
Wenceslao Bunge admitió su fracaso
Dijo que el empresario fue una "víctima" de la interna peronista y sugirió que el principal responsable es el Presidente
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Wenceslao Bunge se quedó sin empleador, pero tiene más trabajo que nunca. Desde que Alfredo Yabrán apareció muerto, el miércoles último, en su estancia de Entre Ríos, quien fue su vocero no durmió más que un par de horas, y difícilmente pase más de 10 minutos sin que suene alguno de sus teléfonos celulares.
"Con tanta cosa me olvidé de ponerle un aviso fúnebre a Alfredo. Se me pasó completamente", confiesa.
Curiosamente, con tanta actividad, su exposición en los medios de comunicación fue casi nula desde que ocurrió el suicidio, en marcado contraste con su incesante peregrinar por redacciones y canales de televisión mientras actuaba como vocero del misterioso empresario.
Ayer, Bunge decidió tomarse un descanso en su campo cerca de Capilla del Señor, pero antes aceptó sentarse en una típica pulpería, con boina y bombacha, para hablar durante una hora con La Nación .
En la primera entrevista que concede desde la muerte de su patrón, Bunge admitió su fracaso como asesor de imagen del empresario telepostal; dijo que a Yabrán lo mató la interna del peronismo y reconoció que su futuro depende de los deseos de Héctor Colella y de la familia Yabrán. También sugirió que José Luis Manzano inventó la imagen de mafioso de su jefe y aseguró que quiere paz, pero espera más violencia política.
Bunge trató con frialdad al presidente Carlos Menem, de quien dice que abandonó a Yabrán a su suerte cuando el juez del caso Cabezas ordenó su captura. El ex vocero se cuidó de no criticar al primer mandatario abiertamente, pero dijo, refiriéndose al suicidio de Yabrán: "A mayor grado de autoridad, mayor grado de responsabilidad".
A continuación se transcriben los tramos más importantes de la entrevista: -¿Usted sigue siendo el vocero de Yabrán?
-No puedo ser el vocero de alguien que ha fallecido.
-¿De la familia Yabrán?
-Tampoco; simplemente voy a seguir acompañando a la familia por un tiempo.
-Durante mucho tiempo usted fue la cara pública de Yabrán. ¿Es difícil volver a hablar con voz propia?
-Antes tenía una responsabilidad que me excedía, porque hablaba en nombre de otro. Ahora es otra responsabilidad, porque no estás hablando con el vocero de nadie. Hoy soy absolutamente responsable de mis palabras.
-¿Qué mensaje le transmitió la familia Yabrán?
-Ante todo, un mensaje de reflexión y dolor. Es un tiempo de paz y recogimiento que les permitirá ver qué hacer en el futuro. También, la decisión de limpiar el nombre de Alfredo.
-Usted ya lo intentó.
-Justamente yo creo que quizá fue necesario, pero doloroso, que ocurriera lo que ocurrió para que la gente común advirtiera quién era en realidad Alfredo Yabrán. A partir de la muerte de Alfredo, la gente está dando una respuesta a la feroz manipulación de la llamada opinión pública.
-¿De qué se dio cuenta la gente?
-La gente ya no cree en las instituciones, y creo que con razón. Entre esas instituciones está el periodismo de acoso.
-¿A Yabrán lo mató el periodismo?
-Yo creo que no. Yo creo que algunos en particular contribuyeron a crear un cerco tan brutal que, por ser ajeno a la realidad de Yabrán, hoy permite que la gente común advierta la macabra fantasía que se inventó. Pero yo prefiero mirar hacia el futuro. Ignoro si seguiré vinculado o no con la familia Yabrán, pero estoy seguro de que he vivido una de las experiencias más extraordinarias y ricas al compás de una danza macabra que han montado a partir de algunos poderosos que aún disfrutan de impunidad y prestigio.
-¿Le gustaría seguir trabajando para la familia Yabrán?
-(Lo piensa un rato.) Si les fuera útil, si ellos deciden, como creo, buscar un futuro de paz y que permita esclarecer los motivos de la muerte trágica de Alfredo e identificar a los responsables de la muerte de José Luis Cabezas, sin lugar a dudas.
-El señor Colella fue designado para administrar los bienes de la familia. ¿Usted pasaría a depender de él?
-Esto es muy prematuro. Conozco a Héctor y lo respeto, aun sin ser su amigo. Lo conocí como amigo de Alfredo, y sé de la elevada opinión que tenía de Héctor.
-En su última carta, Yabrán dijo que el caso Cabezas se politizó "de uno y otro lado". ¿Usted está de acuerdo?
-Sí, estoy de acuerdo. En el diario Clarín, desde el 26 de enero de 1997, el crimen de Cabezas apareció en la sección Política, no en la sección Policiales.
-¿Fue un error de Carlos Menem entrar en el juego político del caso Cabezas?
-No estoy en condiciones de opinar... Pero resulta muy claro que a Alfredo le fue atribuida la característica de mafioso, pero con una particularidad: no tenía causas abiertas en la Justicia y no existen mafiosos sin crímenes. Por eso era preciso atribuirle un crimen que no cometió. El mes pasado apareció en La Nación un artículo que decía que Duhalde no podía despegarse de su imagen de estar vinculado con el narcotráfico. Yo no me animo a afirmarlo porque no tengo pruebas, pero esto es muy grave.
-¿A Yabrán le tiraron el cadáver?
-Mi impresión es que no se lo tiraron de entrada porque resultaba torpe. Pero más tarde pareció que convenía.
-Entonces, ¿a quién se lo tiraron?
-Mi impresión es que fue el resultado de una interna policial, de policías disgustados con el secretario (Eduardo) De Lazzari por su decisión de transformar a fondo la Bonaerense, con un mensaje tanto al gobernador Duhalde como a la revista Noticias por el artículo "Maldita policía", cuya tapa estaba ilustrada con una foto de Pedro Klodczyk, jefe de "la mejor policía del mundo", que sacó José Luis. Yo creo que Noticias recibió el mensaje y en lugar de denunciarlo prefirió colaborar en la persecución de un inocente para evitar los riesgos de oponerse a la Bonaerense.
-Pero Noticias fue muy crítica de la Bonaerense.
-Claro, antes (del caso Cabezas).
-No, después también.
-Es parte de la línea tortuosa que siempre ha mantenido Editorial Perfil.
-¿Por qué el presidente Menem permitió que Yabrán terminara de la manera que lo hizo?
-Yo no te puedo dar respuesta porque no sé qué pudo hacer o no hacer.
-¿Está contento con el comportamiento del presidente Menem mientras Yabrán estaba prófugo?
-(Lo piensa mucho.) Tengo un profundo dolor y una tremenda repugnancia por la forma en que la Justicia huyó del caso Cabezas a medida que ingresaba la política. El juez Macchi, con su sencillez, resistió las presiones del poder político mientras pudo.
-¿Menem también resistió mientras pudo?
-No sé.
-¿Yabrán es una víctima del peronismo?
-Sí, porque el peronismo contribuyó, con parte de la oposición y parte de los medios, a politizar el caso.
-¿Los ataques a Yabrán eran ataques a Menem?
-Sí, yo creo que Yabrán fue usado para atacar a Menem a partir del estigma de mafioso que le inventaron.
-¿El estigma de mafioso de Yabrán lo inventó José Luis Manzano para restarle poder a Menem?
-Yo no me animo a descartarlo. Manzano siempre estuvo en los antípodas de Yabrán, lo consideraba uno de sus peores enemigos. Manzano se sirvió del prestigio y del poder de que gozaba entonces Domingo Cavallo. Y por cierto estaba vinculado con el gobernador Duhalde. Pero miremos para adelante.
-¿Por qué se mató Yabrán?
-En la Argentina, desde Lisandro de la Torre, nadie se suicida por honor. No ocurrió con los carapintadas, no ocurrió en Malvinas y no ocurrió en las Georgias. Sí ocurrió con Alfredo Yabrán, que dio su vida para evitar mayores sufrimientos a su familia.
-¿Siente que fracasó en su intento por cambiar la imagen de Yabrán?
-Sin ninguna duda. Creo que los intereses que empujaron a Yabrán a su muerte han sido muy superiores en magnitud y falta de escrúpulos. Contra eso, por el momento, hemos fracasado, porque perdimos un hombre valioso que no quiso abandonar su país.
-¿Qué ofertas tuvo Yabrán para irse?
-Creo que muchas.
¿Le dieron a elegir entre Siria, Israel y Costa Rica?
-Prefiero no comprometerme con una respuesta.
-¿Hay algún problema entre Colella y la familia Yabrán en este momento?
-Creo que absolutamente ninguno. Héctor siempre ha sido un hombre muy respetuoso y afectuoso con Alfredo, y eso se extendía a la familia.
-¿Es el sucesor de Yabrán?
-Por supuesto que no. Los sucesores se llaman Pablo, Mariano y Melina (sus hijos), y también su esposa, María Cristina.
-¿Y quién maneja los fondos de las ventas de las empresas de Yabrán?
-No sé cuál es el grupo de empresas de Yabrán.
-Se dice que Yabrán era una pantalla de alguien más poderoso que él.
-Esto es un disparate que sólo cabe en una mente maquiavélica que está enferma. Yo creo que Héctor ha de ser, en el futuro, la persona más próxima a la familia de Alfredo y está capacitado para distraer parte de su tiempo ocupándose en acompañar a la familia hasta que ellos estén en condiciones de manejarse por sí solos.
-Usted dice que quiere paz, ¿pero puede ser optimista en el clima político que se respira hoy?
-Yo, Wenceslao Bunge, quiero paz. La familia de Alfredo Yabrán quiere paz y quiere dar trabajo en la Argentina a muchas familias. Pero los síntomas de esta enfermedad que sufre la Argentina, a Wenceslao Bunge lo hacen ser muy poco optimista.
Aquel error
"El error de Yabrán fue dar la cara porque quería demostrar su inocencia" respecto del asesinato de José Luis Cabezas, sostiene ahora Wenceslao Bunge, uno de los responsables de su estrategia mediática.
"El estaba tan indignado con la acusación que no pude convencerlo" de mantenerse en el anonimato, asegura.
Yabrán había conseguido moverse en el mundo de los negocios y la política sin que su rostro fuera conocido, hasta que Cabezas obtuvo una fotografía que publicó en la revista "Noticias".
Cuando su nombre quedó vinculado con la trama del asesinato, Yabrán optó por mostrarse en los medios y conceder reportajes como no lo había hecho nunca.
Las apariciones fueron justo antes de que se viera forzado a hacerlo por las sucesivas citaciones de la Justicia y el Congreso de la Nación, que lo interrogaron sobre su vida y su obra.
Los psiquiatras coinciden en que se trató de un suicidio típico
Sospechas: cartas y llamados de despedida son el proceder habitual; no obstante, algunos piensan que pudieron ser fabricadas.
A pesar de que la generalizada renuencia a aceptar que Alfredo Yabrán se quitó la vida continúa, la conducta del empresario en los días que precedieron a su muerte sugiere todo lo contrario, al menos desde el punto de vista psicológico.
Reconocidos especialistas consultados por La Nación coincidieron en que sus últimos actos refuerzan la hipótesis del suicidio.
Aunque en vida Alfredo Yabrán fue un personaje de excepción, alejado de las vicisitudes que sufre el común de la gente, el comportamiento de sus últimas horas fue el de un suicida típico: cartas de despedida, llamados a amigos cercanos, depresión y disposiciones relativas a los bienes. El proceder acostumbrado.
Ritos de despedida
"La mayoría de los suicidas cumple esos pasos, que forman parte de toda una serie de ritos de despedida. El suicidio impulsivo, que no se planea, en cambio, es mucho menos frecuente", explicó Hugo Marietán, psiquiatra del hospital Borda y docente de la Facultad de Medicina de la UBA.
Tito Rosan, especialista integrante de la comisión directiva de la Asociación Argentina de Psiquiatras, compartió la opinión de su colega.
"Estos actos preparatorios del suicidio son comunes -aseguró- y demuestran la existencia de una suerte de premeditación. También es habitual que envíen señales muy sutiles sobre lo que van a hacer, que muchas veces son en realidad pedidos de ayuda." Por su parte, Alberto Monchablon, jefe del servicio del hospital Moyano, señaló: "La mayoría planifica fríamente su suicidio y llega a ese extremo como producto de una depresión. La carta es una de las señales clásicas que intenta explicar las razones y lavar la culpa".
Las dudas sobre lo que verdaderamente ocurrió también alcanzan a los psiquiatras. Los mismos elementos que les indican que se habría tratado de un suicidio despiertan sus sospechas.
Así lo reconoció Humberto Mesones, presidente de la Fundación ACTA Fondo para la Salud Mental, quien confesó sus reservas respecto de que no se trate de una "cortina de humo".
Como quien piensa en voz alta, el médico se preguntó: "Es cierto que los últimos actos de Yabrán reflejan un proceder habitual, pero, ¿acaso no sería también lo que haría una persona que pretende simular haberse suicidado?" Su razonamiento no dejó lugar a dudas. Las señales del suicidio fueron claras. Quizá demasiado.
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