Los implantes de chips pueden cambiar el mundo, aunque aún se debe rendir cuenta de sus beneficios

Jowan Osterlund, de la compañía sueca Biohax, muestra uno de los chips RFID como los que les implantarán a los empleados de Three Square Market entre el pulgar y el índice
Jowan Osterlund, de la compañía sueca Biohax, muestra uno de los chips RFID como los que les implantarán a los empleados de Three Square Market entre el pulgar y el índice Fuente: AP
Zoltan Istvan
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24 de mayo de 2019  • 10:45

Durante las últimas décadas, la tecnología de implantes de microchips ha pasado de ser ciencia ficción a convertirse en algo real; en la actualidad, cientos de miles de personas en el mundo tienen chips o transmisores electrónicos en su interior. La mayoría los tiene por razones médicas, como es el caso de los implantes cocleares que ayudan a los sordos para que puedan escuchar. Más recientemente, los entusiastas de las modificaciones en el cuerpo y los tecnófilos han estado instalando microchips en sus cuerpos que hacen de todo, desde encender un automóvil hasta enviar un mensaje de texto para pagar cuentas utilizando bitcoins.

El mercado de la tecnología de implantes no médicos no está regulado a pesar de que miles de personas en todo el mundo se colocaron chips en los últimos 12 meses. Esto podría estar a punto de cambiar: en los últimos años, los pedidos de regular o incluso prohibir los implantes voluntarios se han vuelto cada vez más fuertes. Hay un lugar para regular los implantes, como con cualquier tecnología, pero también existe la necesidad de separar el miedo de la realidad.

Me entusiasmó conseguir mi implante en 2015 en una reunión de biohackers llamada Grindfest en Tehachapi, California (específicamente, en un garaje, en la silla de un dentista, rodeado de afiches médicos antiguos). Estos implantes, a menudo llamados ID de radiofrecuencia o etiquetas de comunicación de campo cercano, según la tecnología involucrada, tienen aproximadamente el tamaño de un grano de arroz y se instalan en las personas en cuestión de segundos usando una jeringa de gran tamaño. Cada uno tiene un número de identificación único y cuesta solo $50. La mayoría de las personas se los inyectan en el tejido, entre el pulgar y el índice.

Antes de ser implantado, Amal Graafstra, una entusiasta del biohacking, muestra un chip RFID sobre su mano
Antes de ser implantado, Amal Graafstra, una entusiasta del biohacking, muestra un chip RFID sobre su mano

El microchip sigue siendo una parte divertida de una cultura semi-subterránea, pero el interés está creciendo en sectores más serios. En 2016, la marina me pidió consultar sobre un estudio dirigido por James P. Wisecup, un vicealmirante retirado y director del Grupo de Estudios Estratégicos de la Jefatura de Operaciones Navales. Una de las preocupaciones que tenían era cómo los implantes civiles en marineros podrían afectar el funcionamiento de un submarino nuclear.

Más recientemente, la implantación se convirtió en noticia nacional cuando una compañía de tecnología de Wisconsin, llamada Three Square Market, anunció que iba a celebrar la "fiesta del chip" para sus empleados. A los trabajadores se les ofrecieron implantes que permitían a los dueños de la empresa dar seguimiento a sus empleados en el trabajo, reemplazando así las tarjetas. Los trabajadores también podrían usar los implantes para operar máquinas fotocopiadoras y comprar alimentos de las máquinas expendedoras de la compañía.

No es sorprendente que el interés de los militares y del sector corporativo haya suscitado preocupaciones, y no solo entre los libertarios civiles. Los defensores de la religión han advertido contra los desafíos éticos de los implantes. En febrero, Skip Daly, un demócrata, en la Asamblea del Estado de Nevada, presentó un proyecto de ley para declarar ilegales los implantes de microchips involuntarios; posteriormente, lo modificó para incluir los microchips voluntarios también.

Los chips son un componente imprescindible de los dispositivos electrónicos, y en el cuerpo humano se han utilizado en aplicaciones médicas
Los chips son un componente imprescindible de los dispositivos electrónicos, y en el cuerpo humano se han utilizado en aplicaciones médicas

El proyecto de ley, aunque está en un solo estado y aún no se ha aprobado, desencadenó una tormenta de preocupaciones en la comunidad de biohackers porque parecía ser el primer paso en camino de represión, que todos tememos que se avecine.

Actualmente, ningún estado tiene una ley que prohíba los implantes voluntarios de microchips, aunque junto con Nevada, Arkansas, Nueva Jersey y Tennessee están redactando una legislación centrada en los implantes. California, Wisconsin, Missouri, Oklahoma y Dakota del Norte tienen leyes que, de alguna forma, prohíben los implantes involuntarios.

No puedo pensar en muchos biohackers, ni en ningún ciudadano, que no apoyen la prohibición de los microchips involuntarios (aunque al menos por ahora, eso es un temor sin fundamento). Pero el temor del gobierno, o de los programas impuestos por las empresas, no debe abrumar la promesa que tiene para ofrecer la colocación de chips voluntarios y por cuestiones recreativas.

He tenido mi chip durante más de tres años, y he crecido para deleitarme y confiar en la tecnología. La cerradura eléctrica de la puerta principal de mi casa tiene un escáner de chips, y es agradable salir a navegar y a trotar sin tener que llevar las llaves.

Para algunas personas que no pueden utilizar los brazos, los chips en sus pies son la manera más sencilla de abrir puertas o de hacer funcionar algunos artículos para el hogar modificados con lectores de chips. Los militares están considerando implantes para soldados, los cuales pueden ser útiles para monitorizar sus datos sobre la salud e incluso para recuperarlos si son capturados o se pierden en la guerra.

Compañías como Motorola experimentaron con métodos no invasivos, como tatuajes especiales para interactuar con sistemas informáticos
Compañías como Motorola experimentaron con métodos no invasivos, como tatuajes especiales para interactuar con sistemas informáticos Crédito: Gentileza Motorola

Los implantes de microchips no son para todos, y si bien los riesgos para la salud son mínimos, como con cualquier tecnología, los chips implantados envejecen, se vuelven obsoletos y deben ser reemplazados, un proceso que será moderadamente sangriento y doloroso. Y hay problemas de privacidad legítimos, similares a las preocupaciones actuales sobre el rastreo de teléfonos. Hasta ahora, sin embargo, los implantes pueden ser detectados por alguien solo a una distancia de unos pocos metros.

Por encima de todo, los implantes de microchips ilustran un principio definitorio del movimiento transhumanista, popularizado por el filósofo y futurista Max More: la libertad morfológica: el derecho a modificar el propio cuerpo de la manera que uno quiera, siempre que no perjudique a nadie.

El alboroto por el proyecto de ley de Daly parece haber funcionado. Después de haber sido inundado con comentarios públicos y correos electrónicos, modificó su proyecto de ley una vez más, con una nueva aclaración destinada a eximir a los implantes con fines de autoexpresión y por propósitos médicos. (El proyecto de ley recientemente fue aprobado en la Asamblea de Nevada y está siendo considerado por el Senado de Nevada).

Con la tecnología de implantes cada vez más pequeña y más fácil de colocar en el cuerpo, cada estado pronto tendrá que abordar la cuestión de los implantes que se realizan con fines recreativos. La oposición automática es real y fácilmente podría conducir a leyes despóticas. Las personas deberían poder hacer lo que quieran con sus cuerpos, y los legisladores, si estudian los hechos, se darán cuenta rápidamente de que los beneficios de una cultura de biohacking apenas regulada superan los riesgos.

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