
Ya se han ahogado 22 personas en un balneario prohibido
En los últimos 5 años el dique Roggero se ha convertido en una trampa mortal.
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Sólo un cartel descascarado advierte el peligro: "Prohibido bañarse". La leyenda se erige sobre el terraplén de la represa Roggero, en Moreno, aunque más de 4000 visitantes desafían esa restricción cada fin de semana. Tal vez ignoran que las aguas del dique se tragaron 22 vidas en los últimos cinco años.
Ese improvisado balneario tiene una extensión de tres kilómetros, en tierra de los partidos de Moreno, Merlo, Marcos Paz y General Rodríguez, en el oeste del conurbano. Hace tres años, dos medidas judiciales intimaron a los municipios y a la Dirección Hidráulica provincial a prohibir el acceso al dique. Pero sólo fueron acatadas en una sola entrada.
Hoy cualquier persona puede descender por el terraplén, llegar a la orilla de la represa por un camino de piedras y bañarse. No sólo hay libre ingreso al público, sino que el balneario carece de vigilancia policial y de guardavidas. Tampoco hay puestos sanidad. Sí funcionan carritos de venta de comidas y bebidas.
Los intendentes de los partidos que abarca el dique alegan que no tienen policías para vigilar el lugar y que la imprudencia de los vecinos es la causa de las muertes.
Como una playa
En un día soleado, como el domingo último, pueden verse en la orilla tres jóvenes que sacan de una camioneta 4 x 4 dos tablas de windsurf. A pocos metros, otro chico, vestido con un traje de neoprene negro, se monta en una moto de agua. Sobre las pequeñas piedras de la costa, una familia almuerza sándwiches. Dentro de una carpa, cuatro adolescentes miran cómo el resto del grupo realiza piruetas en el agua.
José Luis Casado se acerca a las personas que descansan sobre la orilla y, casi en un susurro, les advierte: "Tengan mucho cuidado cuando se bañen, porque hay pozos que chupan. Mi único interés es ganarle a la muerte". Este hombre, de 47 años, quiere evitar que se repita la terrible pérdida que él vivió en carne propia.
El 12 de febrero de 1994, Adrián Casado llegó al dique junto a sus padres y su novia. El adolescente, que sabía nadar, se encontraba en el medio del lago y se dio vuelta el kayak en el que se trasladaba. Cuando quiso alcanzar la pequeña embarcación, una corriente de agua lo arrastró hacia el fondo.
El joven hizo señas a su padre, que salió desesperadamente a socorrerlo. Pero todo esfuerzo fue en vano y ésa fue la última vez que José Luis Casado vio a su hijo con vida. Para llegar a las "playas" hay que atravesar un terraplén. La construcción del muro, de 5100 metros de extensión, requirió enormes cantidades de tosca, que fueron extraídas del dique. Así, quedaron profundos zanjones que nunca fueron rellenados. En algunas zonas del dique existen cambios de profundidad desde 0,40 hasta 2,70 metros, según consta en el expediente Nº 202.537, del juzgado en lo Civil y Comercial Nº 7 de La Plata.
En enero de 1995, las familias Preggo y Pucheta fueron al dique a pasar el día. Cerca de las 16, Carlos Alberto Preggo, su hija Melisa; José Luis Pucheta y su hijastra Jaquelin Genes se metieron en el agua.
Las cuatro personas avanzaron hacia el centro del embalse, donde el agua llegaba a la cintura de las niñas. En ese momento, un remolino se tragó a las cuatro víctimas. Dos días más tarde se encontraron los cuerpos.
Entonces no existía ningún cartel que advirtiera el peligro. Sobre la ruta 7, que tiene acceso al dique, se podían leer leyendas que fomentaban el dique como un lugar de turismo.
El 20 de mayo de 1998, el juez Carlos Bisso, del Juzgado en lo Civil y Comercial Nº 7 de La Plata, sentenció en favor de Roberto Rolando Coronel y Ester Noemí Miranda, que perdieron, en enero de 1994, a su hijo, en la represa Roggero.
Los abogados que representan a la familia Coronel, Guillermo Severo y María Alicia Marotta, reclaman medidas. "Los municipios ponen dos cartelitos y ya está. Eso no es suficiente", opinó Severo.
El titular de la Dirección de Hidráulica Provincial, Hugo Micarelli, manifestó: "Si hay un cartel de prohibido bañarse y la gente no lo respeta es un problema de ellos. "Ese lugar no fue creado como un lago recreativo. No tengo policía ni guardias para mandar al lugar.", agregó Micarelli.
Raúl Alfredo Othacehé, intendente de Merlo, aseguró que por su jurisdicción no ingresa gente en el dique. Sin embargo, el último domimgo varias personas se bañaban en las aguas que pertenecen a ese municipio. "La vigilancia tendría que ser de la policía", se excusó el intendente. Enrique Salzman, intendente de Marcos Paz, prefirió no hacer comentarios a La Nación sobre le tema.
El único municipio donde no se permite la entrada de visitantes es Moreno, cuyo intendente, Mariano West, aseguró que mantendrá esa decisión.
Convenio
Los intendentes de los municipios de Moreno, Merlo, General Rodríguez y Marcos Paz planean en los próximos meses firmar un convenio que brinde mayores normas de seguridad en el dique Roggero.
Vigilancia a cargo de Prefectura Nacional, grupos de guardavidas, instalaciones sanitarias y boyados, que delimiten las zonas donde se encuentran las cavas, son algunos de los puntos que los intendentes deberán garantizar para que se firme el acuerdo.





