
Ballenas nadando por el espacio virtual
Perseguidos casi hasta la extinción, los animales más grandes que pueblan nuestro planeta tienen quienes les escriban en la Web
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Montañas gigantes sobre el mar que avanzan y despiden un chorro de lava blanca y helada hacia las alturas. Su canto es sereno y melodioso y parecería surgir de las entrañas de las aguas. Hay de varios tamaños. Familias enteras.
No están solas. Detrás de ellas los hombres, con sus posicionadores satelitales y radares de alto rango, que ubican a la presa en pocos instantes, y sus cañones de gran precisión, las están cazando. Los miles de revoluciones por minuto de los ejes impulsan a los navíos hacia adelante y paulatinamente acortan la distancia que los separa de su blanco.
Las ballenas no tienen escapatoria. Antes que puedan ganar las profundidades empieza la matanza. En pocos minutos, la sangre teñirá el océano.
El número de los cetáceos gigantes disminuyó abruptamente en los dos últimos siglos, por cosas tan prescindibles como un armazón de corset. Hasta que seres humanos comprendieron que de seguir así en poco tiempo desaparecerían para siempre esas maravillas que la naturaleza diseñó tras millones de años de evolución. Pero pese a limitar su caza con medidas de organismos internacionales, algunos países no acatan la medida.
Son numerosos los sitios que hay en la Web sobre los cetáceos. Tenemos, por ejemplo, la página de http://www.clearlight.com/~kid/whales/hbwhales.html#start . Además de tener mucha información sobre distintas clases de ballenas, hay archivos .au, un formato de sonido que puede reconocer a través del browser. Cuando termina de cargarse, saldrá de nuestra PC el canto de estos gigantes. En http://www.geocities.com/RainForest/Canopy/8484/page2.html , Save the blue wales contiene muchos datos sobre la ballena azul. Pese a las prohibiciones, la caza continúa. En Alaska, la ballena azul ha desaparecido por completo. En otra época, poblaba sus aguas.
También hay páginas argentinas, como http://www.madryn.com o http://www.piramides.com . Ambas localidades, ubicadas sobre las costas del golfo Nuevo, son unos de los pocos sitios privilegiados del planeta para contemplar a estas víctimas de los reales leviatanes, los humanos.






