
Software con calidad argentina
La industria nacional está hoy a la altura de las mejores del mundo
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Hace dos meses, el suplemento Mi PC inició una serie de entrevistas con directivos de empresas e instituciones locales de la industria de la informática, donde se analiza la situación del mercado local frente a la crisis económica. En este número tiene por interlocutor a Adrián Richeri, de Novell (ver página 7), y terminará el lunes próximo con Marcos Suárez, gerente regional de Computer Associates.
En esas y otras charlas surgió una idea: que la industria de la computación en la Argentina tiene un enorme potencial, y que la actual coyuntura económica puede funcionar como impulsora, más que como freno, para desarrollar negocios.
Por eso nos propusimos mostrar algunos casos de empresas argentinas que tienen software del nivel internacional, y que están saliendo al mundo a vender sus productos. Como toda muestra es incompleta: hay más casos que los que entrarían en una nota.
Pero las estadísticas sirven para pensar que el sector podría tener una injerencia más destacada en la economía local. La Argentina exporta cerca de 45 millones de dólares en software (aunque algunos analistas dicen que es el doble), y según los expertos podría duplicarse en un año.
ToWebs, un proveedor de web hosting (es decir, de espacio para montar un sitio) nacional, aumentó su facturación en un 70% en el primer semestre del año respecto de 2001, aprovechando la devaluación. Al mantener las tarifas en pesos sin aumentos, capturó gran parte de las empresas locales que tenían sus sitios en el exterior.
"Hasta diciembre último, se calcula que dos tercios de las páginas Web argentinas estaban en servidores extranjeros. Con la devaluación, muchos optaron por proveedores nacionales, con tarifas más baratas", explica Iván Vitor, presidente de ToWebs.
La empresa logró reducir costos, entre otras cosas, porque en vez de comprar software de control de sitios enlatado (es decir, sin estar adaptado a los requerimientos de un proveedor particular) apeló a Haití , una aplicación de administración de websites basada en desarrollos propios y componentes de código abierto que comenzó a producir hace 3 años. Como está en español, es muy atractivo para los clientes de América latina.
Otro ejemplo: Sistemas Bejerman, con 18 años de presencia en el mercado, recibió la semana última un premio de Microsoft como Mejor solución del año 2002 para pequeñas y medianas empresas en el nivel mundial.
Según Enzo Puma, director de marketing de la empresa, "el premio no llega de la nada; invertimos US$ 2 millones y seis años de trabajo en el producto premiado para ponerlo en el mejor nivel internacional. Esto también nos sirve como aval para salir a venderlo en el extranjero".
Los frutos de una inversión a largo plazo también se ven en una empresa como Core Security Technologies, fundada en 1996 por un grupo de matemáticos y expertos en informática locales, y con oficinas en Estados Unidos y Brasil, pero que mantiene el 80% de su planta (unas 70 personas) en nuestro país. Entre sus clientes, cuenta José Mourelle, su jefe de Operaciones, están Microsoft, Network Associates y Real Networks.
Pioneros en todo lo que es seguridad informática, la gente de Core logró una reputación sobre la base de desarrollar productos de altísima calidad. "Por ejemplo, hicimos un scanner de vulnerabilidades como componente de un producto canadiense entre 1998 y 1999 -relata Mourelle-. El desarrollo realzó el valor de esa empresa, que al poco tiempo se vendió en 30 millones de dólares."
La repercusión internacional también le llegó a HMR Systems, una compañía nacional que desarrolló el Háblame, un programa para hacer el llamado texto a voz . La computadora lee (en español) cualquier texto guardado en la PC: un e-mail, una página Web, un documento.
"Al principio lo regalábamos, porque no había mucho interés -recuerda Marcelo Romano, director general de la empresa-. Pero este año fuimos a la Feria del Libro de Costa Rica por otro tema, y ahí tuvo una gran repercusión. Ahora nos vamos a la Feria del Libro mexicana. Además, estamos preparando una versión para gente con problemas de visión, que es la que le encuentra la mayor utilidad."
HMR Systems también elaboró un software de administración de regalías para las oficinas locales de varias discográficas (Universal, EMI, BMG) que se exportó a Chile, Colombia, Perú, Venezuela, México y Estados Unidos. "Esos países tienen un sistema de reparto similar al nuestro -explica Romano-. Además, podemos adaptarnos a los cambios de normativa muy fácilmente, porque estamos acostumbrados, algo que empresas extranjeras (sobre todo de Estados Unidos) no pueden hacer."
"Los cambios constantes en las leyes contables hacen que modifiquemos nuestro software todo el tiempo. Nos da una gimnasia muy buena para adaptar los productos a las normas de otros países -adhiere Enzo Puma-, y es una ventaja sobre competidores de Estados Unidos o Europa."
Analyte desarrolla software de gestión de información de laboratorio. Su producto, Qualify9000 , está siendo usado por varias empresas como Perez Companc, Laboratorios Gador o Paladini. Pero también lo están instalando las filiales locales de empresas multinacionales, como Johnson & Johnson. Es un caso atípico, porque normalmente estas compañías usan el mismo software que sus casas matrices.
"Tenemos un producto que tiene la misma calidad que los del resto del mundo, y que es más barato -afirma Rogelio Asteggiano, director de estrategia global de la empresa-. Está demostrado que podemos hacer cosas en el país de nivel internacional, y que esta exportación de conocimiento, de valor agregado (pero no de gente con conocimientos, que es otra cosa), podría ayudar a mejorar la economía."
Para lograr un producto de alta calidad, Analyte usa una estrategia algo rara en estas lides: coopera con la Universidad.
Industria y academia
Parte del Qualify 9000 y de otro producto de Analyte, InQuality , se apoyan en tecnología producida en el Instituto de Sistemas de Tandil (Isistan), de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional del Centro.
"El Isistan fue creado en 1992 -relata Marcelo Campo, su director-, para establecer convenios que involucren la capacitación y el desarrollo de soluciones informáticas de última generación. Además del convenio con Analyte hemos desarrollado simuladores para la planta nuclear de Embalse y un simulador de navegación por radar para la Escuela Nacional de Náutica. Hacemos todo esto porque pensamos que el rol de la Universidad debe ser el de proveer tecnología que las empresas no puedan desarrollar por no tener el personal suficiente."
Este nexo, consideran los expertos, podría ser un punto de partida para construir una industria del software nacional con posibilidad de expandirse al exterior. "Tal vez éste sea un buen momento para hacer una alianza con el sector privado para exportar a mediano y largo plazo -dice Gabriel Baum, miembro del Laboratorio de Investigación y Formación en Informática Avanzada (Lifia) de la Universidad de La Plata, que factura 1 millón de pesos al año por servicios a la industria local, de Chile, Estados Unidos, Alemania, Portugal y Brasil-. La capacidad para exportar depende de tener recursos humanos en cantidad y calidad. Pero las experiencias más populares (la India, Irlanda, Israel o aun Brasil) no nacieron espontáneamente con una devaluación. La India sostiene su sector de software de 1950; Brasil comenzó en la década del 60. Producir para el exterior implica una inversión y apoyo sostenido a la educación y la investigación."
La Universidad de Buenos Aires, por su parte, lanzó hace poco el proyecto Ubasoft, con investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y de Ingeniería. "Dispone de $ 100.000 al año para financiar desarrollos innovadores con un claro impacto social o económico -explica Marcelo Frías, director del Departamento de Computación, en Exactas-. Pero para que haya una relación realmente fluida con la industria se requiere una planificación y una intención de fomentar un área que en este momento está desaprovechada."
Salir al mundo
Hay empresas de software con calidad en la Argentina. La capacidad y los conocimientos están. La experiencia está. Pero la crisis económica no ceja; según datos de la consultora IDC, la inversión en tecnología caerá un 50% en el mercado local durante este año, quedando muy lejos de los 2700 millones de dólares facturados en 2001.
Por eso, la mayoría de las compañías de software está mirando más allá de las fronteras, buscando nuevos horizontes. "Tenemos que aprovechar a los profesionales argentinos y exportar valor agregado: ¿qué mejor que vender algo que está hecho 100% en el país?", pregunta Asteggiano.
"Aprovechemos nuestra idiosincrasia. Por ejemplo, nuestro software contable es muy flexible porque acá las normas cambian todo el tiempo; eso nos permite adaptarnos a cualquier país -puntualiza Pablo Berdasco, de Sistemas Bejerman-. Y no hay muchos países en la región con tantas empresas de software, tan competitivas. Pero hay algo que no estamos logrando, y es salir con el resto de las compañías en forma conjunta, hacer de la Argentina una marca de tecnología."
El apoyo estatal y la constitución de una industria a largo plazo es algo que todos consideran fundamental, y algunos pasos ya se están dando (ver recuadro a la derecha).
"Pero no es ir con una caja al extranjero. Hay que tener en cuenta el país de destino, no llevar tecnología inferior ni superior, ni creer que Internet está tan desarrollada en otros lados como aquí -alerta Marcelo Romano-. Además, Brasil, España y México tienen una historia de hacer las cosas ellos mismos, y eso reduce un poco las posibilidades."
"Lo que hay que hacer es encontrar un nicho -sostiene José Mourelle-. Ser capaz de tener una idea, desarrollarla, empaquetarla y venderla. Para eso se requiere inversores, gente que alimente a las empresas hasta que llevan el producto al mercado. Producir software tiene un costo relativamente bajo, sobre todo hoy; pero no creo que nuestro futuro esté en exportar mano de obra en bruto, tratar de generar algo similar a lo que sucede en la India o en China, sino en lograr una buena idea y explotarla."
La posibilidad de transformarse en una suerte de factoría (es decir, ofrecer mano de obra calificada barata y escribir código para terceros) es muy atractiva. La India exportaba 150 millones de dólares en software en 1991. Una década después, facturaba 7600 millones. "Desarrollar software off shore es más simple: el problema por resolver viene de afuera, pero las ganancias son por ese trabajo de desarrollo, y no hay regalías por la venta. Cuando se hace el producto completo es mayor el valor agregado y la posibilidad de transferir tecnología entre quienes componen la industria nacional", puntualiza Frías.
"Además, si bien puede representar muchas fuentes de trabajo e ingresos para el país -dice Campo- este modelo de mano de obra barata puede acabarse si los costos relativos dejan de ser convenientes para los clientes, que simplemente buscarán otro mercado más económico."
"El problema es que hacer un producto para todo un mercado requiere conocerlo a fondo; hacer un producto a medida es más fácil. Pero la tendencia es hacer menos desarrollos de este tipo, porque son costosos, con tiempos de implementación prolongados, etcétera", dice Mercedes Fantón, gerente regional de Axoft, una empresa local que también tiene presencia en Chile.
Los bajos costos, los buenos profesionales, una estrategia estatal, la comunicación con las universidades y la coordinación entre las empresas del sector han logrado un punto de encuentro, y están dando forma a una industria del software que, lentamente, sale a buscar su posición en el mercado mundial.
Algunos datos
- El año último el país exportó entre 45 y 100 millones de dólares en software; con una buena estrategia este monto se podría duplicar en un año. Además, se crearían 10.000 puestos de trabajo.
- Según Carlos Zárate, de Motorola, en 10 años se podría tener el 3% del mercado mundial, lo que daría más ganancias que las generadas por el agro.
El Gobierno le da su apoyo a la industria
Se firmaron acuerdos de promoción y se presentó un proyecto de ley
Nuestro país careció hasta hace poco de una política a largo plazo para la producción de software, pero eso parece estar cambiando. En el último mes se presentó un proyecto de ley en el Congreso. De aprobarse, la ley de desarrollo de la industria del software le daría ventajas fiscales a las empresas informáticas por diez años.
Además, las secretarías de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (Secyt) y la de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería firmaron la semana última un acuerdo de promoción de exportaciones de productos y servicios de alto valor agregado con innovación tecnológica. Su intención es generar focos exportadores aprovechando la mano de obra especializada. El programa consta de tres etapas; la primera es el apoyo a industrias que ya exportan, como la biotecnología, los equipos de radioterapia, la química y la informática. La segunda se concentrará en detectar zonas que no han sido promovidas, y la última identificará empresas de nivel competitivo.
"Lo que planteamos es un nuevo patrón de producción en la Argentina -dice el diputado Alberto Briozzo (PJ, Buenos Aires), uno de los autores del proyecto de ley-. Avanzar en sectores que generen divisas y uso de mano de obra en el corto y mediano plazo."
Además de declarar a la informática una industria, se creó un fondo de promoción para las Pyme que desarrollan software. "Lo que estamos haciendo es conectarnos con los emprendedores, que es donde estamos más débiles -agrega-. En este fondo de inversión, la Secyt manejará los fondos; pero para la definición de los criterios para otorgar esas divisas, se creará una comisión nacional consultiva, con integrantes de organismos públicos y privados. Es decir, separar el órgano ejecutor del que fija políticas."
Mientras, la Cessi lanzó el viernes último la Agencia Nacional de Promoción de Exportaciones de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, para agrupar a las empresas del sector que quieran exportar. Esta cámara considera que es posible duplicar en un año las exportaciones en informática (de 100 a 200 millones de dólares) y generar 10.000 puestos de trabajo. Según la Cessi, hay por lo menos 70 productos tecnológicos argentinos exportables, y la agencia generará un consorcio para buscar mecanismos de financiación y presencia en el exterior.
Que hay empresas de nivel internacional lo demuestran los casos de Neoris (que surgió de la fusión de la local Amtec con otras compañías tecnológicas de Brasil, Chile, España, México, Portugal y Venezuela), que facturó 150 millones de pesos el año último, o la consultora Hexacta, con oficinas en la Argentina, Brasil, Chile, España y México.
"La exportación no está sólo en las empresas de desarrollo de software. En el país hay muchas consultoras también, que aprovechan la excelente calidad de los profesionales argentinos para buscar clientes en el exterior -dice Fabio Gasparri, líder de proyecto de Hexacta-. Para los que ya teníamos oficinas fuera del país, podemos aprovechar los muy bajos costos locales, para combatir la caída de la demanda en el país. Pero tampoco está fácil afuera, entrar en mercados donde no se tiene presencia hoy es muy complicado. Además, la Argentina está mal, pero tampoco América latina está tan bien. Así que cualquier estrategia que proponga el Estado sirve como un apoyo. Las empresas que pudimos salir antes quizá no lo necesitemos, pero seguro va a servir para que compañías más chicas puedan despegar."
La búsqueda de la experiencia
Cómo traer conocimiento para los profesionales argentinos
Bariloche, Córdoba, Gualeguaychú, Mendoza, Rosario, San Luis, Tandil. ¿Qué tienen en común? Cada una de estas ciudades, a su manera, busca crear zonas de desarrollo de tecnología (ofreciendo exenciones impositivas, incentivos, etcétera), para que las empresas nacionales y extranjeras se instalen y desarrollen productos.
Intel, NEC, Siemens, Impsat, Oracle e Iplan son algunas de las empresas que se establecieron allí y que producen componentes que luego se incorporarán en otro software.
Motorola también está presente en Córdoba. Carlos Zárate, director de relaciones gubernamentales de la empresa (y al que Mi PC entrevistó el 15 de enero de 2001), es un eterno impulsor de estos polos tecnológicos. "Pero todavía falta que se agreguen más empresas para que realmente lo sean -advierte-. Igual, lo importante es tener una visión de futuro. El mercado mundial de software crece en forma geométrica. Yo aspiraría a lograr tener un 3% de esa torta para 2010; eso implicaría, por ejemplo, más divisas que lo que deja el agro hoy.
"Para eso, sin embargo, hay que tener un marco regulatorio que impulse estos polos, para que así vengan los inversores internacionales. La presencia de empresas grandes que forman el semillero, hacen que nuestros profesionales se relacionen con el mercado, genera movimiento. No es fácil crear una industria tecnológica pionera de la nada; hay que traer a los que saben, trabajar con ellos, y ganar esa experiencia: que nuestra gente se vaya fogueando. Pero esto requiere una estrategia con visión de futuro; de otra manera es imposible."





