Vientos de cambio en las fábricas chinas de tecnología

Una trabajadora examina una placa madre en la línea de producción de Foxconn, una de las principales proveedoras de Apple
Una trabajadora examina una placa madre en la línea de producción de Foxconn, una de las principales proveedoras de Apple Fuente: AP
Luego de ser el centro de las noticias por las jornadas extensas de trabajo en China, los principales proveedores y firmas del sector buscan cambiar las condiciones laborales de sus trabajadores
Keith Bradsher
Charles Duhigg
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1 de enero de 2013  • 00:07

CHENGDU, China – Un día en el verano pasado, Pu Xiaolan estaba a la mitad de su turno inspeccionando cajas de iPad cuando recibió una silla de madera beige con franjas blancas y un respaldo alto y robusto.

Al principio Pu se preguntó si alguien había cometido un error. Pero cuando sus jefes pasaron se limitaron a asentir. De modo que Pu se sentó suavemente y se apoyó en el respaldo. Con el cuerpo relajado.

Los rumores eran ciertos.

Cuando Pu fue contratada en esta planta de Foxconn hace un año, recibió un taburete bajo, de plástico verde, que dejaba su espalda sin respaldo tan dolorida que apenas si podía dormir de noche.

Eventualmente la promovieron a una silla de madera, pero el respaldo era demasiado pequeño como para apoyarse. Consideraba que los gerentes de esta planta de 164.000 empleados creían que el confort promueve la holgazanería.

Pero en marzo se dio una reunión crítica –cosa de la que Pu no se enteró- entre los más altos ejecutivos de Foxconn y un alto funcionario de Apple. Las compañías se comprometieron a una serie de amplias reformas. Foxconn, el mayor empleador privado de China, se comprometió a reducir mucho el horario de trabajo y aumentar los salarios significativamente, reformas que, si son plenamente implementadas el año entrante, tal como está planificado, podría crear un efecto contagio que beneficie a decenas de millones de trabajadores en toda la industria electrónica, dicen expertos en empleo.

Otras reformas fueron más personales. Apareció espuma protectora en bajos cielos raso de escaleras dentro de las fábricas. Aparecieron dispositivos de apagado automático en máquinas que giran a toda velocidad. Pu recibió su silla. Este otoño boreal incluso oyó que algunos trabajadores recibieron asientos con almohadones.

Los cambios también se extienden a California, donde Apple tiene su sede. Apple, el gigante de la industria electrónica, en el último año ha triplicado su personal de responsabilidad social corporativa, ha revaluado como trabaja con los fabricantes, ha pedido a los competidores que ayuden a reducir las horas extras excesivas en China y ha tomado contacto con grupos defensores de distintos intereses que en un tiempo rechazaba.

Ejecutivos de compañías como Hewlett-Packard e Intel dicen que esos cambios han convencido a muchas compañías electrónicas que también deben modificar su relación con plantas y trabajadores en el extranjero, a menudo con efecto sobre sus ganancias aunque, según dicen los analistas, probablemente no lo suficiente como para modificar los precios al consumidor. Al convertirse Apple y Foxconn en la comidilla de programas televisivos satíricos como "Saturday Night Live" y motivo de cuestionamientos durante debates presidenciales, los diseñadores de dispositivos y sus fabricantes concluyeron que la reputación del sector estaba en riesgo.

"Se acabaron los tiempos de la globalización fácil" dijo un ejecutivo de Apple que, como mucha gente entrevistada para este artículo, pidió mantenerse en el anonimato debido a acuerdos de confidencialidad.

Al convertirse

"Sabemos que ahora tenemos que poner los pies en el barro".

Incluso con estas reformas subsisten problemas crónicos. Muchos trabajadores siguen haciendo más horas extras de lo permitido legalmente y sigue habiendo riesgos de seguridad para algunos empleados, según entrevistas e informes publicados por organizaciones defensoras de sus derechos.

Pero los cambios en marcha en China pueden demostrarse tan transformadores de la manufactura global como el iPhone lo fue para la tecnología de consumo, dicen ejecutivos de más de una docena de compañías electrónicas, defensores de los derechos laborales e incluso críticos de las fábricas de larga data. "Esto es prioridad para todos ahora" dijo Gary Niekerk, director de responsabilidad social corporativa de Intel, que fabrica semiconductores en China. Nadie en Intel "quiere trabajar con una fábrica que trata mal a la gente y que termina en la primera plana".

Pero la perdurabilidad de muchas transformación depende de a dónde van Apple, Foxconn y los trabajadores extranjeros a partir de aquí. Entrevistas con más de 70 empleados de Foxconn en múltiples ciudades indican un cambio entre la gente de las líneas de montaje de iPad y iPhone. Los millones, en un tiempo anónimos, que montan los dispositivos del mundo están sacando lecciones de los cambios que se dan a su alrededor.

Cuando el verano boreal dio paso al otoño y luego el invierno, Pu comenzó a inscribirse en los nuevos cursos ofrecidos por Foxconn para aprender a tejer y dibujar. A los 25 años y soltera, ya se sentía vieja. Pero decidió que consideraría a su silla con respaldo alto como una señal. Los trabajadores migrantes de China en un sentido son la gente más audaz del país, en lo que se refiere a correr riesgos, transformando industrias enteras al abandonar sus aldeas rumbo a fábricas lejanas para convertirse en la energía del motor manufacturero del mundo.

Foxconn por dentro

Pu siempre se sintió valiente y al avanzar este año y mejorar las condiciones dentro de su fábrica, se convenció de que hay una vida mejor a su alcance. Sus padres le habían dicho que tenía libertad para elegir el marido que quisiera siempre que fuera de Sichuan. Entonces encontró a alguien que parecía ideal, salvo por el hecho de que provenía de otra provincia.

Reclinada contra el respaldo de su nueva silla, decidió ignorar las demandas de su familia, dijo. La pareja se está viendo.

"Hubo un cambio este año", dijo. "Me estoy dando cuenta de lo que valgo".

El empujón de un inspector

"¡Esto es una vergüenza!" gritó Terry Gou , fundador y presidente de Foxconn, el mayor fabricante mundial de electrónica y el más importante socio industrial de Apple.

Era marzo de este año y Gou –visto desde hace mucho tiempo por los activistas como un obstáculo para mejorar las condiciones dentro de sus fábricas- estaba reunido con sus principales lugartenientes en Shenzhen, China. En 2011 el New York Times comenzó a enviar a Apple y Foxconn extensos cuestionarios sobre las condiciones laborales en fábricas que producen los dispositivos de Apple. Los artículos resultantes que aparecieron a fines de enero detallaron problemas que iban desde horarios excesivos y trabajadores menores de edad hasta en algunos casos peligros mortales tales como que algunos trabajadores debían usar un producto químico venenoso para limpiar pantallas de iPhone en la planta de otro fabricante, y una explosión en la planta donde trabaja Pu, que mató a cuatro trabajadores.

En enero Apple difundió públicamente por primera vez los nombres de sus muchos proveedores. Además, la compañía dio el paso inusual de ingresar a la Asociación de Prácticas Laborales Justas (Fair Work Association), uno de los grupos más importantes dedicados a controlar el ámbito laboral. Auditores de esa asociación pronto estaban inspeccionando los socios de Apple en China, comenzando por Foxconn. Gou ahora se enteraba de los resultados de esas evaluaciones. Foxconn seguía sin evitar los horarios ilegalmente extensos , le dijo el principal inspector de la asociación a Gou y sus lugartenientes, según numerosas personas que tuvieron conocimiento de la reunión. La compañía seguía empleando pasantes en turnos nocturnos.

Foxconn no había implementado suficientes medidas de seguridad y había expuesto potencialmente a cientos de miles de trabajadores a al menos 43 violaciones de leyes y normas chinas. "¡El mundo está mirando!" gritó Gou, según numerosas personas. "¡Vamos a arreglar esto ahora mismo!", agregó.

Pero el inspector no había terminado.

Apple venía trabajando desde hacía años para mejorar las condiciones en fábricas en el extranjero, pero trataba el tema como si fuera un problema de ingeniería más, hasta que decidió optar por un abordaje más humano

Se dirigió al único ejecutivo de Apple en el cuarto, el vicepresidente de operaciones, Jeff Williams. El inspector dijo que Apple también tenía que cambiar. La compañía de Cupertino venía trabajando desde hacía años para mejorar las condiciones en fábricas en el extranjero, pero trataba el tema como si fuera un problema de ingeniería, dijo el inspector.

"Las soluciones de largo plazo requieren de un abordaje más complicado, más humano" dijo el inspector, Auret Van Heerden de la Asociación de Prácticas Laborales Justas, a Williams. En vez de concentrarse en escribir más declaraciones de política, Apple tenía que escuchar más atentamente las quejas de los trabajadores y las recomendaciones de los grupos defensores de sus derechos.

Algunas de esas sugerencias sorprendieron a Williams, dijeron personas que trabajaron con él. Desde 2007 Apple había desarrollado uno de los programas de auditoría más abarcantes de la industria electrónica, inspeccionando más de 800 instalaciones. Era motivo de orgullo tanto de Williams como de los máximos ejecutivos de la compañía.

Terry Gou, CEO de Hon Hai, asediado por la prensa tras los suicidios de trabajadores en una de las fábricas de Foxconn, una de sus subsidiarias
Terry Gou, CEO de Hon Hai, asediado por la prensa tras los suicidios de trabajadores en una de las fábricas de Foxconn, una de sus subsidiarias

Cuando Williams, que no quiso hacer comentarios para este artículo, volvió de esa reunión en marzo a California, comenzaron los cambios. Entre ellas, dice gente con conocimiento de primera mano, se incluyó la contratación de aproximadamente 30 profesionales más para la unidad de responsabilidad social de Apple en el último año, lo que triplicó el tamaño de la división e incorporó activistas corporativos de alto perfil a la compañía. Dos ex ejecutivos de Apple muy respetados –Jacky Haynes y Bob Bainbridge – fueron reincorporados para ayudar a conducir la unidad, bajo el mando de Williams y el CEO, Tim Cook.

"Todos conocen a Bob y Jacky" dijo un ex ejecutivo de Apple. "Esto envía el mensaje de que Jeff y Tim esperan que todo el mundo se sume al esfuerzo".

Lo que es más, la compañía ha tomado contacto con activistas que en un tiempo rechazaba. A fines de abril Apple permitió la primera de una serie de auditorías de polución a cargo de Ma Jun, un activista ambiental chino que trabaja en estrecho contacto con docenas de multinacionales pero con quien Apple se había negado a hablar hasta el año pasado según Ma. En septiembre la compañía ingresó a la Iniciativa de Comercio Sustentable, un grupo con sede en Holanda.

"Ahora saben que si no participan es lo mismo que no decir nada" afirmó Ma.

Foxconn también ha cambiado. Luego de reunirse con la Asociación de Prácticas Laborales Justas, el fabricante anunció que para julio de 2013 no se permitiría a ningún empleado trabajar más de 49 horas promedio por semana, que es el límite fijado por las leyes chinas.

Tras la exposición pública, Foxconn decidió públicamente que ninguno de sus empleados podrá trabajar más de 49 horas promedio por semana, que es el límite fijado por las leyes chinas, cuando antes realizaban cerca de 100 horas semanales

Antes algunos empleados de Foxconn trabajaban cerca de 100 horas semanales. Ningún otro fabricante importante se ha comprometido a respetar la jornada laboral establecida por las leyes chinas de un modo tan público. Foxconn, que tiene sede en Taiwán, también prometió aumentar los salarios, de modo que la paga total de los empleados no caiga pese a la reducción de la jornada, lo que para muchos trabajadores representa un aumento del 50 por ciento, dicen analistas. Con 1,4 millones de empleados en China –la mayor cantidad de una empresa privada- Foxconn está fijando el estándar respecto del cual se juzgará a todos los fabricantes, dicen ejecutivos de otras compañías.

"Cuando la compañía más grande aumenta los salarios y reduce el horario de trabajo, obliga a todas las demás fábricas a hacer lo mismo, lo quieran o no" dijo Tony Prophet, vicepresidente de Hewlett-Packard. "Ha comenzado una tormenta y estas compañías ahora están en el medio. Tienen que mejorar para competir. Es un cambio inmenso comparado con lo que se veía hace solo 18 meses".

Foxconn, en una declaración, dijo que está "comprometido a asegurar un ambiente de trabajo seguro y saludable para todos nuestros empleados" y que la compañía había aumentado los salarios regularmente en los últimos tres años.

Secreto y transparencia

Pero pese a estas reformas los defensores de los derechos laborales dentro de Apple y de grupos externos dicen que los problemas de la industria electrónica no disminuirán realmente hasta que Apple –la compañía más valiosa del mundo- comience a cumplir un rol de liderazgo público similar al de otras compañías en otras industrias con problemas en el extranjero, como Nike en la fabricación de calzado y Patagonia en el vestido.

Tal liderazgo público y transparencia pueden chocarse con la cultura de secreto dominante en Apple. Los empleados a menudo no saben en qué trabajan aquellos con los que almuerzan o de la oficina de al lado. Este secreto ha ayudado a Apple a mantener la delantera respecto de sus competidores, pero se convierte en un problema cuando derrama a la cultura corporativa en general, dicen quienes fueron ejecutivos de la compañía en el pasado.

"Es llamativo cómo la paranoia en Silicon Valley impide a las compañías cooperar, incluso en cosas como responsabilidad social corporativa" dijo van Heerden de la Asociación de Prácticas Laborales Justas, que agregó que su trabajo con Apple, Foxconn y otras compañías es confidencial.

Si bien Apple es la única compañía electrónica que se sumó al grupo de monitoreo de van Heerden, en otros sentidos no se ha abierto. Apple se ha negado a difundir informes de auditoría de los cientos de instalaciones que la compañía ha inspeccionado. Luego de dos explosiones en fábricas el año pasado, Apple no dio los informes de las investigaciones a otras compañías para que puedan evitar accidentes similares. Asimismo, por lo general no identifica proveedores o fábricas con las que dejó de trabajar porque violaban su código de conducta.

Tim Cook, CEO de Apple, durante su visita oficial a una fábrica de Foxconn en China
Tim Cook, CEO de Apple, durante su visita oficial a una fábrica de Foxconn en China Fuente: Reuters

Lo que es más los integrantes del equipo de seguridad y responsabilidad corporativa de Apple en crecimiento tienen prohibido difundir sus conclusiones en conferencias, en publicaciones académicas u otros foros donde sus visiones podrían ser absorbidas por otras compañías, según ex miembros de ese equipo.

"Apple está asustada de que si abrimos demasiado el kimono, eso arruinará lo que ha hecho especial a Apple" dijo un ex ejecutivo de la compañía. "Pero esa es la única manera de mejorar realmente las cosas. Si uno no comparte lo que sabe, entonces nadie más tiene la oportunidad de conocer sus errores y lo que ha descubierto".

Apple rechazó pedidos de entrevistas. En una declaración dijo que la compañía abrazó su "posición única de liderazgo" y que desde hace mucho toma muy en serio las condiciones de trabajo. "Nadie en nuestra industria está haciendo tanto como nosotros, en tantos lugares, llegando a tanta gente como nosotros. A través de años de trabajo duro y compromiso firme, hemos establecido estándares para los lugares de trabajo, los dormitorios y para seguridad, hemos buscado ayuda de expertos de todo el mundo y establecido programas educativos innovadores para los trabajadores".

"Hemos sido abiertos respecto de los desafíos que enfrentamos y estamos atacando los problemas de modo agresivo" sigue la declaración. "Creemos profundamente en la transparencia y lo hemos demostrado informando de nuestras limitaciones y exponiendo violaciones".

En una conferencia en mayo Cook, el CEO, dijo que la compañía iba a "aumentar el secreto respecto de los productos".

Entre el secretismo de sus proyectos y su intención de ser más transparente con sus proveedores, Apple no ha buscado las oportunidades de liderazgo de alto perfil que han generado transformaciones en otros sectores, como Nike, Gap o Patagonia sobre las condiciones laborales en el extranjero

Pero agregó que "va haber otras cosas que hacemos en las que vamos a ser la compañía más transparente del mundo. Como el cambio social. La responsabilidad de los proveedores. Respecto de lo que hacemos por el medio ambiente. Vamos a ser los más transparentes, porque pensamos que la transparencia es tan importante en estas áreas y que si lo somos otra gente copiará lo que hacemos".

Este año Apple comenzó a publicar síntesis mensuales del cumplimiento de los proveedores de las normas en materia de jornadas de trabajo.

En octubre Apple invitó a una reunión a otras compañías de tecnología a una discusión privada sobre respuestas a jornadas laborales excesivas en el extranjero. Si bien los informes anuales de responsabilidad de los proveedores de Apple no contienen detalles de fábricas específicas se cuentan aún así entre los más completos del sector.

Pero Apple no ha buscado las oportunidades de liderazgo de alto perfil que han generado transformaciones en otros sectores. Nike, por ejemplo, ha organizado reuniones públicas de líderes laborales, de derechos humanos, ambientales y empresarios para debatir como mejorar las fábricas en el extranjero. El minorista de vestimenta Gap ha invitado organizaciones externas a criticar sus prácticas de compras y a que publiquen sus conclusiones. Patagonia hace conocer las auditorías de sus fábricas a la competencia y ha sido partidario declarado de un centro de auditorías centralizado que permita a las compañías compartir información.

"Ese es el estándar para Apple" dijo un ex ejecutivo de Apple. "Es así como un líder transforma una industria".

Un manejo más humano

Casi 320 kilómetros al sudeste de la fábrica en la que Pu recibió su silla nueva hay otra planta que está experimentando con mejorar la calidad de vida de los trabajadores y muestra qué se gana y qué se pierde con ello.

La fábrica, en Chongqing, hace computadoras para Hewlett-Packard, una compañía que tiene algo del glamour de Apple. La fábrica es operada por Quanta, un fabricante taiwanés poco conocido.

Dentro de la planta, en medio de miles de trabajadores en uniformes blanco brillantes, hay ocasionales destellos de rosa que es el color que viste gente como Zhang Xukemei, una joven burbujeante de 19 años con aros restallantes cuyo único trabajo es charlar con sus compañeros.

Jia Jingchuan, un técnico de 27 de Wintek, junto a sus compañeros fuera de sus habitaciones en Sushou, China. La compañía fue acusada de emplear un solvente tóxico de secado rápido que afectó a 137 operarios
Jia Jingchuan, un técnico de 27 de Wintek, junto a sus compañeros fuera de sus habitaciones en Sushou, China. La compañía fue acusada de emplear un solvente tóxico de secado rápido que afectó a 137 operarios Fuente: Reuters

Ocho horas por día Zhang recibe quejas sobre las comidas gratuitas y los dormitorios de la fábrica. Escucha a los trabajadores que se están divorciando, los que extrañan su hogar o los que discuten con los jefes. Cuando encuentra a alguien con algún padecimiento, lo refiere al médico o los consejeros profesionales de la compañía.

El dormitorio de 10 pisos de Quanta parece un campus de universidad. Hay un cine gratuito, cuartos para ver televisión, un gran gimnasio de artes marciales, dos bares de karaoke, una cafetería inmensa y una sala de aeróbica donde se ve una versión china del "Gangnam Style". Ni Quanta ni Hewlett-Packard dicen haber resuelto todos los problemas laborales. Y los entretenimientos en parte tienen un motivo egoísta: uno de los mayores problemas de las fábricas chinas es que los trabajadores abandonan constantemente su empleo. Hewlett-Packard espera que mejorando las condiciones de vida, se reducirá la rotación de personal y caerán los costos de capacitación.

Las comodidades y mejoras en el ámbito laboral en parte tienen un motivo egoísta: uno de los mayores problemas de las fábricas chinas es que los trabajadores abandonan constantemente su empleo

"Se puede ganar un segundo en el proceso de producción haciendo ajustes mínimos, pero si el personal rota cada tres meses, piense lo que eso significa para la calidad" dijo Prophet, el ejecutivo de Hewlett-Packard.

El año pasado, un grupo defensor de los trabajadores criticó otra planta de Quanta, en Shangai, por las malas condiciones laborales en muchas fábricas, incluyendo jornadas muy largas y mala comida. En Chongqing, Hewlett-Packard ha acordado pagar precios un poco más altos inicialmente de modo que Quanta pueda ofrecer a los trabajadores una mejor calidad de vida. Tales pagos son el precio que todas las compañías debieran pagar para que haya fábricas más humanas, dicen ejecutivos de Hewlett-Packard.

Esto también tiene sus costos para los trabajadores.

Los empleados de Quanta ganan un poco menos que sus pares en Foxconn. Lo que es más, la insistencia de Quanta en que los horarios sean más cortos significa que no hay horas extras, a pesar de que algunos trabajadores dicen quererlas.

Zhang Jiang, un obrero de 21 años, delgado, antes armaba laptops en otra compañía en Shangai. Cada semana enviaba el grueso de su paga a casa de modo que su hermano menor pudiera seguir en la escuela. Las horas extra eran una bendición, dijo. Pero el verano pasado, cansado del viaje de tren de 25 horas para ver a su familia, Zhang se mudó a Chongqing y entró en Quanta. Disfruta de las instalaciones y los dormitorios con sus mejoras. Visita la casa de sus padres frecuentemente. Pero su paga de bolsillo ha caído casi un tercio y la idea de que su hermano puede tener que dejar la escuela para poder ayudar a la familia le hace remorder la conciencia a Zhang. En vez de trabajar en la fábrica cada noche pasa horas jugando un juego online, Dungeon Fighter.

"Quisiera trabajar 80 horas a la semana", dice.

El cambio es difícil

Un empleado de recursos humanos de Foxconn durante una jornada de contratación de operarios en Shenzhen, China
Un empleado de recursos humanos de Foxconn durante una jornada de contratación de operarios en Shenzhen, China Fuente: Reuters

Hewlett-Packard también hace productos en las fábricas de Foxconn, tal como sucede con casi todas las firmas de electrónica.

Foxconn, más que ninguna otra compañía, ha demostrado que las plantas chinas pueden ofrecer una atención obsesiva a la calidad. La compañía ha ayudado a convertir a China en una potencia manufacturera por medio de la disciplina estricta que es visible en todas partes, incluso en los saludos que reciben los ejecutivos de visita de parte de los gerentes.

Esa disciplina, dicen ex ejecutivos de Apple, es uno de los motivos por los que cada iPhone está tan bien armado.

Es también el motivo por el que las reformas de las que disfrutan empleadas como Pu –que recibió la nueva silla- no se han extendido tan rápidamente. Aunque Foxconn ha entrenado a los gerentes para que traten a los empleados con más cuidado, los capataces siguen recurriendo a las malas palabras e intimidación, dicen los trabajadores.

"Los jefes hablan de un modo que a menudo parece una amenaza" dijo Mou Kezhang que trabaja en control de calidad de iPad en la fábrica de Foxconn en Chengdu. Foxconn en una declaración dijo que "siempre se ha contado entre quienes más rápido adoptaron cambios y reformas" La compañía dijo que su política es "tratar a los empleados con respeto y si descubrimos transgresiones son investigadas y resueltas inmediatamente".

"Yo quiero hacer horas extras y trabajar más que 60 horas, pero ahora hay un techo" dijo Ma Changqiao, un joven de 23 años de la fábrica de Foxconn en Chongqing
En los últimos dos años Hewlett-Packard ha trasladado de modo creciente su fabricación a Quanta.

Foxconn no se ha esforzado demasiado por recuperar el trabajo perdido, según ejecutivos de Hewlett-Packard. A menudo las mejoras de calidad de vida que requieren los ejecutivos de electrónica occidentales afectan las ganancias de los proveedores. Incluso dentro de Apple las tensiones estallan porque los ejecutivos a menudo creen que las mejoras deben ser financiadas por los proveedores, mientras que los proveedores dicen que los cambios no son posibles a menos que Apple pague más.

Y de últimas incluso algunos trabajadores se resisten a las reformas. En marzo cuando Foxconn anunció que se reduciría la jornada laboral al límite legal en China, los empleados comenzaron a quejarse. "Yo quiero hacer horas extras y trabajar más que 60 horas, pero ahora hay un techo" dijo Ma Changqiao, un joven de 23 años de la fábrica de Foxconn en Chongqing.

El cambio es difícil dicen los jefes de muchas compañías. Reformar las condiciones laborales en un país tan grande como China probablemente lleve décadas y los abusos laborales son un problema en continua evolución, que no tiene una sola respuesta correcta.

En septiembre, seis meses después de que Foxconn aceptara un pedido de la Asociación de Prácticas Laborales Justas de nuevas normas para las pasantías, dos grupos defensores de los derechos de los trabajadores denunciaron que estudiantes de cursos no relacionados con la manufactura estaban siendo obligados a trabajar de modo inadecuado en una planta de Foxconn en el centro-norte de China. Una estudiante de educación pre-escolar dijo que se le prohibió abandonar su pasantía y fue obligada a trabajar de noche. Luego de ello Gou de Foxconn se disculpó con los pasantes agraviados y el jefe responsable fue despedido.

El programa de pasantías sigue adelante lo que según los ejecutivos es indicativo de la decisión de Foxconn de continuar con algo que puede beneficiar a miles de estudiantes, aunque sea difícil hacer mejoras y los tropiezos sean inevitables. Cambiar la cultura de la compañía es un proceso lento. Pero los ejecutivos de Apple y Foxconn esperan y creen que las necesarias reformas están comenzando a implementarse.

Keith Bradsher informó desde Chengdu y Chongqing y Charles Duhigg desde New York. Yadan Ouyang contribuyó con informes desde Chengdu y Chongqing.

© NYT Traducción de Gabriel Zadunaisky

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