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DE LA PAZ A MINA CLAVERO
Habíamos abandonado Córdoba ciudad a media mañana y un par de horas más tarde ya estábamos cruzando la ruta 20, rumbo a las Altas Cumbres. Una vez que se llega al cruce para ir a Traslasierra hay que estar atentos: el camino no es nada evidente y está mal señalizado; de hecho el cartelito que idica la dirección a Mina Clavero ? que es hacia donde hay que enfilar- es mínimo, ni se ve casi. Nosotros nos despistamos, y así fue que aparecimos en cualquier parte.
Para compensar, nos tocó un día espléndido, circunstancia excepcional que nos permitió atravesar sin complicaciones la ruta, envuelta generalmente por la niebla.
Un cóndor nos sobrevoló por un rato, y las grandes rocas de la Pampa de Achala hacían sombra sobre el asfalto. Ya en el valle, retomamos la búsqueda del Camino de la Costa? ruta provincial 14-, que no bordea al mar sino al cordón de las Sierras Grandes. A las cuatro horas de emprender el viaje, empalmamos con la ruta 1, que nos llevaría a La Paz, nuestro primer destino.
Se hizo la noche y con ella llegamos a la Finca Corralito, propiedad de los Bejarano. Allí Lola, dueña de casa nos esperaba. Ella y Mario, su padre - organizan la estancia dedicada al turismo y a la producción de olivares. Lola, dueña de casa, nos esperaba. Nos encontramos con un casco de estilo colonial mexicano que en 1870 hizo construir don Gregorio Pérez, el primer propietario de estas tierras. La casa también funcionó un tiempo como escuela y hoy los cuartos de huéspedes son las antiguas aulas.
El fuego ardía en la chimenea circular ubicada en el centro del living. Mientras ponían la mesa, Julio Siedlarek, marido de Lola, nos preparaba unos tragos en la barra, mientras preparaban la mesa. Una mezcla de objetos clásicos y otros de lo más originales, como la mesa hecha con una piel de cebra ? patas incluidas-, componen el ambiente. Este exotismo se explica porque el suegro de Julio, don Mario Bejerano, cumplió funciones diplomáticas en África.
La sobremesa se negaba a languidecer, enriquecida de tantas anécdotas. Una insuperable es la de Llamito, ejemplar de llama de pelaje blanco que habíamos visto pastorear por el parque. Resulta que un día, la pequeña bestia tomó por asalto la cocina y arrancó el teléfono de la pared; descubierto, Llamito salió corriendo con los cables y el auricular enredado en el cogote y durante tres días, nadie supo de él. Por fin lo encontraron, escondido y con el tubo colgando entre las orejas...si no es la verdadera llama que llama, que no valga?
Corralito es ideal para los que practican actividades ecuestres, desde cabalgatas hasta improvisados partidos de polo. Hay una tropilla de purasangres y criollos dispuestos para los visitantes, ya que el establecimiento es elegido por los extranjeros y Lola además de veterinaria es una excelente amazona. Las cabalgatas son en dirección a las montañas, e incluyen paseos por quebradas, piletones naturales y agradables mateadas en el rancho de los Flores, una familia de serranos de lo más hospitalaria.
El pueblo está cerca, apenas unos minutos desde el campo. Intacto ha sufrido el avance ? como en todo el valle ? de la inmigración de cordobeses y porteños. Pero no han alterado su esencia criolla, el tiempo se mantiene congelado entre el adobe. Aunque su vecina, la puntana Merlo le toca la espalda. Apenas 12 kilómetros separan a una ciudad de la otra, pero el camino entre ambas todavía, en ese tramo no está asfaltado. A pesar, de la lucha de los vecinos por conseguir el pavimento. Contradictoriamente eso conserva, el folklore de las calles de tierra, los vecinos que pasean en sus sulkys los caserones que se mantienen intactos y la tranquilidad hace honor a su nombre. Los olivares y la recolección de hierbas medicinales y aromáticas son la mayor actividad de los serranos, que bajan con bolsas al hombro, para vender su cosecha, en el pueblo.
Viejos y queridos personajes como los hermanos Castro, conforman la sociedad paceña. Desde hace 30 años atienden el viejo comedor y hotel familiar, convertido en pensión de muchos que llegaron y vaya a saber porque nunca se fueron. Las Chicas, que ya han pasado la tercera juventud ? Elenita y Chichí se ocupan de la cocina y las habitaciones, mientras Francisco el Gringo es uno de los únicos herreros que quedan en la zona. Habla casi en prosa mientras maneja el viejo fuelle, heredado de sus ancestros. En una calle más arriba, don Becerra es un soguero conocido, que últimamente no da abasto y ya casi, trabaja por encargo, sus fustas y cabezadas ? algunas ya instaladas en Inglaterra y Estados Unidos - . Cerca del mediodía, el aroma de la comida del almuerzo invade las calles y en la esquina frente a la plaza, los niños se amuchan en la escalinata de la escuela.
Hacia el sur, Loma Bola, Las Chacras y Quebracho Ladeado forman un rosario de poblados con diferentes y sorpresivas alternativas: desde hoteles, artesanos, museos y gente muy divertida. Como la carismática Carrie Sullivan, una inglesa oriunda de Liverpool, que sirve el té en su casa tipo mansión, llamada Villa Dora ubicada frente al Cerro Loma Bola, con gran parque y capilla. Muy cerca está el hotel, que supo ser morada de los veraneantes, que se instalaban por varias temporadas, en décadas pasadas. Desde hace unos meses y luego del abandono, el hotel Loma Bola renació entre colores pasteles, la refacción de sus 19 habitaciones y el cuidado de su jardín con especies exóticas y lago. Falta poco para que los departamentos con grandes ventanales, deck y jacuzzi se estrenen. Un verdadero lujo custodiado por el aire serrano y el arrullo del arroyo, que lo circunda.
En Las Chacras, hay un curioso y único Museo del Libro fundado en 1998 por Luis Berraulte. Simpático y cálido orador que muestra con dedicación y entusiasmo los ejemplares coleccionados del siglo XVI al XIX. Verdaderas joyas que albergan títulos como el Decretum del Emperador Graciano, realizado en papel trapo hasta los Sonetos de Petrarca, en bajo relieve hasta el Satiricón de Petronio, entre otros. Lo más gracioso es una guía turística para conocer Roma en 10 días, que data de 1707.
Daban ganas de quedarse a leer tomo por tomo, pero el tiempo tirano, nos obligó a seguir con el segundo tramo de nuestro viaje.
Foto: Cerro Champaquí
DE LA POBLACIÓN A SAN JAVIER
Parecía mentira, estar transitando por tierra cordobesa ya que, nadie entona el cantito característico que empuja las r y alienta a las vocales, hacer eco en sí mismas. La diferencia seguramente la estableció el estar del otro lado de la sierra. No hace tanto, los casi doscientos kilómetros de las Altas Cumbres - que suben y bajan serpenteantes desde la capital cordobesa- fueron asfaltados. Por años el barro y el mal clima aislaron al valle. Hoy, los signos de prosperidad - que abundan por los alrededores - se ven materializados en el corredor que conforman La Población, Yacanto y San Javier. Mantienen un estilo, que lo hace diferente al resto de sus colindantes. Dicen que toda la zona fue una disputa, entre gobernadores de Córdoba y San Luis, hasta que decidieron ganarla en un partido de Taba. ¡aya forma de evitar una guerra!
Fieles al Camino de la Costa ? ruta 14-, que está muy bien señalizado, cruzamos Luyaba, un caserío casi desierto. Ya en La Población, nos topamos con el nuevo taller del orfebre Rafael Barragán y visitamos el restaurante, del que mucho nos hablaron: La Morita, una casa reciclada en donde Alejandro Amado cocina inspirado en recetas mediterráneas y en la pasta seca que viene de Italia. En Yacanto, al cruzar el arroyo homónimo, nos instalamos en La Castellana, la posada de los Toscano. Que mantiene su aire provenzal y el suave murmullo del agua que corre en el jardín.
Una cabalgata mañanera, nos condujo hasta el puesto de Luis Romero y desde allí partimos hasta el bosque de los Tabaquillos. Esos árboles, parientes de los Arrayanes, cuyo tronco se deshace entre finas capas de corteza que se parece a la misma seda. Del cual ya quedan pocos ejemplares. Por ignorancia la gran mayoría, fueron cortados para leña. En los 1600 metros, descubriríamos el bosque, entre pendientes, riachos, pedregullos y el aroma del propóleo, menta y peperina. Arriba, en el río Los Molles, vimos la cara del Champaquí ? la montaña más alta de Córdoba- y paramos en un descanso sobre las rocas.
Luego de unas horas decidimos volver al pueblo, para ver el atardecer sobre la cúpula de la iglesia de San Javier y tomar una cerveza frente a la plaza, en el Machín. Yacanto y San Javier son casi hermanas gemelas, separadas por el Arroyo del Molle. Antiguamente pululaba cierta rivalidad entre vecinos, hasta cuentan que hubo un viejo habitante de Yacanto que pidió ser enterrado boca abajo, para darle la espalda a los de San Javier. Pero eso es parte del pasado y tanto unos y otros trabajan en forma conjunta en pos de conservar la hegemonía. Ya casi nadie aclara sí pertenece aquí o allá, lo que vale no es la dirección sino a quién o qué se busca. Algo cierto es que en Yacanto se ubica, el mítico y respetado Hotel, con su cancha de golf y algunos tics de su origen británico, como la vajilla de plata y el bar. A cargo de los Madero, que constantemente hacen reformas y conservan la enorme estructura y el buen servicio. Cuatro Vientos perdura como lugar top, a la hora de comer. Eduardo y Alejandra Bottaro lograron un icono transerrano, con carta innovadora y un escenario acogedor.
Insistimos con San Javier por el camino que va al Champaquí, que oficia como una gran galería de placeres. Elegimos a los viejos y nuevos conocidos y el recorrido nos llevó horas, ya que la amabilidad, el mate y los tentempiés impidieron ? gratamente ? la marcha.
Comenzamos en Los Olivos. Sitio ideal, para comprar artesanías de la zona. Sara Griskan y Fredy Niederhauser han ampliado el salón de ventas, con más objetos autóctonos: las colchas del telar de las tejenderas locales son preciosas. Otra novedad es la nueva casa que Sara y Fredy construyeron para alquilar. Ambientada con toda la onda que los caracteriza y rodeada por un cañaveral de cuento. La Casa de Juana es paso obligado para comprar y tomar el té con colaciones y alfajores. El Encuentro, ofrece comidas regionales en un particular entorno, que simula el living de una casa de campo. Allí nos encontramos con el maestro Eduardo Guzmán, un retratista de caballos que pinta con la mano ? sin pincel- y maneja el pastel tiza, como mago. Su obra se exhibe allí mismo y compartir un vino con él es más que delicioso. Las Violetas de Patricia y Andrés Mazzaco rompe con lo novedoso. En un gran parque, con árboles centenarios y arroyos que encierran la vegetación, construyeron una suerte de parador o quincho, donde sirven tablas de fiambres y cervezas artesanales.
Casi al final del camino, la hostería San Javier conserva su estirpe, ahora comandada por Hernán Barrionuevo y hacia lo alto La Constancia gobierna en el portal del Champaquí.
Los artesanos locales son casi un fenómeno de la transculturación y lo que aprendieron de sus mayores esta muy bien adaptado a la demanda de los turistas. Buscarlos es una hazaña, pero sí uno pregunta, el camino lo lleva. Dimos vueltas y en Achiras, encontramos a Eduardo Ligorria y familia. Trabajan, con madera rústica y hacen desde bandejas hasta cuencos, muy interesantes. Encontrar a Alberto Brigas nos llevó otros minutos más, él es el único que confecciona árganas con cuero crudo de vaca. Son muy vistosas para decorar. Hasta las vende en Morph de Buenos Aires.
Agotados por el intenso trajín, no falto ocasión para comentar la invasión de porteños que llegan para invertir y abrirse nuevos rumbos. Charla que duró casi toda la noche mientras, Luciano, Juan y yo planeábamos la próxima ruta.
III - De Nono a Mina Clavero
Pasamos raudos por Villa de Las Rosas, Los Hornillos y Las Rabonas. Nono? Sí, sí nos esperaban. En La Lejanía de los Barret, estuvimos como chicos, por ver como su río se da paso entre las rocas que lo encajonan ? algunas alcanzan los 10 metros- y por momento sus aguas se oscurecen, Aunque el verano es la época propicia para disfrutar de este privilegio, la estancia permanece abierta todo el año y tanto Henry y Nicole Barret tienen a mano un programa diferente para sacarle provecho también a las cabalgatas y las excursiones que ellos organizan por la serranía de su dominio.
A tres kilómetros del pueblo y bordeando el Río Chico, desensillamos en el Manatial, la hostería de Mausi y Alfredo Kock. Un placer despertarse entre las cómodas habitaciones que miran el extenso parque de siete hectáreas. Ideal para caminar o sentarse a contemplar el espectacular entorno de sierra y del bosque.
La proliferación de cabañas en la zona ha alterado un poco el clima de rélax y de casi exclusividad, que por décadas gobernó en los alrededores. Camino a la Quebrada del Huayco o Huaico, hacia el sur la vegetación un tanto exuberante corona al Golf de la Quebrada y a las viejas casas construidas por las familias inglesas, que por entonces allí se establecieron. Esas viviendas hoy se alquilan y conforman el grupo de Las Casas del Huayco. Gracias a la idea de los arquitectos: Mario Siskindovich y Ana Szabo, que habitan en esa franja.
Conformado por ocho propiedades, diferentes entre sí, para alquilar por día o mes durante todo el año. Ya tienen página web y si bien están comenzando con esa modalidad, más de uno ya adoptó la forma copiada a la europea.
En el Huayco hay mucha onda, y sobre todo cuando visitamos el estudio de grabación Los Angeles, cuyos dueños son los integrantes de Las Pelotas, colegas y amigos del mítico Luca Prodán, quien fuera uno de los habitantes más famosos del pueblo. El estudio es arrendado a aquellas bandas ? profesionales o no ? que quieran grabar e instalarse por unos días, ya que toda la movida funciona en el parque de una gran casona habilitada para que los artistas vivan allí, el tiempo que dure la grabación. Me confesaron que el estudio se llama de esa manera, porque todo el mundo graba en Los Angeles, California y no quisieron sentirse menos. Retomando la ruta 14 y saliendo hacia Mina Clavero, vimos desde el auto los Ñuñu ? pechos de mujer en quechua-, los dos cerros que originaron la leyenda que le dio el nombre a Nono.
Nuestro viaje ya entraba en la cuenta regresiva y no queríamos terminarlo sin antes pasar por Santa María de las Casas Viejas, en el antiguo camino de las Altas Cumbres, apenas alejado de la ciudad de Mina Clavero. Antiguamente fue un parador y hotel de viajantes, de gruesas paredes de piedra ? Batelito de Achala, propia del lugar-, que Carlos Pons y su mujer, Marta ? ambos arquitectos ? lograron conservar. No exagero si digo, que dan ganas de vivir entre los coquetos ambientes, las charlas amenas, los relatos de viajes de los Pons y los mimos de Marta. Una santiagueña de ojos azules que rasgan la tierra. Como anfitriona una reina, pero como cocinera, Diosa. Desde las empanadas cocinadas en horno de barro hasta el helado de membrillo de los profiteroles. Fue difícil despegarse de tanto hedonismo, mucho más costoso fue subirse a los caballos con el estómago repleto, para visitar en altura el curso del Río Hondo, la gruta y el telar de Doña Carmen Chávez. Quien como una verdadera profesional posó ante la cámara de Luciano, haciendo honor a su huso y oficio, pedaleó con fuerza para tejer el poncho que tiene apenas comenzado en su bastidor y ya lo tiene pedido.
Una mateada se organizó en el rancho de Doña Carmen, mientras la tarde nos acompañaba y los pingos esperaban en el palenque hartos de esperar. A puro galope llegamos a la hostería, casi sin aliento para darnos un baño caliente.
La última noche nos encontró medio abatidos, pero el fuego de la chimenea, las empanadas y el vino animaron el fogón y la despedida.
El desafío de cruzar otra vez las montañas, fue bendecido por un cielo diáfano y la buena música que salía de la 90.1 ? Fm local-, con música excelente. Esta vez no hubo cóndores guardianes, pero sí la enorme alegría de la tarea cumplida detrás de la sierra.
DELICIAS SERRANAS
Aceite de Oliva
En la finca Corralito se elabora el aceite de oliva extra vírgen Abra de los Olivos. El emprendimiento surgió de la fusión de talentos del grupo integrado por Mercedes Fernández Mouján, Lola Bejarano, Juan Sequeiros y Julio Siedlarek. Bajo un régimen de estudios, errores y aciertos nació el producto, aprovechando los olivos añejos ? de 60 años- que coronan la estancia. Tras un paciente proceso , que comienza con la selección de frutos, luego la molienda y la prensa, de donde obtienen el primer jugo o aceite flor, en un 25 % y el 75 % surge de la primera presión en frío y antes del envasado se coloca en decantadores, para que el material en suspensión baje, lo que demora un período de tres meses. La cualidad de estos aceites son los varietales: Nevadillo, arbequina, assemblage y manzanilla que aportan el sabor y el aroma, convirtiéndolo en un aceite único, premiado en Italia el año pasado.
E-mail: fincacorralito@vdolores.com.ar/ www.finca-corralito.com.ar.
T: (03544) 49- 6813.
Quesos de Cabra: Deliciosos son los que fabrica Don Núñez, en su chacra de La Paz. Este ingeniero agrónomo, que desde hace más de 20 años se dedica a la elaboración de estos quesos. El Crôtin¸ un semiblando exquisito está en el podio de los mejores.
LA POSTA DEL QENTI
En plena Pampa de Achala, este hotel de montaña se ubica en los 2.300 metros. Rodeado por la aridez y un paisaje único. Especial para los amantes de los deportes de aventura. Cuenta con once habitaciones de los más confortables y tres albergues, para los que llegan de mochila y no tiene problema en compartir la cocina comunitaria. Trekking, cabalgatas y mountain bike completan la zaga de actividades. Los que van en plan más tranqui, pueden disfrutar de la buena cocina, de la lectura junto al hogar y contemplar el paisaje más que interesante, desde los grandes ventanales del lobby del primer piso.
T: (03544) 42-6450/47-2531.
E-mail: laposta@qenti.com.ar
Por Julia Caprara
Fotos: Luciano Bacchi
Publicado en Revista LUGARES 89. Junio 2003.






