
De qué están hechas las cookies
Vemos qué tienen adentro y planteamos las dos posiciones frente a ellas: los que les restan importancia y los que las ven como amenaza
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En la última entrega, sacamos la primera horneada de cookies y descubrimos que algunas pueden ser indigestas; por lo menos, si la privacidad personal tiene algún valor para usted.
Las cookies son un invento de Netscape que luego otros browsers comerciales, en particular el Internet Explorer de Microsoft ( IE o, a veces, MSIE ), continuaron usando. Una de las creencias más difundidas es que los sitios pueden extraer información guardada en la computadora por medio de estas galletitas binarias. Bueno, esto podía hacerse con las primeras versiones de Java Script , pero luego se corrigió esta grave falla de seguridad.
Las cookies no pueden tomar datos de su computadora ni reenviarse a un dominio diferente del que la grabó en el disco. No obstante, y como cualquier clase de protocolo, el de las cookies está sujeto a errores. Por ejemplo, en 1998, http://www.cookiecentral.com descubrió la forma de engañar al browser para que un sitio leyese cookies instaladas por otros dominios. Se supone que las nuevas versiones de los browsers han resuelto el problema.
En total, y como dijimos en la entrega anterior, las cookies son -en general- una elección personal. En general , decimos, porque hay sitios -típicamente, los de e-commerce- que no funcionarán si no pueden instalar y leer cookies de su disco rígido.
Aunque las compañías que ofrecen mail gratis no parecen ser de comercio electrónico, piénselo dos veces. Tampoco aquí se acepta un browser que rechaza las cookies, y esto es porque allí se ofrecen servicios gratuitos a cambio de una información muy valiosa: su perfil de usuario que, como dijimos, puede recabarse por medio de las cookies.
Pero también decimos en general por otro motivo: los browsers vienen con las cookies activadas y la mayoría de los usuarios nunca se enteran de que están sembrando información sobre los sitios que visitan y los productos que compran en línea. Debería ser al revés; lo menos que se espera es que a uno le pregunten estas cosas, no que urguen sin siquiera avisar.
Ingredientes
Por dentro, las galletitas contie-nen un identificador , un valor (allí está la información que le interesa al sitio), una fecha de expiración y un dominio para el cual esa cookie es accesible. Por razones obvias, ese dominio debe tener al menos dos puntos (por ejemplo, .amazon.com ) para evitar que las cookies sean implantadas en millones de servidores utilizando, por ejemplo, .com o .edu .
Si quiere ver las cookies por dentro y tiene el Netscape Navigator , busque el archivo cookies.txt en el directorio del usuario. De todas formas, y excepto porque verá los dominios Web desde donde han instalado (y por lo tanto, recabado) datos en su PC, la información misma suele reducirse a un identificador de usuario en formato alfanumérico que, a su vez, apunta a una base de datos externa. Esto es, básicamente, para evitar colocar en su computadora cookies excesivamente voluminosas.
En las nuevas versiones de IE , las cookies se almacenan en C:WindowsCookies ; observará que su contenido es más difícil de leer con el Notepad; use el WordPad . Como puede ver, el nombre de la cookie en el disco rígido corresponde con el nombre del perfil utilizado para ingresar a la página Web que la instaló, seguido por la arroba () y la página Web. Si dice anyuser , quiere decir que se ingresó a Windows sin emplear ningún perfil, cosa que, como ya sabe, es muy fácil de hacer.
En varios casos, observará que tanto en las cookies que almacena el Navigator como en las del IE aparece el dominio doubleclick.com ; como dijimos, ésta es una de las actividades más controvertidas de las cookies, ya que intentan crear un perfil del usuario para afinar la puntería publicitaria.
La discusión no es menor, porque la privacidad está muy dañada en estos tiempos de Internet. Sin embargo, para mucha gente es preferible recibir avisos de productos interesantes que propaganda aleatoria. Por desgracia, no se nos dice de antemano cómo se va a usar nuestra información, cómo se la almacenará, quién tendrá acceso a ella o a cuánto se venderá cada bit.
Cuando una relación comercial empieza con tantas cosas ocultas es fácil sospechar que el anonimato de nuestros datos bien podría ser otra verdad a medias.
Quien queda más expuesta a esta alquimia es la familia; cuando la PC la usa solamente un individuo, el mercadeo podrá apuntar con alguna precisión los avisos. Pero, ¿qué ocurre cuando el hijo menor es un aficionado al fútbol, papá es médico, mamá es abogada y el mayor es fanático de las computadoras? A menos que se hayan creado perfiles con mucha prolijidad, mamá recibirá avisos de FreeBSD, papá será invitado a un seminario sobre aspectos legales de Internet, el más chico será tentado con lo último en centellogramas y el mayor ganará un pad con el escudo de Boca Juniors.
Ponerse a dieta
Para desactivar las cookies en el IE versión 4 y 5, debe ir al menú Herramientas/Opciones de Internet y elegir la segunda pestaña, Seguridad . Se llega al mismo cuadro de diálogo utilizando el panel de control Opciones de Internet .
En Seguridad , haga clic en Per-sonalizar nivel y se desplegará una larga lista de opciones (las veremos en detalle cuando investiguemos el IE). En cuarto lugar aparece el apartado Cookies , con dos subcategorías. Para no recibir ni enviar cookies, desactive ambos: Habilitar cookies propios (...) y Permitir que los cookies se almacenen en el equipo (SIC, en masculino). Para que la máquina le pregunte, elija Pedir datos .
Luego cierre ambos cuadros de diálogo con Aceptar ; se le pregun-tará si está seguro de querer cam-biar la configuración de seguridad de esta zona. Suena como si fuera a meterse en problemas con la CIA o algo así. No se preocupe y dele Aceptar , que ha aumentado la seguridad de su sistema.
Para mucha gente, la información sobre sus preferencias personales es mucho menos relevante que el tiempo que pierden aceptando cada cookie (cuando está activa la opción Pedir datos ) o en habilitar las cookies para ingresar en los sitios que las exigen (como los e-mail gratuitos, el banco o el resumen de la tarjeta de crédito). Esta es, sin duda, la posición más difundida, puesto que en muchos sentidos se ve a la Web como un servicio comercial y existe la promesa, por parte de las compañías que comercializan dicha información, de que este perfil permanezca anónimo.
Como dijimos, sin embargo, la práctica deja mucho que desear en cuanto al respeto por nuestra privacidad, y tanto como hoy se registran preferencias comerciales, mañana pueden grabarse nuestras inclinaciones políticas o religiosas y asociarlas con un número IP que, a su vez, está asociado a un nombre de usuario en los registros del ISP. Hoy, en los países con gobiernos democráticos, sólo un juez puede solicitar esta información. Pero en regímenes autoritarios, la situación podría ser muy diferente.






