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Uno de los pocos sitios en el mundo que produce fibra de vicuña - más fina que el cachemere- es Laguna Blanca, un pueblo alejado y a más de 3.200 metros de altura, en el departamento de Belén, en la provincia de Catamarca.
Desde 2003, a la actividad pastoril de los habitantes se sumó un recurso económico de origen incaico: el chaku o rodeo, una ceremonia anual de encierro, captura y esquila de vicuñas (que luego se liberan) para sacarle el vellón. El chaku dura varios días y empieza con una ofrenda a la Pachamama. El primer día se construye un cerco de postes y sogas para encerrar a los animales cuando se acercan naturalmente a beber a un ojo de agua dulce. También se levantan corrales caseros. El segundo día, se arrean las vicuñas hasta los corrales de esquila. A pie y al rayo del sol, que quema desde las 8 de la mañana. Participan todos los habitantes de Laguna Blanca y los turistas que se animen a agitarse en altura.
Las vicuñas, igual que las llamas, las alpacas y los guanacos son camélidos, pero a diferencia de los dos primeros, los guanacos y las vicuñas son silvestres, no domésticos. Son endémicas de los Andes, pesan alrededor de 45 kilos, habitan entre los 3000 y 5000 metros de altura y aguantan temperaturas bajo cero (en invierno Laguna Blanca llega a los -20º). Tienen ojos grandes y cuello inquieto, largo como un periscopio. Al macho que guía la tropa se lo llama relincho y a la cría, teque.
El último día del chaku arranca antes de las siete de la mañana, cuando los hombres del pueblo se reúnen para planificar la estrategia de encierro. Ya en el corral, para que el estrés del animal no sea tan agudo, le cubren la cabeza con una capucha negra. Después lo caravanean y lo llevan al playón de esquila, donde trabajan cuatro personas: dos sostienen manos y patas, una la cabeza y otra corta el vellón desde la barriga hacia el lomo con una tijera tipo bigornia. Enseguida se escucha el grito del esquilador: "¡Curabichero!" se acerca un técnico con un aerosol antimiásico, cicatrizante y bactericida. La ceremonia termina y empieza el trabajo fino: descerdad, hilar, torcer, lavar, urdir y tejer la fibra.
Por Carolina Reymúndez. Fragento de la nota publicada en revista Lugares Nº 171.




