
Hoax, el virus imaginario
No hay ningún peligro en recibir y leer el texto del correo electrónico. Los virus sólo se transmiten por medio de ejecutables y documentos de Word y Excel.
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Como me decía el otro día Roberto Solans, de Nuevos Medios de La Nación , estamos en presencia de un nuevo virus: el virus de la buena voluntad o el virus del buen amigo . Así lo bautizó, y me pareció muy acertado.
Al revés que los convencionales, éste no está escrito con código binario, no formatea el disco rígido, resetea el equipo o encripta documentos de Word.
¿De qué se trata entonces? Simple. Alguien envía un mail a varias personas advirtiéndoles que existe un nuevo virus muy peligroso que se contagia por correo electrónico (por ejemplo, el Budweisser Frogs , para citar el más nuevo) y le pide, apelando a su buena voluntad, que distribuya esta información "por el bien de sus amigos y conocidos". En otras palabras, que reenvíe el mail.
Por supuesto, lo hacemos. Reenviamos el mensaje a veinte personas que, a su vez, vuelven a enviarlo a otras veinte. Entretanto, el mensaje crece en tamaño, porque añadimos algunas línea de nuestra cosecha.
Suponga que todo comenzó con veinte destinatarios. Tras la primera vuelta, cada uno de estos veinte lo envió a otros veinte, con lo que ya tenemos 400 personas asustadas enviando mail a diestra y siniestra. En el tercer ciclo (apenas dos o tres horas después del primer conjunto de mensajes), 8000 usuarios estarán recibiendo el mail con la advertencia y comenzarán a reenviarlo, dándole prioridad, "porque con los virus no se juega". Antes de que termine el primer día, unos 160.000 usuarios teóricos podrían estar recibiendo este mensaje. Un mensaje que, ahora es momento de decirlo, no tiene una sola palabra de verdad.
Qué son, cómo se contagian
En el cálculo de arriba no hemos tenido en cuenta a aquellos que trabajan en empresas y por lo tanto disponen de listas de correo globales, con centenares o miles de usuarios; éstos, tras recibir el alerta, reenviarán la mala noticia, acelerando el proceso.
¿Qué ha logrado el autor del mensaje original? Asustó a un montón de gente, robándoles tiempo de trabajo o de ocio, y acaparó ancho de banda en los servidores de correo. Todo sin escribir ni una sola línea de Assembler .
A estos embustes digitales se los llama en la jerga hoax (en inglés: trampa) y aunque el experto sabe que no debe prestarles atención, la mayoría de nosotros cae en el engaño y contribuye a la mala voluntad del que lo originó. Y todo por nuestra buena voluntad.
La verdad es que los mensajes de correo electrónico sí pueden contener virus, pero no se contagian a nuestra máquina sólo por leerlos. Para entender esto hay que ver qué son y cómo operan los virus, y como funciona el mail.
Los virus, usualmente dañinos en algún grado, son programas de computadora. Sólo que no hace falta convocarlos con un comando o con un doble clic para que se ejecuten. Los virus se adhieren a las aplicaciones convencionales (un procesador de textos, un jueguito, etcétera) y quedan allí encapsulados. Si usted ejecuta el procesador de textos o el jueguito, el código de esta aplicación se copia en la memoria. Naturalmente, junto con el código normal del programa va el del virus.
Una vez en la memoria, el invasor está libre y puede, por ejemplo, infectar otros ejecutables, formatear el disco rígido o cualquier otra maldad por el estilo. Pero -anote- si usted no ejecuta el programa infectado, el virus jamás podrá salir de allí. Una aplicación es al mismo tiempo el huésped y la prisión de un virus informático.
También pueden infectar programas menos conocidos, como el que se encuentra en el área de boot de discos duros y diskettes. Por eso no es ninguna buena idea dejar un floppy en la diskettera al apagar el equipo; cuando usted la encienda al día siguiente, la computadora leerá el diskette, se ejecutará el programa de boot (que se encarga de buscar y cargar un sistema operativo) y el virus pasará a la memoria, infectando esa misma área en el rígido. Los de boot están entre los más difíciles de erradicar.
Los documentos de Word y Excel pueden contener virus, escritos en el lenguaje de macros ( Visual Basic para Aplicaciones ) que viene con ellos. Por supuesto, si usted no abre el documento, el macrovirus nunca saldrá de allí.
El correo electrónico, por su parte, normalmente transmite texto. Pero usted puede adosar ( attach , en la jerga) datos de otra clase: ejecutables, imágenes, documentos de todo tipo. Recibir y leer un mail con archivos adosados no implica ejecutar programas o abrir documentos. Para eso hay que hacer doble clic sobre el archivo adosado.
Así que la moraleja es clara: si usted recibe por mail un ejecutable (un archivo que termina con .EXE o .COM) o un documento de Word o Excel, no debe darles doble clic a menos que los haya revisado minuciosamente con un buen programa antivirus actualizado.
Así que la próxima vez que reciba un alerta sobre un virus que se contagia sólo por leer un mail, bórrelo y olvídese del asunto. Si reenvía el mensaje, sólo estará colaborando con el retorcido proyecto del que inició la cadena.






