Sopa de letras en la máquina
Cada vez debemos recordar más contraseñas, PIN y otras claves de acceso. Hay software para almacenarlas en la PC, pero mi sistema favorito sigue siendo un cuaderno común y corriente
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Es verdad, como me decía un amigo hace poco, que cada vez debemos memorizar más contraseñas. Una para el cajero automático. Otra para la computadora de la oficina. La del correo electrónico. La del servicio de información telefónica del banco. La necesaria para hablar por teléfono con tarjetas prepagas. Para ingresar a Internet a través de nuestro proveedor o a través de una LAN. Para la casilla de voz del celular. Para entrar a los servicios premium en la Web. Y la lista sigue y promete crecer.
Por supuesto, hay una solución más o menos inmediata: usar la misma contraseña para todos los servicios. Pero, como usted ya se imagina, no es una gran idea. Donde esa clave se haga pública (por un motivo u otro), usted tendrá todos sus servicios personales expuestos.
El cuaderno y el soft
El segundo error frecuente que cometemos con las contraseñas (y que nos ayuda a memorizarlas, lamentablemente) es usar combinaciones simples y obvias. Por ejemplo, nuestra fecha de cumpleaños, la de nuestra esposa, el nombre del perro o la patente del auto. Ninguna de estas contraseñas sirve para nada. Lo primero que hace un delincuente informático es, precisamente, probar con su cumpleaños o el de su esposa, la patente del auto, el nombre del perro, etcétera.
Las únicas claves útiles son las que combinan letras y números al azar y, allí donde se permite, caracteres especiales y espacios. Por desgracia, éstas son también las más difíciles de recordar.
Otra cosa: con menos de 6 caracteres, las claves son realmente fáciles de romper. Le cuento una anécdota. Hay un programa llamado Advanced ZIP Password Recovery ( http://www.elcomsoft.com/azpr.html ) que sirve para recobrar la clave de un archivo comprimido, si usted la olvida. En una Pentium II a 266 MHz con 64 MB de RAM, el software acertó en menos de un minuto con una clave de tres dígitos que sólo usaba letras. Tardó algo menos de dos minutos para una que tenía letras y números hasta un total de cuatro. Y en sólo cinco minutos había descubierto una clave alfanumérica de cinco caracteres.
Así que hágase un favor y respete ese mínimo de 6 caracteres que muchos servicios imponen a sus contraseñas. No lo hacen porque sí. Sería mejor usar claves mucho más largas, pero con seis ya estamos dentro de la zona segura.
En cuanto al problema de recordarlas, depende de varios factores. El primero, sin duda, es nuestra memoria. Si realmente le cuesta retener sus contraseñas, evite la tentación de anotarlas y llevarlas encima todo el tiempo. Si llega a perder su billetera con las tarjetas de acceso y las claves, estará en serios problemas.
La única forma de arreglar esto es anotar el código en un papel cada vez que necesita usarlo (antes de ir al cajero, por ejemplo). Luego destruya ese papel.
Lo mejor, en mi opinión, es ejercitar un poco la memoria. Nadie puede meterse en su cerebro (al menos, por el momento) y sacar de allí una contraseña. Es el sitio más seguro, va con uno a todos lados y no lo perderá si extravía la billetera o la agenda. Por fortuna, son pocas las claves que usted debe saber de memoria. La del cajero y la de la PC son prácticamente las únicas indispensables.
Para todos los demás servicios, puede usar la computadora para almacenar contraseñas. Mi propio método es bastante primitivo: uso un cuaderno. Ese cuaderno no corre el riesgo de perder sus datos, si se arruina el rígido. Por lo tanto, no soy muy aficionado a los programas para administrar contraseñas y PIN, pero descubrí un par que parecen interesantes. Puede encontrarlos en http://www.winfiles.com y en http://www.shareware.com .
El primero se llama LockSmith 64 y tiene una ventaja evidente sobre los demás: utiliza un diskette llave. Cuando usted arranca el programa por primera vez, le pedirá que ponga un floppy virgen en la máquina. Allí, grabará un código de encripción que será menester para correr el programa la vez siguiente. Es decir, necesitará una contraseña y el diskette. Esto es perfecto para alguien que, precisamente, tiene problemas para recordar claves. Bastará con poner una contraseña simple y el diskette de encripción hará el resto. Aunque otra persona conozca esa clave, no podrá hacer nada sin el floppy. LockSmith 64 le permite llevar un registro de claves y una cantidad de otras cosas consideradas secretas.
El otro se llama PasswordPower y se trata de una simple base de datos para llevar una lista de claves, sin demasiados lujos.
Pruébelos, quizá le resulten de utilidad. Yo, por el momento, sigo apelando a mi memoria y a mi cuaderno. Sí, ya sé que un cuaderno es fácil de robar. Pero los cuadernos también pueden tener su propio método de encripción ;-)






