1 minuto de lectura'
La ciudad está que arde. El incesante crecimiento que ha vivido en estos diez últimos años llegó a su clímax. Quedaron atrás los viejos errores que permitieron el recambio de algunas tradicionales mansiones del residencial Boulevard Oroño por construcciones más modernas que dan la nota ?desafinada? en la armonía edilicia de la zona. Hoy, el patrimonio histórico tiene su lugar de preferencia, aunque el nuevo barrio Refinerías insista a fuerza de elevadas torres en demostrar lo contrario. Casi como si se tratara de un enfrentamiento entre Canallas y Leprosos (los hinchas de Rosario Central y Newells), ambos ?detractores y seguidores de la tendencia?, le dan a la ciudad su particular identidad.
Un poco de amor francés
"El grupo Rosental compró el Savoy en abril, y la cadena Fën recibió el hotel tal como funcionó durante su última (y ya alicaída) etapa, en febrero de 2007: los muebles, las lámparas, hasta las toallas, jabones y el papel higiénico estaban en su lugar", explica satisfecho Mauro Bernardini del estudio Plan Arquitectura. "Esto sirvió para recuperar en el proyecto de arquitectura e interiorismo gran parte del valor histórico del edificio", dice.
En el pasado quedaron los secretos de alcoba y sus huéspedes famosos (algunos rosarinos todavía recuerdan que aquí se alojó Freddie Mercury cuando vino en los 80 a la Argentina). Una historia que comenzó en 1910, cuando el arquitecto Alejandro Máspoli ?el mismo del edificio Bola de Nieve? inauguró el hotel un 30 de abril. Conocido como Palacio Chiesa (por la familia suiza que lo mandó construir, aunque figurara en los papeles Guillermo Widmer como propietario), su instalación en el cruce de las calles San Lorenzo y San Martín le agregó el condimento social al circuito bursátil de la época.
Casi 100 años después de su apertura, puertas adentro, el trabajo de recuperación edilicia sorprende a primera vista: las restauradas venecitas del piso del lobby impactan por su diseño. Así, las huellas del pasado se materializan en las arañas y tulipas de estilo Art Nouveau en halls, baños y pasillos; en los mosaicos de los corredores, los pisos de pinotea de las habitaciones, la yesería en frisos y molduras y en los apoya maletas y roperitos de madera de algunos cuartos. Todos conviven con los almohadones Fatay ?triangulares, con forma de empanada árabe? del diseñador Martín Churba, responsable de todo el capítulo textil del hotel, incluidos los larguísimos cortinados de corderoy, los tejidos de los pies de cama y hasta los floreros que van sobre las mesitas.
Alojarse en cualquiera de sus 84 habitaciones es un placer que se consigue a fuerza de creatividad y una consigna clara: respetar el valor histórico sin restarle el confort de los hoteles modernos. Con este criterio se remodelaron los baños, que tuvieron que ser anexados a las habitaciones, y se eligió mosaico para sus pisos, que era lo que se había usado en los originales.
Las mayólicas de éstos, como otros materiales no adecuados para el uso actual, se recuperaron en áreas comunes del hotel. El resto es alta tecnología: televisores de pantalla plana, materiales como el acero y la madera oscura para escritorios y mesas de luz, climatización y Wi-Fi. Las opciones de cuartos son: Concept, Suite, Suite Vip o Luxury Suite, categoría ésta que cuenta con un tercer ambiente y que a principios del siglo pasado era el Fumoir (fumadero), un espacio impensable en estos días.
A la hora del desayuno, pedirlo en la habitación es desperdiciar el ámbito del Roof Garden, en el cuarto piso, con la vista de sus rosales y la cúpula que respeta el estilo definido como "una especie de neo renacimiento francés", en palabras de Bernardini. Si el día es lindo, tomarlo en la terraza al aire libre es también un buen plan.
En el subsuelo está el área del spa. La luz natural se filtra entre las mayólicas del techo y cae directo sobre la pileta lúdica, especialmente preparada para distintas terapias con agua. Tampoco faltan el gimnasio y el sauna. En el futuro, se prevé la habilitación de un salón vip y un acceso al edificio de siete pisos y estilo contemporáneo que la cadena construirá en el terreno lindante, aún sin fecha de apertura.
Del día a la noche
Al caminar por la calle San Martín y con el río a la espalda se encuentra la intersección de las peatonales rosarinas. El viejo casco comercial mezcla negocios de vidrieras poco llamativas con zapatos, electrodomésticos y cadenas como Falabella, alojada en el histórico edificio La Favorita. Esta es la introducción al bautizado Paseo del Siglo que se extiende por la peatonal Córdoba, desde Corrientes hasta el Boulevard Oroño.
Bajar por el boulevard conduce al histórico barrio de Pichincha, territorio de mafias y prostitución legalizada a principios del siglo pasado, y hoy epicentro para quienes buscan antigüedades o rastrean los pasos de Alberto Olmedo, fotografiándose junto a la estatua de bronce del humorista. La noche llega acompañada de una nutrida oferta de restaurantes, y entre ellos el nuevo bodegón El oso sala la sopa.
Con el fin de semana, las ferias cobran vida en la costanera. El Roperito convoca a los adeptos a la ropa vintage, y pegado, El Mercado Retro de Antigüedades y el de Artesanos del Boulevard reúnen diversidad de objetos, dulces, colaciones típicas, productos de huertas comunitarias, recetas artesanales... ¿Se anima a probar el dulce de leche sin azúcar endulzado con miel? A pocos metros y fácilmente identificable por sus característicos silos de colores, se encuentra el Macro, museo de arte contemporáneo que crece en popularidad desde su creación, en 2004.
De vuelta al punto de partida yendo por la avenida Wheelwright y camino al Monumento de la Bandera, se encuentra el Centro Cultural La Casa del Tango a la que se anexó este año una propuesta gastronómica. De un lado El Percal, restó-parrilla con shows en vivo y mozas-bailarinas que sorprenden a los desprevenidos comensales con un paso al ritmo de una milonga. Del otro, el bar El Cholo (en homenaje al bandoneonista Rodolfo "Cholo" Montironi), con sus vidrios repletos de palabras en lunfardo, para desafiar los conocimientos tangueros mientras llega el pedido.
Antes del atardecer, dos imperdibles: uno sobre la costanera y con vista al río; se llama Flora y es un bar para ver y ser visto. Dicen los locales que hay que ir muy producido, acomodarse en el gran deck o los sillones y probar las tapas. El otro es Los Jardines de Hildegarda, en la bajada de la calle España y la costanera. Hay que prestar atención porque lo único que se ve a primera vista es una especie de cubo de cemento con una puerta y un colorido ascensor psicodélico que lo conduce al restó-bar que funciona en el club de pescadores Guillermo Tell; este escondite que lleva el nombre de la hija de este mítico personaje suizo del siglo XIV es ideal para comer algo y ver la caída del sol.
Ya se sabe que en Rosario, antes o después, hay que pasar por el imponente Monumento a la Bandera. De noche es más escenográfico, aun cuando la oscuridad se encargue de encubrir las esculturas de mármol de Carrara que la artista Lola Mora realizó en Italia y que llegaron a Rosario entre 1915 y 1925, cuando se le rescindió el contrato. Fueron alojadas en galpones y plazas hasta que en los 90 se las instaló en el Pasaje Juramento, detrás del Monumento.
En contacto con el río
Conectarse con la naturaleza poderosa del Paraná suma atractivos a la escapada rosarina. Bien al norte de la ciudad se extiende el largo puente que la une con la entrerriana localidad de Victoria y desde allí la vista del horizonte se ensancha; el Paseo del Caminante permite fotos sin intromisiones. Si la hora del almuerzo coincide con el paseo, cerca está la bajada Escauriza y el restaurante homónimo. Todos lo reconocen como el mejor lugar para comer pescado de río, en tantas variedades como venden los puestos de pescadores en las inmediaciones, donde suelen aprovisionarse los locales.
Caminar por la arena y hacer windsurf es parte de las actividades de los asiduos al Balneario La Florida y sus alrededores, un paisaje costero que cambia radicalmente en pleno verano, cuando el agradable paseo se vuelve un hábito multitudinario.
No es esta la única manera de relacionarse con el río. Las embarcaciones que parten desde la Estación Fluvial (en la zona del centro) añaden, a las clásicas salidas diurnas que recorren las islas, una especial a la noche cuando hay luna llena. Incluso algunas ofrecen paseos nocturnos con música a bordo.
Por Patricia Gallardo
Fotos de Denise Giovaneli
Más Rosario: hoteles, restaurantes , paseos y todo lo que necesitás para planificar tu viaje
¿Estuviste ahí?Contá tu viaje I Subí fotos






