
El transporte genera, según la ONU, el 25% del CO2 mundial
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En 2016, más de cien países firmaron un acuerdo en París, por iniciativa de la ONU, comprometiéndose a alcanzar en 2050 una temperatura media del planeta solo 2° por encima de la que había antes de la Revolución industrial.
El calentamiento global está haciendo de las suyas, como ocurre en la Italia bajo el agua de estos días, en que una rara combinación de calor y frío ártico provocó lluvias e inundaciones inéditas en esas latitudes. Peor aún, los meteorólogos auguran tormentas cada vez más virulentas en todo el globo en el futuro próximo.
Nos guste o no, el transporte produce el 25% del CO2 que afecta el planeta, según la propia ONU. Ese porcentaje debe ser reducido. No en vano, esta pequeña mota de polvo que flota en el Universo, como diría Carl Sagan, es nuestro único salvavidas en un océano vacío y hostil.
Cambiar esta situación es una cuestión tanto pública como privada. Una responsabilidad del Estado, las empresas y la sociedad en su conjunto. Así, los gobiernos deben promover el cambio y las compañías proveer la tecnología, que hoy pasa en lo inmediato por el reemplazo de los combustibles fósiles por alternativos como biodiésel, etanol, gas natural comprimido (GNC) y licuado (GNL) y, claro está, la electrificación.
Por lo pronto, en nuestro país la rueda ha comenzado a girar. En Mendoza, el transporte Andreu dispone de seis camiones a GNL provistos por Scania con la colaboración de Galileo, que tiene allí un centro de licuefacción de gas para abastecer una planta que genera electricidad y para las unidades de prueba (a las que le falta aún la autorización del gobierno). Además, la línea 132 probará en CABA, desde enero, colectivos a GNC. La tecnología existe; las generaciones futuras nos agradecerán que le dejemos un transporte más sustentable.






