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Anuario LA NACION 2018

Una revolución digital al servicio de las causas solidarias

Ariel Torres
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20 de diciembre de 2018  • 19:58

Cada año, en la Argentina, se desperdician 16 millones de toneladas de alimentos. Va de nuevo, porque cuesta digerir semejante cifra en una nación en la que muchos habitantes pasan hambre: cada año se desperdician aquí 16 millones de toneladas de alimentos. En supermercados, en hogares, en restaurantes.

Eso es lo que Ady Beitler descubrió un día, cuando después de pasar por la parte de atrás de un supermercado en Oxford, Inglaterra, se puso a investigar cuál era la situación en nuestro país. Los números lo dejaron pasmado. En el balance final, el 85% de los que padecen hambre en la Argentina podrían alimentarse con lo que, de otro modo, termina por echarse a perder y va a parar a la basura.

Nilus, la app que conecta comedores con donantes

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Como es regla entre los emprendedores, Beitler no se quedó con la indignación. En cambio, puso manos a la obra y creó Nilus, una plataforma que conecta los productores y vendedores de alimentos con los comedores comunitarios. ¿Cómo? Mediante choferes que a cambio de una tarifa llevan los alimentos desde los que deberían desecharlos hasta los que más los necesitan, todo con la participación clave de los bancos de alimentos.

En la prueba piloto, en Rosario, Santa Fe, Nilus recuperó 150 toneladas de comida, que beneficiaron a más de 5000 personas. No porque sí, se han ganado los premios Google Impact Challenge y el Harvard Launch Lab X.

"Estamos especialmente agradecidos con el Banco de Alimentos Rosario, que fue el que primero nos dio la oportunidad de avanzar con nuestro proyecto –le dice Beitler a LA NACION–. Ahora estamos también trabajando con el de Mar del Plata y en conversaciones con el nacional, para llevar esta iniciativa a todo el país. Los bancos de alimentos cumplen un rol fundamental en toda esta movida, que no sería posible sin su participación."

Ahora, Nilus opera en dos ciudades, y en los próximos 24 meses proyecta expandirse a otras 16 en cinco países, entre los que están Colombia, México y Uruguay.

Guillermo Berra es médico veterinario, pero su obsesión es el trasplante de órganos. Lo motivaron las cifras de la Organización Mundial de la Salud: por año se realizan 120.000 trasplantes, pero eso cubre tan sólo el 10% de la demanda. La aritmética es tan simple como sobrecogedora. El 90% de los pacientes queda en lista de espera y se estima que uno de cada cinco fallece antes de recibir la donación. Según en el Incucai, en la Argentina se realizan 1500 trasplantes y hay 11.000 personas en la lista de espera. Pero un dato en particular promovió el proyecto de Berra: gran parte de los órganos se descartan por no cumplir con los parámetros de calidad.

Fue ahí donde Berra puso su conocimiento y el de sus hijos Ignacio, que es cirujano cardiovascular, y Sebastián, que es ingeniero electrónico, y fundó Lew, con el objeto de crear un equipo médico que pudiera mantener los órganos en condiciones semejantes a las del cuerpo humano. Además, puede evaluar su viabilidad, mediante pruebas de laboratorio, hasta minutos antes de efectuar el trasplante.

El proyecto de Lew Bioingeniería ganó el premio Innovar y hoy está dentro del Mercado de Innovación Argentina a la espera de financiación para pasar de la etapa de prototipo al producto final y lograr la aprobación de la FDA estadounidense.

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