la sección Técnica.
Ese día la actividad en la base fue bajo techo, salvo excepciones. “Hay un trabajo que no podemos dejar de hacer todas las mañanas: revisar todas las ventanas y puertas, pues la acumulación de nieve y hielo puede causar daños. Ayer, en la puerta del hangar del Twin Otter (un pequeño avión de doce plazas) había casi dos metros de nieve y tuvimos que sacarla a pico y pala”, sostuvo el teniente Mario Zipilivan, de 27 años, que está aquí desde hace tres meses.
Como contraste, la base, que puede alojar hasta 145 personas, goza hoy de algunas comodidades: una constante temperatura caribeña, comidas contundentes, televisión satelital (por la que se siguió cada uno de los partidos del campeonato mundial de fútbol), biblioteca, sala de juegos, una radio FM, Internet y telefonía. Todo lo necesario para que, en los pocos ratos libres, los 27 hombres destinados a Marambio puedan templar los ánimos y los sentimientos por la separación de sus mujeres e hijos.
No menos importante es que en la base no se maneja dinero, por lo que no hay que correr a pagar deudas ni existe el temor de mirar para todos lados por posibles asaltos. Eso sí, por algunos pasillos se escucha algún enojado comentario, ya que los sacrificados ahorros han quedado atrapados en el corralito.
En la base se manejan otros códigos, distintos de los de cualquier dependencia militar. El trato es más cordial y no tan vertical: los superiores persiguen una intimidad casi familiar, siempre cargada de mutuo respeto, para sostener una convivencia de 365 días que no es fácil.
“Aquí la actividad no tiene pausa. La base es una miniciudad con un puñado de hombres que a diario deben producir electricidad en la usina, calefacción, agua potable, pan, comidas, información meteorológica, palear muchos metros cúbicos de nieve, dejar inertes los desechos cloacales, despejar y tener a punto la pista de aterrizaje, seguir atento el control aéreo y realizar el mantenimiento de todos los automotores, máquinas viales y de nuestro Twin Otter. Formamos un equipo que no puede achicarse al salir a la cancha, debemos alimentarnos de una buena convivencia”, sintetizó con entusiasmo el jefe de la base, vicecomodoro Rubén Muñoz.
Son las 16 y el sol acaba de ocultarse. Los días se tornan más cortos en este invierno antártico, uno de los más rigurosos de los últimos años. Por las ventanas de doble cristal y selladas se advierte cómo se acumula la nieve, que luego se convierte en hielo.
Entrada la noche, sólo se oye el silbido del viento. Para quienes no están acostumbrados es uno de los momentos en que comienzan a apretar las ausencias y la soledad.
El clima dicta el programa de la jornada
BASE VICECOMODORO MARAMBIO, Antártida Argentina.- En este continente la meteorología es peligrosamente cambiante no sólo para los que viven allí, sino también para el tráfico aéreo y marítimo. Por esta razón es más importante saber qué pasa con el tiempo que los resultados del Mundial. Un día despejado y sin viento puede cambiar en sólo dos o tres horas y convertirse en uno tormentoso, con un descenso de temperatura de 20 grados. A las pocas horas sale el sol y vuelve la normalidad.
Durante las 24 horas, el Centro Meteorológico Marambio proporciona información a las bases argentinas. Los dos operadores sostienen que los temporales son sordos, sin truenos ni relámpagos, sólo se oye el arrastrar de la nieve que imposibilita la visión.
Es más: 48 horas antes de que llegara este contingente la base soportó durante casi cuatro días un temporal de viento blanco con 27 grados bajo cero y vientos de 140 kilómetros, es decir una sensación térmica de -85ºC. Fue el registro más frío en lo que va del año en todo el territorio argentino.
El sexto continente
14.000.000: es la cantidad de metros cuadrados del continente antártico, que equivale a casi cuatro veces la superficie de la República Argentina.
50.000.000: son los años que los científicos estiman que tiene la formación del casquete polar, lo que ocurrió durante la era terciaria.
2050: es la altura media, en metros, sobre el nivel del mar que tiene la Antártida.
3600: son los kilómetros que separan la base Marambio de la ciudad de Buenos Aires.
32: son los años que tiene Marambio, la base argentina más grande en la Antártida, con casi dos hectáreas de superficie.
145: personas es la capacidad de la base para alojar a personal e invitados; hoy hay 27 efectivos.
85: grados bajo cero fue la sensación térmica que sufrió la base Marambio el 16 de junio último, el registro más frío hasta ahora.
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