Pinny: así es la aplicación argentina para pedir comida casera o de chefs aficionados

Crédito: Shutterstock
Irina Sternik
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2 de septiembre de 2019  • 14:13

La uberización de los servicios avanza en las grandes ciudades. Ahora, una nueva aplicación llamada Pinny propone acercar a cocineros sin local de atención al público con consumidores interesados en pedir comida a través de una aplicación de celular. El sistema ya está disponible en la ciudad de La Plata desde hace algunos días, y se presentó en la Ciudad de Buenos Aires.

Se trata de un espacio sin intermediarios, para quienes quieran ofrecer su comida (elaborada en forma casera o profesional) bajo modalidad "take away" (retiro) o envío a domicilio. La empresa los llama "Pinny Chef", pero puede aplicar cualquiera que tenga capacidades culinarias. En diálogo con LA NACION, su creador, Martín Pérez, explica que para poder participar tienen que cumplir con la ley.

El modelo de negocio es similar a todas las aplicaciones que ofrecen servicios del productor al consumidor. En este caso, una comisión de 12,5% por cada plato vendido. Durante los primeros días de funcionamiento en La Plata, Pinny contó con 2550 usuarios activos, más de 550 chefs y un promedio de 90 pedidos diarios. El sistema tiene dos aplicaciones: una para los consumidores y otra para los cocineros inscriptos que pueden exhibir hasta 22 platos en simultáneo. La propuesta está disponible para los usuarios que vivan entre 1 y 4 kilómetros de distancia de quien cocina, y el método de pago y envío lo define el cocinero: efectivo o tarjeta.

"Hay una tendencia muy fuerte en la sociedad a mejorar el estilo de vida y los hábitos alimenticios, pero muchas veces hacen falta opciones saludables y eso hace que sea un tarea muy difícil. Pinny le da la posibilidad a todos aquellos que están buscando un cambio real en su alimentación, de poder acceder a platos caseros, únicos y saludables, preparados con ingredientes frescos y productos de estación" explica Pérez.

En total, la app ya tiene más de 7000 usuarios: 3000 son chefs y más de 700 son repartidores. "El lanzamiento en la ciudad de La Plata que fue el 15 de agosto; tuvo muy buenos resultados, y creemos que vamos a alcanzar a superar los 30.000 usuarios para el lanzamiento en Buenos Aires el próximo 5 de septiembre. Para fin de año tenemos previsto desembarcar en grandes ciudades como Rosario, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Neuquén, donde creemos que vamos a lograr superar los 100.000 usuarios", agrega Pérez..

¿Qué se puede comer? Al momento en la ciudad, hay tartas, hamburguesas caseras vegetarianas, pernil de cerdo o bondiola braseada, pero las opciones irán aumentando con el lanzamiento oficial, previsto para este jueves. Los precios los define cada cocinero. Hay desde prepizzas de harina de garbanzo a 80 pesos la unidad, bondiola braseada de 1 Kg para cinco personas a 800 pesos, ensaladas a 96 pesos o fideos caseros a 180.

En diálogo con LA NACION, uno de los cocineros -que prefiere no dar su nombre- afirma que como es tan incipiente, todavía no firmó ningún contrato. También dice desconocer el código de alimentación que requiere la aplicación para funcionar, pero que le gustaría cumplir con él. En general, se trata de emprendimientos que ya funcionaban con anterioridad, a través del boca en boca y las redes sociales. Y si bien trabajan con responsabilidad, no están inscriptos como organismos de gastronomía porque cocinan desde la casa, como tantos otros servicios de catering que existen desde antaño. La diferencia es que se visibilizan a través de una aplicación.

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El control sobre los alimentos

"La app no propone que se cocine de manera diferente a lo que está previsto en el Código Alimentario Argentino. Tenemos muchos Pinny Chefs que trabajan desde restaurantes, y otro tantos que lo hacen desde su casa, cumpliendo con el art. 152 del código", explica, y aclara que para poder ser parte de la oferta de la aplicación deben cumplir con las normativas sanitarias vigentes, y firmar un contrato con la empresa donde declaran respetar esas normas.

Desde la Agencia Gubernamental de Control (AGC) indican la cantidad de requisitos que debería tener cualquiera para vender comida al público: "Cumplir con el código de habilitación y con las normas de bioseguridad e higiene que dicta el código de alimentación, haber asistido al curso de manipulación de alimentos y cumplir con el código de planificación urbana en el que actúa la Agencia de Protección Ambiental por las aguas servidas de contaminación ambiental" dice el Director ejecutivo de la ACG, Ricardo Pedace, un organismo al que sólo le corresponde actuar en caso de alguna denuncia.

El artículo 152 del Código Alimentario Argentino indica que "Las familias que en sus domicilios particulares preparen, para ser repartidas, un número no mayor de seis viandas diarias (o doce comidas) no se consideran Casas de comida, pero deben comunicar a la autoridad sanitaria que se dedican a la remisión remunerada de platos de cocina y autorizarla para que los inspectores puedan entrar en sus domicilios, al sólo efecto de inspeccionar las cocinas y controlar si el personal que interviene en la preparación de los alimentos y las primeras materias empleadas en la confección de los platos de comida satisfacen las exigencias del presente".

Algo similar sucede con CookPad, la aplicación de restaurantes a puertas cerradas que funciona hace ya varios años, con variedad de propuestas para ir a cenar o vivir experiencias relacionadas con la gastronomía.

"Estos establecimientos tienen que tener seguro, responsabilidad civil, un montón de cosas -insiste Pedace-. Esto es simplemente un buen cocinero del barrio. Si pasa algo: a quién le vas a reclamar. La aplicación no está avalada por el gobierno. El último caso de botulismo hace dos meses en la Ciudad de Buenos Aires fue por producto de una comercialización no controlada de humus casero, por el cual dos hermanas terminaron a en terapia intensiva. Yo entiendo la actitud de los emprendedores, pero debe estar acompañado por las medidas de seguridad e higiene y habilitación."

Economía con menos intermediarios

La idea de Pérez surgió por sus propias capacidades culinarias. Un día que estaba cocinando un ragoût de cordero sólo para él y, al sobrarle porciones, soñó con una plataforma donde la gente pudiera vender y acceder a platos similares: "Me puse a estudiar el Código Alimentario Argentino, y cuando vi que esta actividad estaba prevista, no pude esperar mucho para empezar a trabajar en esto". Pérez incluye a Pinny en el marco de las economías colaborativas: "Son una tendencia en el mundo, por lo que puede haber alternativas parecidas, pero lo que me inspiró fue la pasión que tengo por la cocina, y la posibilidad de poder ayudar a muchas personas a hacer realidad el sueño de poder montar su propio emprendimiento".

Efectivamente, ya existen cientos de aplicaciones similares en el exterior: casi todas con experiencias breves, conflictos y fusiones con grandes jugadores. Homemade, por ejemplo, empezó con algunos problemas porque no encuadraba en la ley, hoy opera según la Ley de Alimentos Caseros de California que establece requisitos para los MEHKO (operaciones de microempresas en el hogar), un permiso municipal aprobado en 2018 que fue un gran logro para la ciudad y requiere el curso de manipulación de alimentos entre otras cosas. En China, HomeCook cuenta con más de dos millones de usuarios registrados en un país donde la economía de plataformas representará, el año que viene, 10 por ciento del producto interno bruto nacional de China.

Marcela Basch, experta en economías colaborativas y autora del sitio El Plan C, explica que Pinny se ubica tanto dentro del término entre Gig Economy (economía de la changa) como del de economía de plataformas. Pero desde ya, desecha el término economías colaborativas a este proyecto porque no lo es: "Economía de plataformas describe objetivamente un modelo de negocio. Para quienes cocinan es "economía de la changa". Son las mismas personas que venden a través de redes sociales o MercadoLibre". Basch es consumidora de comida al paso en la ciudad, pero sabe que "una cosa es la economía popular donde una señora vende arepas en el subte porque tiene que salir a alimentar a la familia, y otra cosa es hacer un negocio de eso. Hay varios temas: lo bromatológico y la salud pública para proteger al consumidor a través del estado, los derechos de los trabajadores, la responsabilidad de la sociedad en términos fiscales y los sectores que están siendo afectados". ¿La solución? Regular, que haya diálogo, que puedan cumplir los requisitos técnicos y legales a su medida, y que sea seguro para todos.

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