Para trabajar en la Argentina, viajó 6 días desde Venezuela con su computadora desarmada en un bolso

Sebastián Davidovsky
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22 de enero de 2019  • 00:23

Seis días duró la travesía de Manuel Zapata para llegar a Buenos Aires. Trabajaba en Venezuela como desarrollador full stack (de los que se encargan de la parte visible de un servicio digital, y también del "motor" que lo hace funcionar). Tiene 26 años y hace rato venía pensando en emigrar: "en Caracas había mucha inseguridad y necesitaba irme, porque la situación era insostenible", recuerda. Entonces empezó la búsqueda: buscaba trabajar afuera de su país en tecnología, un sector pujante con mayor oferta de empleo que recursos para cubrirla. Falta gente en todo el mundo. Por ejemplo, en el último año, en la Argentina quedaron sin ocupar 8 mil puestos, según la Cámara Argentina del Software.

"La Argentina siempre me llamó la atención. Aunque la primera opción fue Perú, por suerte pude venir", señala. La empresa que lo contactó (y que hoy lo tiene entre sus filas) fue Intive-FDV, una compañía global de desarrollo de software a medida. Hicieron la prueba técnica de forma remota, incluso el psicotécnico.

Un viaje de casi una semana

Obtuvo el puesto, y ahí comenzaron los preparativos. Primero hizo largas colas para homologar todos sus títulos. Un trámite que requiere "tener paciencia y no enojarse", indica. Luego empezó la travesía. De Caracas a Puerto La Cruz. De allí a Boa Vista, Brasil, en micro. Entonces, a Manaos. Y de ahí en avión a Porto Alegre para finalmente tomar un nuevo ómnibus a la Argentina. ¿Por qué esa ruta? El motivo involucra a su novia: la empresa le pagaba un pasaje de avión para venir de Venezuela a la Argentina, pero él usó ese monto para cambiar de transporte y poder venir con su pareja. "Busqué la mejor combinación para que viniéramos los dos con la misma plata". Al periplo se sumó también otra pareja de amigos.

Una computadora desarmada

Zapata sabía las condiciones de trabajo: la empresa, además del pasaje, le ofrecía un mes de hospedaje, ayuda para la legalización de los papeles, además del salario y la obra social. Pero claro, para él faltaba algo fundamental en su trabajo: la computadora con la que programar. Así que Manuel decidió desarmar su PC de escritorio y guardar las partes en el bolso para poder estar listo apenas llegara a Buenos Aires. Cree que la decisión de llevarla despiezada fue clave: a sus amigos, por ejemplo, les quitaron una consola portátil en trayecto.

"Tenía miedo que me la confiscaran o me la sacaran en el camino. Mi idea era comprar un monitor y un gabinete al llegar a Buenos Aires, y ahí armar de vuelta la placa madre con la fuente, el procesador, la memoria RAM y el disco para poder trabajar", describe.

En el primer encuentro con sus empleadores, ya en la Argentina, preguntó por un lugar para adquirir el gabinete de su PC. "Todos se sorprendieron y no entendieron la pregunta. Me miraron, y entonces me explicaron que me iban a dar una notebook para trabajar", explica. "En Venezuela no se estila que te den una. Por seguridad, nadie se atreve a llevar y traer una computadora en el metro de Caracas. Es muy común que tengas una PC de escritorio en el trabajo y listo, aún en nuestra industria", describe.

"Irse", el tema permanente

"Lo que se habla en Venezuela es cuándo te vas. Es el tema. Un día es que se fue un amigo, otro un primo, siempre hay alguien que lo está pensando. Hay personas que igual siguen apostando", señala. "Allá me quedan pocos amigos. La mayoría ya emigraron. Incluso acá tengo varios de la infancia".

Manuel no es un caso aislado de un venezolano en la Argentina. Según datos publicados por Chequeado, en los últimos años, con la crisis venezolana , la Argentina recibió al menos a 130 mil venezolanos que emigraron hacia el sur ( están al tope del ranking de inmigrantes al país). La búsqueda de trabajo se convierte en algo fundamental: "Para nosotros en la industria IT es mucho más fácil. Alcanzás una estabilidad rápido", analiza.

Los recursos que salvan a la industria

Los venezolanos, como Zapata, representan el 10 por ciento de la plantilla de Intive-FDV. Pero el año pasado constituyeron el 25 por ciento de las nuevas contrataciones. No es la única empresa del rubro que los emplea: Mercado Libre ya tiene 34 desarrolladores sudamericanos, y otras empresas como Globant, Red Bee o Quales también los tienen en su plantilla, según pudo relevar LA NACION. Ante la escasez de recursos locales, algunos empresarios lo admiten en off: "nos salvaron".

"La verdad que el Opssi (nuestro observatorio estadístico) no lo ha medido, pero debe haber algunas cuantas centenas, en abril recién lo vamos a medir", explica Aníbal Carmona, presidente de la CESSI, la Cámara de la industria tecnológica nacional.

Una ciudad para vivir

"Me gusta Buenos Aires. No es caótico; lo es para ustedes, pero para nosotros es maravilloso. Es un cuadrado perfecto, todo es plano, cada cuadra son 100 números. Le da una buena organización. Y para mí el tránsito no es tan insoportable", cuenta Manuel. Hoy, su computadora descansa en su casa. "No quería perderla, así que finalmente, sí, compré el gabinete y el monitor". Y aún conserva, además del hardware, todo lo que vino en el disco rígido, todo lo que representa la vida que, hasta marzo de 2018, tenía en Venezuela.

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