Llega la invasión de los inodoros inteligentes

Las japonesas Toto y Lixil expanden sus retretes con bidé a EE.UU. y Latinoamérica
Eric Pfanner
Atsuko Fukase
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2 de junio de 2014  

Uno de los modelos de la linea Washlet de Toto, una compañía japonesa especializada en inodoros tecnológicos
Uno de los modelos de la linea Washlet de Toto, una compañía japonesa especializada en inodoros tecnológicos Crédito: Gentileza Toto

TOKIO—Yoshiaki Fujimori dice que quiere ser el Steve Jobs de los inodoros.

Al igual que los iPhones, los retretes llenos de aplicaciones son codiciados en Japón. Las tapas se levantan automáticamente, los asientos se calientan y los bidés integrados facilitan el lavado. Algunos de ellos incluso pueden ser sincronizados con smartphones a través de Bluetooth para programar las preferencias de los usuarios y reproducir su música favorita en los parlantes incluidos en las tazas.

Cerca de 75% de los hogares japoneses cuenta con estos inodoros , la mayoría hechos por una de dos empresas: Toto, el mayor fabricante japonés de artículos para la higiene, o Lixil Corp., de la cual Fujimori es presidente ejecutivo.

Fujimori lidera una iniciativa para hacerlos populares en Estados Unidos. Lixil planea añadir inodoros con "bidés integrados" a la línea de American Standard Brands, que la empresa japonesa compró el año pasado por US$542 millones, incluyendo deuda.

Fujimori afirma que los estadounidenses adoptarán los retretes con bidé cuando los empiecen a ver en venta bajo una marca familiar. Pocas personas pensaron que necesitaban teléfonos inteligentes hasta que apareció el iPhone, de Apple. Lo mismo sucederá con los nuevos inodoros de American Standard, afirma.

"La industria presenta el iPhone, la industria presenta el inodoro ducha", dijo Fujimori en una entrevista en la sede de Lixil, en Tokio. "Podemos crear el mismo tipo de patrón".

Toto y Kohler, fabricante estadounidense de accesorios de baño, han vendido inodoros con funciones de bidé en EE.UU. desde hace varios años. Sin embargo, a excepción de un mercado nicho de famosos de Hollywood y un grupo de pioneros, aparecen más en chistes que en los baños de los estadounidenses. Su alto precio, que puede superar US$5.000 por modelos de alta gama, o más de 10 veces el costo de un retrete convencional, es una de las razones.

Toto, pionera en la producción de inodoros con bidé en Japón en 1980 con su línea Washlet, ingresó a EE.UU. en 1993. La empresa está orgullosa de su legado: el museo de Toto muestra un orinal instalado en la base general de las fuerzas aliadas durante la ocupación posterior a la Segunda Guerra Mundial. Toto apunta a crecer orgánicamente, bajo su propia marca, en lugar de lograr un impulso rápido con la compra de otra.

"Por supuesto es importante generar ganancias, pero creemos que tener raíces en un país y contribuir a la industria local de inodoros es lo que deberíamos hacer primero", señala Soichi Abe, gerente general de negocios internacionales de Toto, en una entrevista en su sede en Kokura, en la isla de Kyushu, en el sur de Japón.

Toto no quiso divulgar las ventas de Washlet en EE.UU. pero dijo que crecían el doble de rápido que los inodoros en general. The Freedonia Group, una firma de investigación, proyecta que las ventas en EE.UU. de artículos y accesorios de plomería, incluyendo retretes, crecerán a un ritmo anual de 6% hasta 2017, a US$12.000 millones.

La empresa tiene una subsidiaria en Brasil, pero también opera en la mayoría de los países de América Latina a través de distribuidores locales, señala David Krakoff, presidente de Toto Brasil y de la división de ventas en América de Toto USA. Si bien tiene fábricas en Monterrey y en las afueras de São Paulo, los retretes inteligentes Washlet y Neorest que vende en la región son importados de Japón. Krakoff señala que, según el mercado, sus ventas en América Latina van desde menos de 100 a cientos de unidades mensuales, principalmente a hoteles, resorts, restaurantes y apartamentos.

El objetivo de Toto Brasil es aumentar la producción y las ventas en el país, donde 25% de su facturación proviene de este tipo de inodoros, según la empresa. Desde 2012, las ventas de Washlet han subido allí 25% y las de Neorest 15%.

Algunos de los proyectos donde se han instalado los retretes son el resort Villas del Palmar en Los Cabos, México, el hotel InterContinental Tamanaco Caracas, el Edificio Santorini en Viña del Mar e incluso en seis palcos VIP del nuevo Arena Corinthians, o Itaquerão, donde se jugará el partido inaugural del Mundial.

El principal negocio de retretes de Toto facturó US$232 millones en el continente americano en el año fiscal que cerró en marzo.

Jay Gould, presidente ejecutivo de American Standard, indica que la compañía apunta a vender US$50 millones en inodoros con bidés en los próximos tres años. American Standard planea gastar entre US$3 millones y US$5 millones en una campaña publicitaria en EE.UU. para promover sus inodoros con bidé, señala Gould.

Toto ha firmado acuerdos con hoteles de lujo como Kitano, en Nueva York, para instalar retretes Washlet en todas sus habitaciones. La división estadounidense de Toto ha restado importancia a la capacidad de limpieza de sus Wahslet y hecho énfasis en sus beneficios medioambientales.

Tanto Lixil como Toto han tenido éxito con sus inodoros con bidé en Corea del Sur y China, donde se han convertido en símbolos de estatus social. Lixil también planea empezar a venderlos pronto en Europa bajo la marca Grohe, un fabricante alemán de accesorios que la empresa japonesa compró por cerca de US$4.000 millones.

En Japón, ambas compañías enfrentan la competencia de Panasonic Corp., que asegura que sus inodoros tienen funciones para mantener las tazas más limpias. Un modelo presentado en marzo automáticamente baja el nivel de agua en tres centímetros cuando se levanta el asiento.

Funciones como estas son ganchos comerciales en un país obsesionado por la limpieza como Japón. Para otros consumidores, los inodoros japoneses, con su menú de botones al estilo de un smartphone distribuidos a lo largo de la taza, pueden ser abrumadores.

"Nadie quiere que algo tan biológicamente mundano como ir al baño sea más complicado de lo que debe ser", asevera Paul Goehrke, analista de Freedonia. "En este momento, todos los inodoros de alta tecnología me recuerdan a Arturito (o R2-D2)", el robot de La guerra de las galaxias.

Fujimori sostiene que una vez que los consumidores prueben estos retretes, no volverán a los tradicionales. "Esto mejora su estándar de vida", asegura. "No le hace daño. A la gente le gusta la comodidad, le gusta la facilidad, le gusta lo automático. Y a la gente le gusta lo limpio".

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