
“Vendí mi departamento para financiarlo”: el Museo de Informática porteño cierra su sede y se hace itinerante
Los altos costos de mantenimiento del local donde funcionaba obligan a Carlos Chiodini y a Alicia Murchio a cerrar la sala de exposiciones y transformar al Museo de Informática porteño, entre los más grandes del mundo, en una muestra itinerante
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“Estos últimos dos años tuve que vender mi departamento para financiar el museo. Ya no puedo más. Lamentablemente no puedo más. Al Estado no le importa, a las empresas no les importa. Y a los sesenta y pico de años no puedo más. Hace un mes me dio un infarto por hacerme problemas por esto. Y por eso decidimos cerrar la sala de exposiciones; el museo seguirá como itinerante.”
Quien envía un audio de WhatsApp, agotado, es Carlos Chiodini. Junto con su pareja, Alicia Murchio, creó hace doce años el Museo de Informática porteño, el segundo en el mundo en cantidad de piezas disponibles para muestra (48.000) con computadoras y dispositivos de todas las épocas. Luego de archivar y clasificar equipos durante décadas para construir este formidable catálogo, decidieron transformar en 2010 esta pasión por la informática en la Fundación ICATEC, que gestiona el museo. La idea consiste en ofrecer un espacio que esté disponible para que las nuevas generaciones, que hoy trabajan en una computadora con Windows, usan un iPhone o juegan con una PlayStation, tengan la oportunidad de descubrir cuál fue la primera PC, o cuáles fueron los equipos que llevaron al éxito a Apple en los primeros años liderados por Steve Jobs y Steve Wozniak.

“Si hablamos de las piezas de dimensiones relativamente pequeñas, entre los equipos más emblemáticos y presentes en las muestras del Museo de Informática están la IBM PC 5150, de 1981 o Apple Lisa”, le dijo Chiodini a LA NACION hace unos años. “A pesar del poco espacio, también tenemos los monstruos como la IBM 360, la IBM 370 y la 390, junto a videojuegos como el Pong de la Oddissey y los primeros modelos de consola de Atari”, dice. También tiene múltiples equipos de fabricación nacional, como Fate, DreanCommodore, Talent/Telemática, Texas Instruments, Skydata, Czerweny, Micro Sistemas, Syncorp e IBM, entre muchos otros.

“Un día vino un señor japonés de unos 80 y pico de años, se paró frente a una máquina que hay en la sala y se puso a llorar. Me acerco, él no hablaba castellano, yo no hablaba japonés, así que nos comunicamos en un inglés medio entreverado -recordó Alicia Murchio en una entrevista reciente con Télam-. Me contó entre lágrimas que él fue durante muchos años el encargado de manejar el robot que hacía el enrejado de esa máquina.”

Cierra el salón de exposiciones
El Museo anunció, por estos días, que a fin de mes cerrará su sala de exposiciones en Marcelo T. de Alvear 738 PB. Más allá de lo económico, explica Chiodini, el pase a museo itinerante tiene que ver con que el gobierno porteño no les renovó la habilitación para exponer sus reliquias al público, un problema que arrastra desde el inicio de la pandemia.
Desde el Gobierno de la Ciudad, mientas tanto, responden que se está acompañando al museo en los trámites necesarios para la habilitación, pero que igualmente “el museo está “librado al uso” lo que significa que está autorizado para funcionar”.
Lograr que el Museo de Informática porteño tuviera un espacio propio fue un logro que llevó años; en 2013 tuvo su primera sede oficial, en la calle Tucumán; tres años más tarde se mudaron a la sede actual, donde pueden verse desde computadoras clásicas (Apple, IBM, Commodore) hasta equipos de los que casi no hay versiones en el resto del mundo.
En 2021 el Museo puso en venta la réplica que tenían de la supercomputadora Clementina (la primera del país) para seguir financiando su funcionamiento. La muestra más reciente se hizo en junio del año pasado, y se armó de forma virtual, atendiendo a las restricciones de circulación que imponía la pandemia: SpySpace, una muestra sobre la tecnología que se usó para el espionaje a lo largo de los años. La muestra online revela cómo los individuos, corporaciones y naciones captaron, transformaron y utilizaron este conocimiento a través de la vigilancia, el engaño, la manipulación, la piratería, la encriptación, la astucia, los informes de inteligencia y las operaciones especiales.






