
Con Project Suncatcher, la compañía pondrá un satélite experimental en órbita con un mini servidor de IA
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En un laboratorio de San Francisco el mes pasado, un equipo de técnicos con trajes de protección y cofias tocó, examinó e inspeccionó un satélite del tamaño de una heladera encargado por Google.
Primero, examinaron los paneles solares del satélite, que se desplegarían en el espacio y quedarían de cara al sol. Luego, colocaron el satélite sobre una mesa y lo agitaron rápidamente en una prueba de vibración, para ver si los chips de su interior se dañaban o si la máquina se desarmaba durante el viaje al espacio. Los técnicos pintaron minuciosamente una pequeña línea sobre cada tornillo para detectar cualquier aflojamiento durante la vibración.
El satélite pasó la prueba de vibración: sus tornillos se mantuvieron firmes y los chips permanecieron intactos. James Manyika, vicepresidente senior de Investigación de Google, calificó los resultados de “excelentes”, pero dijo que aún se preguntaba qué pasaría cuando el satélite llegara al espacio.
El trabajo formó parte de un ambicioso proyecto de Google llamado Project Suncatcher, cuyo objetivo es colocar centros de datos de inteligencia artificial en el espacio y aprovechar la energía del Sol para alimentarlos. El 1 de octubre, el satélite del laboratorio de San Francisco —al que Google denominó MVP— está programado para convertirse en el primer paso de una gran empresa tecnológica hacia esa meta. Se cargará en un cohete Falcon 9 de SpaceX en la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg, cerca de Santa Bárbara, California, y luego se lanzará a la órbita.
Google ofreció a The New York Times la primera mirada exclusiva al proyecto, que parecía un sueño de ciencia ficción hace solo un año.
Elon Musk, Jeff Bezos, Sam Altman y otros han manifestado su apoyo a los centros de datos orbitales, pero la idea enfrenta muchos desafíos, entre ellos resistir la radiación espacial y los costos de enviar máquinas más allá de la atmósfera. Sin embargo, a medida que los centros de datos terrestres lidian con la oposición local y con límites físicos, contar con instalaciones de cómputo flotando sobre la Tierra se ha vuelto cada vez más atractivo.
Para ser claros, Google no enviará un centro de datos completo, sino solo un precursor experimental. El MVP contiene cuatro chips de computadora especializados llamados “unidades de procesamiento de tensores” (TPU), que tienen la capacidad de cómputo de un servidor de un centro de datos. Los paneles solares del satélite suministrarán solo un kilovatio de potencia —aproximadamente lo necesario para hacer funcionar un secador de pelo— a los chips.
Pero eso será suficiente para que Google ponga a prueba su hardware ante las duras condiciones del espacio. El satélite responderá consultas sencillas de IA y operará durante un año, aunque está previsto que gire alrededor de la Tierra hasta seis años. Con el tiempo, se espera que sucumba a la atracción gravitatoria terrestre y se desintegre al descender por la atmósfera.
Manyika señaló que las expectativas de Google respecto al satélite eran moderadas.
“Para ser honestos, no esperamos tener nada operativamente útil en los próximos años”, afirmó, comparando la misión con los primeros esfuerzos de la empresa por construir autos autónomos. “¿Recuerdan cómo Google investigó durante unos 15 años antes de que apareciera algo concreto? Creo que esto se parecerá a eso".
Pasar de un solo satélite a una vasta red que funcione como un centro de datos gigante llevará años y enormes fondos, explicó Brandon Lucia, profesor de Ingeniería Eléctrica y de Computación en la Universidad Carnegie Mellon.
“Si haces esto a gran escala, surgen problemas adicionales de ingeniería”, dijo. “Eso es territorio no explorado”.
Project Suncatcher fue idea de Blaise Agüera y Arcas, de 51 años, vicepresidente de Google e investigador de IA que lidera un equipo centrado en el estudio de la inteligencia. Hace unos tres años, asistió a un encuentro de emprendedores e investigadores de IA donde el tema principal fue la creciente demanda energética de los sistemas de IA. Agüera y Arcas salió del evento convencido de que los centros de datos debían trasladarse al espacio para aprovechar la energía solar.
La idea “ha estado en mi cabeza desde que era un niño”, comentó. “Existen ideas ancestrales en la ciencia ficción sobre el uso de las estrellas para el cálculo computacional”.
Agüera y Arcas no tardó en presentarle la idea a Manyika, quien estaba convencido de que no funcionaría, pero aceptó realizar pruebas para determinar si los chips de IA podían enfriarse en el espacio y sobrevivir a la radiación de allí.
Por ello, en febrero de 2025, Google comenzó a llevar chips de IA al Laboratorio Nuclear Crocker en Davis, California. Allí, un enorme acelerador de partículas conocido como ciclotrón —que contiene imanes utilizados en su momento en una máquina similar durante el Proyecto Manhattan— bombardeó los chips con una dosis de radiación equivalente a la que recibirían en cinco años en el espacio.
La radiación puede provocar “inversiones de bits” (bit flips), errores que alteran la física de un circuito para cambiar su código binario de un cero a un uno, o de un uno a un cero. Esto puede generar grandes problemas. Sin embargo, los resultados de las pruebas del ciclotrón de Google fueron prometedores: la empresa descubrió que reiniciar los chips solía solucionar las inversiones de bits.
En mayo de 2025, Agüera y Arcas asistió a una reunión organizada por Manyika para proponerle a Sundar Pichai, director ejecutivo de Google, ir más allá con el proyecto. Para su sorpresa, había otro asistente: Sergey Brin, cofundador de Google.
Brin y Pichai dieron luz verde al proyecto de inmediato. “De acuerdo, esta es una buena idea”, dijo Brin, según Agüera y Arcas. “Hablemos de cómo lo vamos a hacer”.
Con su aprobación, Project Suncatcher cobró impulso. Google prefirió no revelar cuánto está gastando, pero calcula que el costo de los centros de datos orbitales se equiparará aproximadamente al de los terrestres a mediados de la década de 2030, a medida que disminuya el precio de enviar satélites al espacio.
Poco después, Google contrató a Planet Labs, una empresa de imágenes satelitales en la que había invertido, para encargar un satélite que llevara los chips de IA al espacio. James Mason, director de operaciones espaciales de Planet Labs, contó que había hablado con Brin a lo largo de los años sobre realizar tareas de cómputo en el espacio, pero la idea siempre había parecido difusa.
“En aquel entonces, parecía algo más lejano”, dijo Mason. “Eso fue antes de que los grandes modelos de lenguaje despegaran y la demanda de IA empezara a crecer de forma exponencial”.
Planet Labs acordó lanzar dos satélites para Google en 2027. Sin embargo, el gigante de internet dijo pronto que quería estar en órbita este mismo año y que estaba dispuesto a asumir riesgos para cumplir con ese plazo, comentó Eric Stevens, director de ingeniería de sistemas de Planet Labs. Para acelerar el proceso, Google instaló sus chips en un satélite ya fabricado de Planet Labs y comenzó a probarlo.
El mayor desafío era cómo enfriar los chips de IA, que se calientan cuando realizan cálculos y procesan información. Los ventiladores, que habitualmente ayudan a disipar el calor, no funcionan en el espacio. Por eso, la empresa de Silicon Valley desarrolló en su lugar un sistema de refrigeración que utiliza capas de material conductor para expulsar el calor al espacio.
La capa inferior está compuesta por los chips de IA de Google, ubicados sobre una placa madre verde. La siguiente capa consta de un “material de interfaz térmica”, una masilla verde pálido que viene en láminas similares a golosinas enrolladas (Fruit Roll-Ups) y que conecta los chips con capas de aluminio y cobre, alejando el calor de la placa madre. Finalmente, hay un panel radiador que proyecta el calor hacia el espacio.
Los chips pueden funcionar durante unos 15 minutos en el espacio antes de tener que apagarse para enfriarse, explicó Travis Beals, director senior de gestión de productos de Google para Project Suncatcher. Durante ese tiempo, los chips pueden procesar consultas cortas para que la IA de Google, conocida como Gemini, responda.
Google ya está mirando hacia el futuro. El año que viene, planea lanzar un par de satélites. También tiene diseños para flotas de más de 80 satélites que volarán en formación cerrada y se comunicarán entre sí mientras procesan consultas de IA. Además, Google se está reuniendo con diseñadores para evaluar la construcción de un satélite a medida con la longitud de un campo de fútbol.
“Si dentro de cinco años todo lo que hemos hecho ha funcionado a la perfección, probablemente signifique que no hemos arriesgado lo suficiente y no hemos aprendido todo lo que podíamos”, concluyó Beals. “Si a la larga tenemos verdadero éxito con esto, terminará siendo algo cotidiano y a la gente no le llamará la atención que su consulta de Gemini se responda desde el espacio”.


