
La marca de reconocimiento mundial irrumpió en la primera década del siglo XX
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La exquisitez del arte italiano ha sido una constante en la historia de la humanidad.
Esto se refleja en los bocetos de Leonardo hasta la concreción de cualquiera de sus obras, y también en el esmero y la excelencia de un vehículo de la firma del dragón rampante.
El 24 de junio de 1910 nació en Milán, Italia, Alfa. Ese año, algunos empresarios y hombres de negocios fundaron la Anónima Lombarda Fabbrica Automobili (ALFA).
La época histórica se presentaba auspiciosa y en un eufórico clima económico y social, el reto de la empresa fue exitoso desde el principio.
El primer automóvil, el 24 HP, se hizo respetar por su mecánica, prestaciones y por el placer de su conducción, características que con el tiempo pasaron a ser sinónimo de la marca. Su precio era de 12 mil liras, aproximadamente 70 millones de liras actuales, unos 33.700 dólares.
Luego de un año, Alfa Romeo, con el 24 HP, tuvo su debut deportivo y, estando a punto de ganar la Targa Florio, tuvo que retirarse por un percance tribial: el piloto de carreras fue salpicado por barro.
En 1912, Alfa Romeo puso a la venta el 15-20 HP y en 1913, el 40-60 HP con un motor de seis litros y 70 caballos de potencia.
Al año siguiente Giuseppe Merosi fabricó el primer Grand Prix Alfa, con el que Giuseppe Campari corrió a toda velocidad (más de 147 kilómetros por hora).
El estallido de la Primera Guerra Mundial y los limitados recursos financieros complicaron la situación de la empresa, que el 2 de diciembre de 1915 pasó a estar bajo el control del ingeniero Nicola Romeo.
La fábrica de Portello, donde trabajaban 2500 personas, se amplió para adaptarse a las exigencias militares y así fabricar motocompresores, municiones, motores para aviones y, a partir de 1917, también medios ferroviarios.
Cuando volvió la paz a Europa, la empresa impuso una nueva reconversión, ya que se intentó buscar salidas fabricando tractores y material ferroviario.
El ingeniero Romeo adquirió empresas en Saronno, Roma y Nápoles, sin por eso olvidar el automóvil.
En 1920 nació el Torpedo 20-30 HP, el primer automóvil con la nueva razón social: Alfa Romeo.
El piloto Ferrari
Fue Enzo Ferrrari el que condujo uno de estos ejemplares, a los 22 años, ocupando la segunda posición en la Targa Florio.
Luego, en 1923 y 1924, llegaron los triunfos en el Circuito del Savio y, también en ese último año, en la Copa Acerbo, en la que se impuso con un RL Targa Florio.
Siguieron dos años en los que Ferrari espació su actividad deportiva absorbido por el trabajo de agente exclusivo de ventas para los automóviles de Alfa Romeo, en la región de la Emilia Romagna.
Sin cambiar de rumbo, Ferrari comenzó con una experiencia nueva: el 1º de diciembre de 1929, fundó la Scuderia Ferrari SA, que durante diez años funcionó, en la práctica, como departamento de carreras de la Alfa Romeo.
De hecho, la empresa proporcionaba los coches y la asistencia técnica así como, en los momentos de actividades más intensas, diseñadores de primera clase como Gioacchino Colombo.
En 1838, Alfa Romeo volvió a ocuparse de la actividad deportiva creando Alfa Corse, departamento de carreras que absorbió a la Scuderia Ferrari.
Sin embargo, las relaciones con Ferrari no se interrumpieron por este hecho, que pasó a ser consejero del nuevo organismo. Su trabajo consistía en inspeccionar y poner a punto los nuevos coches de competición.
La clave que tanto Alfa Romeo como el Drake Ferrari supieron compartir fue la de saber aunar esfuerzos con el único fin de llevar adelante sus más íntimas pasiones: los automóviles.
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