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En los 58 países analizados por el informe, el 17% de los niños sufrieron algún tipo de abuso en el último mes, incluyendo golpes en la cabeza, la cara o las orejas, o palizas repetidas y severas. La práctica, enfatiza la OMS, varía de un país a otro, pero no ahorra a ningún continente.
En Kazajistán y Ucrania, casi un tercio de los niños de entre 2 y 14 años fueron castigados en el último mes. Esta tasa asciende a aproximadamente dos tercios en Serbia y Sierra Leona, e incluso a más de tres cuartas partes en Togo.
En la escuela, el fenómeno está igualmente extendido: aproximadamente el 70% de los escolares en África y Centroamérica son golpeados, en comparación con una cuarta parte en el Pacífico Occidental.
Según los expertos de la OMS, "la evidencia científica actual es abrumadora: el castigo corporal expone a los niños a múltiples riesgos para la salud y no aporta ningún beneficio para su comportamiento, desarrollo ni bienestar".
El informe, titulado "El castigo corporal infantil: un problema de salud pública", añade que los grupos más vulnerables son los niños con discapacidad, aquellos cuyos padres sufrieron violencia en la infancia o aquellos criados por padres con adicciones, depresión u otros trastornos mentales. La pobreza, el racismo y la discriminación exacerban este círculo vicioso.
Las consecuencias de este abuso son múltiples. "Además de las lesiones físicas, estos castigos desencadenan reacciones biológicas nocivas, como el aumento de la producción de hormonas del estrés y cambios en la estructura cerebral. Estos últimos factores dificultan el crecimiento y debilitan el equilibrio mental", afirma la OMS.
El impacto psicológico es igualmente grave: ansiedad, depresión, pérdida de autoestima e inestabilidad emocional.
Todas estas consecuencias persisten en la edad adulta, causando adicciones, trastornos mentales e incluso conductas suicidas.
Además, los niños maltratados son más propensos a volverse agresivos, fracasar en la escuela y, posteriormente, a incurrir en conductas violentas, antisociales o delictivas.
Por último, la OMS destaca que si bien muchos países han prohibido estas prácticas, su persistencia y la creencia de que son "necesarias" demuestran que la ley por sí sola no es suficiente. (ANSA).




